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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Fotografiar para volar

El Milenio entrevistó a Guillermo Galliano, fotógrafo de aves, viajero incombustible, vecino de Unquillo  y una de las principales voces de la ornitología en nuestra provincia. 


Por Mirco Sartore | mircosartore@elmilenio.info

Fotos: Guillermo Galliano


Naturalista, fotógrafo de oficio, viajero infatigable, licenciado en Turismo por profesión, vecino de Unquillo, comunicador social en Radio Universidad y, sobre todas las cosas, amante de las aves y la ornitología, Guillermo Galliano (Córdoba, 1974) es una de las principales voces sobre aves en nuestra provincia. Ha recorrido más de 36 países, vivió con los nómades en el Desierto de Gobi, cruzó toda Siberia, fotografió a las Aves del Paraíso y a los Dragones de Kómodo en Nueva Guinea y visitó todos los países de Latinoamérica en tres meses. Autor de varios libros y afirma: “Mi emoción no está con los dragones de Komodo o las Aves del Paraíso, sino acá, con las aves de Córdoba. Quiero educar con ellas”

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Una infancia entre nidos

“Nací con el chip de las aves ya puesto. Ya a los cinco años  llegaba a mi casa con pollitos, gansos, conejos y cualquier otro tipo de animal. Toda mi familia sabía de mi pasión por los animales. Además, me crié en un ambiente natural bastante salvaje en aquel entonces: todo lo que era la zona trasera del Estadio Kempes. En Villa Belgrano había muchos baldíos, muchas barrancas y pocas canchas de fútbol. Entonces, yo aprendí a jugar al fútbol recién a los quince años (risas). Vi y conocí a las aves primero. Me críe con las aves, los nidos, viendo como las primeras construían los segundos…Subía a los árboles para ver cómo eran los nidos por dentro. Donde había un nido, allí estaba yo.”, relata Galliano sobre su infancia.

Así creció y el asunto cada vez se puso más serio, viraba cada vez más a lo profesional. Después, de niño, siempre tuvo contacto con la naturaleza. No solamente se crió en Villa Belgrano, sino que fue parte de un grupo scout del cura Mariani, con el cual siempre salía a las sierras. Una vez por mes venía a Los Quebrachitos, a Pampa de Achala, al Durazno de Calamuchita. En verano, los alumnos de Mariani pasaban quince días en uno de estos lugares. “Imagínate-dice Galliano- cuando un niño de doce años  pasa quince días dentro de la naturaleza le cambia la cabeza. Después, volvía a mi casa y seguía empapado de este ambiente natural. Y siempre estaba relacionado con las aves. Siempre miraba, observaba. Nunca con otro tipo de animal. Me gustan todos los animales, pero con las aves tengo una relación particular.”

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El nacimiento de un viajante

Sobre el inicio de sus viajes por Argentina y el mundo, Galliano cuenta: “Después, vino mi adolescencia,  empecé a salir a bailar, a ponerme de novio, me surgieron otros intereses, pero siempre mantuve mi amor por las aves. Sin embargo, paralelamente a esta pasión por las aves, empecé a viajar. A los trece años me fui a dedo a La Granja. Para un niño de esa edad irse a dedo tan lejos es una cosa muy fuerte. Mi mamá me apoyó  y me dejó hacer este tipo de cosas. A los dieciséis me fui a la costa argentina con otro amigo. Un año más tarde, viajé a Brasil a dedo. También  a los diecisiete me fui a Bolivia, Salta y Jujuy. Así arrancaron mis viajes.  En la secundaria ni siquiera me ponían faltas en el colegio porque yo pedía permiso para irme de viaje: como yo venía y compartía esas vivencias con mis compañeros de clases, los directores estaban fascinados. Era como si me hubiese ido de intercambio varias veces.”

“La lista de viajes es larga-continúa- pero, para resumirla, a los veintitrés años ya conocía todas las provincias argentinas. Siempre vinculados estos viajes a las aves y los parques nacionales. También me interesaba la parte  ambiental, el paisaje y la cultura de cada lugar que visitaba. “

Después empezó a trabajar, a hacer changas, hacía cualquier tipo de cosa para poder juntar un poco de plata y viajar, todo sin ser fotógrafo todavía. A los veintitrés hizo su primer viaje a África, a los veinticuatro visitó por primera vez Asia: estuvo en Jordania, Israel, Líbano, entre otros países. Ya son 36 naciones las que conoce a la fecha. Estuvo en la Antártida, además, por un observamiento ornitológico.

“Nueva Guinea es el país que más me impresionó. Tiene más de cien dialectos entre todas las tribus locales. Hay caníbales todavía. Hay gente que todavía no ha visto la civilización. Y están las Aves del Paraíso: son 39 especies de aves llamadas así. Pude sacar fotos de dos de estas y de los dragones de Komodo”, comenta el fotógrafo.

Estuvo en Mongolia, en el Desierto de Gobi, el más grande del mundo, compartido por la patria de Genghis Khan, China y varios países más. Allí vivió con los nómades. Se metió a las yurkas, que son las carpas de los mongoles. Estuvo dos meses en total con ellos, ordeñaba los camellos, estaba cerca de los lobos…También estuvo en Rusia y recorrió en tren toda Siberia.

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Epifanía en el sur

Sobre cómo pasó de la ornitología a la fotografía profesional, Galliano explica: “Mi pasión por la fotografía surge en uno de mis viajes a Ushuaia. Allí subimos con mis compañeros un cerro que era pura nieve y piedra .Allí había una cueva pequeña en donde me metí de panza.  El techo de la cueva era todo líquenes y musgos colores verde agua, flúor, amarillo. En ese momento digo que no puedo explicar con palabras lo que veo y me cae la ficha de que debo ser fotógrafo para transmitir a la gente lo que veía y exploraba. En ese mismo viaje me compro una cámara y, cuando volvimos por Chile, empecé a sacar fotografías. Todas con esa máquina humilde, sin teleobjetivo todavía. Después me compré máquinas cada vez más grandes y hoy tengo un teleobjetivo para hacer fotos de aves, después de una vida de trabajo y sacrificio. Yo soy fotógrafo porque es el medio que me permite acercarme más a las aves.”

Aves de Córdoba

Hoy Galliano tiene una prioridad por las aves nacionales y provinciales y no tanto con aves de otros lugares del planeta. Usa a las aves como banderas para hablar de todo el ecosistema cordobés. “Esta educación la quiero hacer en Córdoba y en Argentina-dice Galliano-Por eso, si le muestro a alguien un ave de Canadá, por ejemplo, no sé cuánto le puede llegar a impactar, a cambiar la cabeza. Como servicio, me parece más productivo que los niños aprendan  sobre el ecosistema autóctono de nuestra provincia. Por eso estoy tan avocado a las aves de Córdoba. Tengo 42 años y todavía trabajo con las aves de nuestra provincia. Quiero que mis libros sean de aves de Córdoba; no me interesa sacar un libro de las aves de la Patagonia o de otra región del país que no sea la cordobesa. No siento que le devuelva a la sociedad lo que me dio. Mi emoción no está con los dragones de Komodo o las Aves del Paraíso, sino acá, con las aves de Córdoba. Quiero educar con ellas. Por eso mi segundo libro también será sobre aves locales. Y el tercero. Y el cuarto. Y el quinto…”

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En busca de la garza azul

Le pregunto a Galliano sobre la foto que más orgullo le da y no tarda en contestarme: “En julio del año pasado pude hacer uno de los únicos registros del país de una garza azul. Es un ave muy difícil de ver en nuestro país y sólo había registros orales de ella. Cuando vino a Miramar, pude por fin sacarle una foto. Fue una emoción poder hacerla, porque, aparte (y esto no lo conté en la entrevista que tuve con Rony Vargas)  estaba contra reloj. A las diez de la mañana del día que tomé la fotografía tenía que estar a 120 km de ese lugar en Miramar para inaugurar la feria del libro de Santa Rosa de Río Primero. Así que tuve, desde que amaneció a las ocho, hasta las nueve, una hora encontrar a la garza azul y fotografiarla. Y llegó y se paró en frente mío. Si yo me iba derecho a sacar la foto, como hago con otras aves, volaba y se iba a la laguna para no verla nunca más. Cerca había un terraplén, con una alcantarilla grande. Allí me baje, me metí por la alcantarilla, crucé el terraplén por adentro del túnel y le aparecí a la garza de frente pero desde el túnel y así no me pudo ver. La tenía a unos veinte metros y pude sacar la foto.”

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Perseverancia, pasión, paciencia

El Milenio: ¿Qué consejo le darías a un joven fotógrafo que quiera empezar a trabajar con aves?

Galliano: La fotografía de aves es diferente a las demás. Las aves son muy esquivas y es por eso que mucha gente no quiere ni siquiera empezar con este tipo de fotografía. Es difícil, pero hay tres palabras que son fundamentales: perseverancia, pasión y paciencia. Eso es lo que te lleva a ser fotógrafo de aves. Si te falta una, estás jugado. Hay que tener mucha paciencia para esto, o, por ahí, ser muy intrépido para acelerar los tiempos. La clave está en esas tres palabras.

El Milenio: ¿Y algo que no haya que hacer como fotógrafo de aves?

Galliano: La advertencia que hago es no abusar con los nidos, entre otras cosas. Hay que hacer un registro de ellos, pero no abusar, no manosear, no tocar a los pichones,  no acercarse demasiado. Hay que ser prudente, distante. Por ejemplo, no hay que molestar las colonias de aves. He visto a fotógrafos hacer desastres, pisotear lugares que pertenecen a las aves, espantar a los flamencos para que vuelen y así hacer una mejor foto cuando se alimentaban. Hay muchas cosas en las cuales hay que tener cuidado y precauciones. Básicamente, no hay que perturbar el ambiente de las aves: ser parte de él sin perturbar y pasar desapercibido.

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One thought on “Fotografiar para volar

  1. gracias Galliano!!! por percibir registrar compartir
    este pajarerío luminoso vital y latiente
    de nuestros ramajes cielos y aguas

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