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De Frías a Unquillo, la poesía hecha melodía

Raly Barrionuevo brindó una entrevista exclusiva a @elmileniook y habló sin reservas sobre su infancia, gustos, elecciones y sobre los grandes sueños de la vida. Un músico ejemplar, no sólo por su conmovedora creatividad y su sensibilidad, sino también como persona.


Por Amira López Giménez | amiralopez@elmilenio.info

Colaboradores: Ciro Arufe, Agostina Alecci y Juana Merino. 4°B IMVA.

Fotografías: Eduardo Parrau – Vídeos: Franco Bonvino 

Su infancia estuvo atravesada por la música y los calores de Santiago del Estero. Los tradicionales acordes de la chacarera siempre estuvieron presentes a lo largo de su vida, invadiendo su guitarra y sus sueños. Fueron esos clásicos del folclore, que, desde joven, supo interpretar y transmitir y los que años más tarde firmaron su destino. Muchos lo caracterizaron como “comunicador de injusticias”, como “folclorista que escucha rock” o “como el defensor de las canciones de protesta”, ligado a los movimientos campesinos de su provincia y a toda causa que considerase noble. Una persona dulce y sencilla, conmovedora con sus zambas y admirada por muchos. Raly Barrionuevo sigue haciendo carrera desde su lugar en el mundo, la fuente inspiradora de muchos artistas: Unquillo.

Raúl Eduardo Barrionuevo, más conocido como “Raly Barrionuevo”, nació un 14 de agosto de 1972, en la pequeña ciudad de Frías, en la provincia santiagueña. Nunca supo distinguir en qué momento preciso de su vida nació el amor por la música, tal vez ya lo llevaba en la sangre, pues su padre, que apenas conoció, también era músico. Desde niño, con una guitarra de juguete surcó las horas de su infancia junto a su hermano y su madre. Llegada la adolescencia, el amor propio de la edad lo llevó a componer sus primeras canciones y a subirse a las tablas de algún escenario con públicos que poco conocían sobre las vueltas de la vida.

A los 18 años pisó las tierras mediterráneas de Córdoba, para estudiar música en la Universidad, sin saber que ese momento marcaría gran parte de su carrera. Así fue como, en la década del 90, superó cualquier frontera estimada, transmitió sensibilidad y compromiso y sin desearlo aún, saltó a la fama y el país entero se hizo eco de su nombre.

Sólo fue cuestión de tiempo para que los estudiantes se sintieran identificados con su mensaje y abandonaran la rutina por una dosis de folclore. De a poco, comenzaron a abarrotarse a las puertas del comedor universitario y cualquier otro lugar donde se presentara, las pequeñas peñas comenzaron a ser multitudinarias.

Ese tiempo sin aulas y de planes postergados, lo convirtieron en uno de los principales referentes del movimiento folclórico universitario, una cuestión casi mítica y paradójica a la vez, porque nunca fue a la universidad, pues como él mismo sostiene “me echaron y fue muy triste (…) tenía un sueño y me encontré con una pared”.

De todos modos, la vida tenía mejores planes para este creador de arte, su carrera y sus sueños fueron avalados por grandes artistas del folclore como el Peteco Carabajal, León Gieco, el Dúo Coplanacu y el Pica Juárez. Es un grande que aún crece y a pesar que él mismo sostiene que lo quieren “pero no tanto”, se ha ganado con su cariño, dulzura y compromiso, el amor y el respeto de muchos. Y todavía tiene mucho más para dar.

→“Creo que he crecido naturalmente, con lluvia, con sequía, con todas las inclemencias del tiempo, por lo tanto, esta planta va a ser más fuerte cuando crezca. Las cuestiones artísticas tienen que ver con la naturaleza”.

El Milenio: ¿En qué momento de tu vida decidiste ser músico?

Raly Barrionuevo: La verdad no tengo una fecha, ni siquiera un año, me salió siempre desde que tengo memoria o uso de razón, siempre me gustó la música, en mi casa se escuchaba bastante, aunque no había tantos discos. Desde los juguetes de mi infancia el más preciado, el que más me gustaba, era el tocadiscos. Ahora tienen música digital, pero cuando era chico había que reproducir los vinilos, y yo tenía una atracción muy fuerte por escuchar música, y en mi casa había de todo un poco, principalmente folclore. Me gustaba.

También tuve una guitarrita de juguete cuando era chiquito, pero cuando tenía seis, siete años, los reyes magos me trajeron la primera guitarra de verdad, comprada en un negocio. Vamos a decir que ese sería como el inicio en el que comencé a tocar. Mucho después, en la adolescencia, cuando me comenzaba a enamorar de algunas chicas, escribía, igual era tan tímido que nunca me arrimaba a nadie, pero sí armaba toda una cuestión platónica y comencé a escribir canciones, era mi forma de expresarme.

EM: Muchos consideran que tu éxito viene del movimiento folklórico universitario de los años ´90 ¿Qué pensás al respecto?

RB: Escuché eso, pero es raro, porque a mí la universidad me expulsó, pero sí fue importante porque comencé a tocar en las peñas universitarias. Cuando llegué a Córdoba, vine con mi sueño de estudiar música, fui con toda la emoción a la escuela de arte, en la ciudad universitaria. Me preguntaron: ¿Usted sabe leer y escribir música? No, justamente iba para que me enseñaran. Había que saber porque son carreras de perfeccionamiento y ahí se me vino el mundo abajo, no sabía qué hacer y me quería volver a Frías, venía con la expectativa de estudiar música, mi sueño y me encontré con una pared. Me echaron a patadas, no literalmente, pero si estuve muy triste y al final me quedé, mi mamá me decía que me quede, que busque hacer otras cosas y comencé a rebuscármelas como podía, haciendo música de otras formas.

Básicamente sabía cosas, los ritmos del folklore que aprendí en mi casa, pero quería aprender más y fui conociendo a otros músicos. Siempre escucho eso del movimiento folklórico y no está bien, sí toqué mucho en ámbitos de la universidad, sobre todo en las peñas universitarias, pero lo paradójico es que la universidad no me dejó entrar como alumno, y a la vez siento que aporté mucho a las peñas, a todas las movidas universitarias, desde afuera, a un espacio que me echó.

EM: ¿Entonces fue una plataforma para tu futuro éxito?

RB: Sí, puede ser, depende de lo que uno considere como éxito. El éxito para mi es hacer lo que uno más o menos sueña y poder concretarlo sabiendo que hay mucho sacrificio y cosas duras que atravesar, a todos los músicos jóvenes les digo eso. También todos los realitys shows, y esas cuestiones han confundido más que aportado, de repente muchos chicos piensan que se pueden hacer famosos y conocidos rápidamente, y no es sano, hay que atravesar cosas duras, pasarla mal, pasar hambre, frío, que la gente no vaya a verte, ir a tocar a un lugar y que toque un músico conocido antes y cuando subas se vaya todo el mundo, o sea, situaciones dolorosas e incómodas.

Después cuando viene el reconocimiento uno lo toma de manera natural, no es que se vuelve loco porque es conocido y la gente pide autógrafos, no pasa por ahí la cuestión. Cuando se atraviesa todo eso que es necesario, lo demás es distinto. No hubiera querido nunca estar en un reality show y hacerme famoso en un año, creo que me hubiera vuelto loco. Eso no es sano, ni natural, es como ponerle a una planta un transgénico para que crezca de un día para el otro, y no evolucione con la naturaleza, como tiene que evolucionar. Es lo mismo, son como artistas transgénicos, básicamente, eso en algún momento se echa a perder. Creo que he crecido naturalmente, con lluvia, con sequía, con todas las inclemencias del tiempo, por lo tanto, esta planta va a ser más fuerte cuando crezca. Las cuestiones artísticas tienen que ver con la naturaleza.

EM: Siempre nombrás a la organización conocida como Universidad Trashumante y las famosas peñas ¿En qué consiste esa organización?

RB: Trashumante quiere decir “tras el humus”. Humus es la tierra fértil, y tras de los humus significa a través de la tierra fértil. Esto está aplicado en la organización, que es de educación popular, implica educar con las cosas que tenemos a mano, no discrimina en clases sociales ni nada de eso. Participo en la universidad trashumante hace más de veinte años y las peñas las hacemos para financiar nuestras actividades ya que trabajamos en barrios muy humildes, en villas, haciendo talleres y escuelas, donde participa gente de distintos lugares sin discriminar a nadie. Son talleres de formación, de educadores y de formación política, sin tener partidos políticos de por medio.

EM: Sabemos que formaste parte de un Simposio Internacional de Sueños Cumplidos ¿Sentís que ya lograste todos tus sueños o que te falta camino por recorrer?

RB: Eso fue en Venezuela, hay una parte de mí que siente que yo ya cumplí, y de acá en más puedo seguir haciendo otras cosas. No es que me quiera jubilar, todavía soy joven y siento que tengo muchas cosas para dar, pero hay algo que siento que concluí, no con sueños míos. Siento que algún aporte hice, pero ahora estoy en otro plano, de pasarla bien y disfrutar. Me gustaría seguir con otros discos, buenas canciones, pero tampoco busco forzar mi trabajo, soy un artista independiente y no tengo ninguna presión de nadie. Quiero seguir haciendo buenas cosas o mejores aún, pero hay algo donde siento que ya cumplí, no sé qué, pero tengo esa sensación.


Unquillo, un pueblo elegido

→“Para los que hacemos música está bueno poder sacar nuestra propia canción, si lo hago yo, que soy un tipo normal, lo puede hacer cualquiera. Las creaciones son la verdadera huella que dejamos en nuestro paso por el mundo y lo que creo que tengo que dejar son canciones. Ese es mi aporte”.

Prácticamente, nadie puede negar que la ciudad de Unquillo es como un pequeño corazón de las serranías para los artistas, una fuente inspiradora para algunos y para otros, un lugar de descanso. El arte se siente en las calles, pero se vive puertas adentro de cada hogar. Unquillo tiene ese “qué sé yo”, una cosa que reconforta, y Raly no es una excepción.

León Gieco fue una de las figuras que más insistió para que el querido músico arme sus valijas y se instale en Buenos Aires, meca del arte. Sin embargo, Raly es de aquellas personas que se resisten al cemento, a los grandes edificios, a las calles atestadas de autos y de constantes bocinas, y a ese ruido infinito. Todo ese contexto está muy lejos de los muros verdes y las mañanas silenciosas junto a la mascota y según dijo: “Nunca me acostumbré a las grandes ciudades, de hecho, no me gusta ir a Córdoba, me gusta para salir a la noche, ir a ver algún concierto, pero vivir: no, me mato”.

¿Por qué elegiste Unquillo? “Básicamente porque es uno de los mejores lugares del mundo. Me gusta mucho, estoy desde hace 15 años y aquí he recuperado algo que tenía cuando era chico en Frías, mi ciudad natal, eso de estar en un lugar donde todo se resuelve de manera sencilla, de tener casas de gente amiga donde se entra sin golpear, donde prácticamente hay una relación familiar con los vecinos. Después que murió mi mamá no volví más a mi pueblo, acá estoy tranquilo, me siento contenido, siento que estoy en casa, estoy contento. Gente muy querida viven acá, como mi hermano, mis sobrinos, y gente que también son familia de corazón. Me gusta mucho Unquillo y lo considero mi casa, fue todo un proceso desde el principio y todavía iba mucho a Frías, pero hoy tiré el ancla acá y me volví Unquillo Independiente”, sostuvo el folclorista en diálogo con @elmileniok.

Algo que puede ser considerado una virtud unquillense es la sencillez, ya que una de las principales motivaciones para que tire el ancla en la ciudad, fueron las juntadas en los espacios públicos. “En el pueblo me soportan, y aparte hacemos muchas cosas como cantar en las plazas lo que fue muy importante para echar raíces. Al principio, a pesar de que vivía acá, necesitaba involucrarme de otra forma y con el Fumel (Suárez Azar) comenzamos a tocar. Yo venía de una gira de verano muy cansado, pero más vinculado con los escenarios y quería hacer música de una manera más sencilla. La idea era agarrar la guitarra y cantar, así nos fuimos a la plaza Alem, empezamos y se armó una mateada, estuvo hermoso. A partir de ahí decidimos seguir haciendo las juntadas. Con el tiempo fuimos a la plaza Belgrano, pero después escuché cosas que vinculaban el encuentro con algo político. Eso me molesta mucho, porque es una movida de vecinos y vecinas, nos hace bien juntarnos a cantar y siempre hemos aclarado que sólo ocupamos un espacio junto a la feria. Es una movida hermosa donde todo el mundo se encuentra”, determinó Raly.

Incluso, a veces, Unquillo mismo puede ser una anécdota. Los encuentros en Plaza Herbera son casi un clásico para los vecinos, es muy común encontrarse al Raly, en su bicicleta, en cualquier lugar de la ciudad, pero más común es verlo en la plaza haciendo música. “Por ahí la gente que venía de otros lugares me pedía autógrafos y no daba, porque estoy en otro plano, me gusta estar ahí de mate en mate y compartir el lugar como vecino. La verdad que esta movida me hizo tirar más el ancla en el pueblo, antes no tocaba oficialmente en Unquillo con mi banda y me gusta más tocar de esta manera, en mi pueblo, antes que venir como artista y subirme al escenario, eso lo hago más en Río Ceballos o Villa Allende. Acá en Unquillo me dan ganas de cantar con los vecinos en la plaza, en los patios de las casas o en las galerías de guitarreada, acá no soy músico profesional, me gusta ser Raly y nada más. En Unquillo descanso de toda esa cuestión artística”, finalizó el músico adoptado por la ciudad.


Un principio sin final

Su carrera como solista, muchas veces acompañado, es de larga data. El “Raly” lleva 12 discos publicados, algunos cuentan con invitados especiales, otros son el fruto de un recorrido por el mundo y también están aquellos trabajos, productos de un recorrido personal. Aquí algunas de las fechas más importantes:

1995: Sale a la luz el primer disco de Raly Barrionuevo titulado “Principio del Final” que contó con la participación especial de Peteco Carabajal, Víctor Heredia y el Dúo Coplanacu.

1999: Nace el segundo disco “Circo Criollo” y una gira a nivel nacional junto a su padre musical León Gieco.

2001: El Festival de Viña del Mar reconoce a Raly Barrionuevo con la Gaviota de Plata a la mejor canción.

2003: Surge una de las obras más viralizadas del folclore al estilo Barrionuevo: “La Juntada”.

2004: “Ey paisano” sale a la venta, un disco que representa al máximo su compromiso social.

2015: Raly Barrionuevo recibe el premio Konex y compone el disco “Sueño de los viajeros”.

2016: De una amistad muy intensa con Lisandro Aristimuño (compañero de mochilas y de discos) y surge el single “La niña de los Andamios”, en honor a su madre.


La música, infinita virtud

→“Cuando conocí a León me sentí muy identificado y se convirtió en un “padre sustituto” porque era una imagen que a mí me faltaba, la de mi padre, y León se transformó un poco en eso”.

Para los grandes oyentes de la música, un folklorista que escucha rock y otros géneros es realmente sorprendente, sin embargo, para Raly Barrionuevo es una condición “sine qua non” escuchar todos los estilos musicales. En síntesis, es amar la música sin excusas.

Este particular vecino sostiene que le gustan las melodías de Silvio Rodríguez, Juan Manuel Serrat (con quién supo compartir escenario) o Rubén Blades, entre otros grandes músicos, y luego, para sorpresa de todos nombra bandas como Radiohead, Kings of Lion, Las Pelotas (colaboró en uno de sus discos) o The Cure. Son sólo algunas de las bandas que pudo recordar en el momento, sin embargo, Raly es de aquellos músicos que sostienen que el mejor regalo para el mundo es una canción.

EM: ¿Por qué elegiste como tu género el folklore?

RB: En realidad nunca elegí el folclore. No, porque nací y crecí en un espacio que era esa música. Es como las personas que nacen en Menphis, Estados Unidos, por ejemplo, es muy probable que toquen blues o música góspel, o un tipo que nace en África, termina haciendo estilos africanos. Crecí en un ámbito en donde el folclore era cosa de todos los días, no sabía que existía el Rock, después lo descubrí. Mi música siempre ha sido la chacarera, la zamba, los ritmos folklóricos, y al principio no tenía idea de otra cosa. Eso fue como un cimiento para mí. Respondiendo a la pregunta, nunca elegí el folclore, ya nací así, con esa aplicación.

EM: ¿Qué percibís como tu mejor aporte?

RB: Canciones. Lo que siempre le digo a los chicos que están comenzando a tocar: es lo que necesita el mundo, canciones. Necesitamos canciones donde cada uno busque su melodía, más allá de que está bueno interpretar otras obras, cosa que también hago y me encanta. Y si hay algo que está bueno descubrir, no sólo en la música, sino en cualquier actividad de la vida, es descubrir quién es uno mismo. A nosotros nos crían y luego nos tiran un montón de cosas arriba como religiones, mandatos familiares, sociales: cosas que nos van llevando por un camino y el desafío es descubrir qué es lo que uno tiene para decir, cuál es la esencia. Para los que hacemos música está bueno poder sacar nuestra propia canción, si lo hago yo que soy un tipo normal, lo puede hacer cualquiera. Las creaciones son la verdadera huella que dejamos en nuestro paso por el mundo y lo que creo que tengo que dejar son canciones. Ese es mi aporte.

EM: ¿Qué buscás comunicar?

RB: Buena pregunta, todavía no lo sé. Busco comunicar mi verdad, lo que veo, tratando de ser honesto conmigo mismo, y eso, básicamente, es decir la verdad, aunque uno tenga muchas influencias. Pero, ¿quién es uno de verdad? eso se va descubriendo con el tiempo. Cuando era adolescente era muy curioso y lo sigo siendo, y no me gustaría perder eso. De a poco uno comienza a hacer canciones y se pregunta qué quiero comunicar. En realidad, uno conscientemente no lo sabe, muchas veces escribo canciones y creo que quise decir una cosa pero que con el tiempo me doy cuenta que quería comunicar otra. Del inconsciente aparecen las cosas y no me doy cuenta y después le hago una interpretación como si lo hubiera escrito otro. Está bueno eso de jugar con el inconsciente. En síntesis, lo que quiero comunicar es mi verdad, lo que veo, habrá gente que le podrá gustar, gente que no, gente que puede decir “esto me identifica”, y otros lo rechazarán y está bien que así sea, lo único que no está bien es la violencia.

EM: ¿Sentís que el músico tiene alguna responsabilidad social?

RB: Sí claro, todos tenemos una responsabilidad, hay toda una cuestión de principios. Muchas veces es medio injusto para el artista o personaje público. Nos pasa a todos con los artistas que admiramos, uno espera, por ejemplo, que, vista de una forma, por decir algo sumamente superficial, y de repente aparece con otro look y “me decepcionó” dicen. Somos muy injustos cuando decimos que nos gusta un artista o cierta música, por lo tanto, queremos que sea de una forma y que no se salga de ese rol porque si lo hace: decepciona. Somos muy rigurosos con la gente que admiramos, pero olvidamos que son personas, son humanos.

EM: Desde tus comienzos en la música hasta ahora ¿cambió tu concepto sobre ella?

RB: No, me parece que la música es muy generosa y es un universo que no acaba nunca. Creo que nuestros propios moldes mentales nos impiden ver otras cosas. Y está bueno escuchar música de todo el mundo, más allá de lo que uno heredó y de lo que tiene de base. Yo fui descubriendo muchas músicas y eso estuvo buenísimo, porque me hizo admirarla aún más y siento que estoy en un ámbito de mucha libertad, donde puedo crear ilimitadamente, porque son interminables las posibilidades que brinda. Es una maravilla la música en general, como es una maravilla el arte, pero la música es interminable.

EM: En otras entrevistas sostuviste que León Gieco fue como un padre para vos, pero, dijiste que te costó llamarle la atención ¿Cómo fueron esos primeros pasos para vos?

RB: Si, no me daba mucha bola al principio. León también tenía mucha gente. Resulta que tenía un amigo que trabajaba con él y me llevó un par de veces hasta que un día me invitaron a subir al escenario a cantar y le gustó. Después me llevó a tocar a muchos lugares, anduve por todo el país con él y aprendí mucho. Sí, sin duda fue como un padre, porque yo también había andado con otros músicos de mi provincia como los Carabajal, pero cuando conocí a León me sentí muy identificado y se convirtió en un “padre sustituto” porque era una imagen que a mí me faltaba, la de mi padre, y León se transformó un poco en eso.

EM: ¿Qué significa para vos colaborar con otros artistas?

RB: Es muy lindo lo que se genera con otros artistas, porque es muy divertido, sobre todo si ese artista te gusta y además lo admirás. Hacer música juntos es hermoso, sobre todo si hay química, en una juntada puede no fluir el arte y eso es la química. Me pasó con Lisandro Aristimuño, con él tenemos el dúo “Hermano Hormiga”, y la verdad que la pasamos muy bien, tocando y haciendo música juntos, en el escenario y abajo del escenario. De hecho, no tocamos en ciudades grandes, hemos comenzado la gira en Unquillo, en el cine (fue la primera vez que toqué como artista en la ciudad), y luego terminamos en el pueblito donde él creció, allá en Río Negro.

EM: ¿Se conoce a “La niña de los andamios” como tu disco más personal? ¿en esta producción hay influencias emocionales o personales?

RB: Si, la niña de los andamios es mi mamá y la rebauticé así. Hace cinco años que ella murió y fue muy laburante, era docente. Le tocaron momentos muy difíciles, con dos niños sola.

El andamio se encuentra en las construcciones o en las obras de arte, para mi simboliza dedicación, laburo, riesgo, equilibrio y a ella siempre la vi como a una niña que se fue en el momento en que se quería ir y hay que saber entender eso. La niña de los Andamios fue un homenaje a ella, por eso es muy personal. Pero, todos los discos tienen algo de personal, siempre uno escribe cosas que le tocan vivir y que de repente se plasman en un papel. Lo que pasó con este disco es que me abrí un poco más, porque una de las canciones, “Mi esfera de Cristal”, habla sobre la ausencia de mi papá. Este tema cierra un disco donde abrí muchas cosas que no había abierto todavía y necesitaba hacerlo, sobre todo para sanar heridas viejas. El disco es la culminación de un proceso personal y ahora vendrá otra etapa.


“Y yo me llamo Jhon Lennon”

→Raly Barrionuevo: “Lo que necesita el mundo, lo que todos necesitamos, son canciones”.

Este unquillense por elección y adopción, tiene varias giras en el extranjero y otras visitas por Latinoamérica. Asimismo, una de las metas del “Raly”  es llevar y compartir el folclore nacional en distintos lugares del mundo: genera conmoción en Alemania y en Bolivia cantan sus canciones en cualquier rinconcito de las coloridas ciudades. Al finalizar abril, comenzará otra gira por el continente europeo, pero por el momento compartió con El Milenio algunas de sus anécdotas.

“La primera vez que hice gira por Europa comencé por una ciudad del interior de Austria, después fui a Alemania y fue muy raro porque había un par de argentinos que iban porque estaba con un grupo español, Amparo Sánchez y su banda. Lo extraño, era que muchas veces tocaba algunas canciones y los alemanes se largaban a llorar, no entendían nada de lo que estaba cantando, es como cuando nos emocionamos porque alguien canta, aunque no entendamos el idioma. Algo así era lo que pasaba”, contó Raly y agregó: “En Europa he vivido muchas cosas lindas y ahora voy de nuevo a España. Hubo un año que no fui y lo extrañé, porque estaba acostumbrado a ir todos los años. El país que más recorrí fue Alemania, en parte es como tocar acá, al principio me resultaba muy raro, más allá de que había argentinos y latinoamericanos. Pero hemos recorrido rutas, parando en muchos lugares muy diferentes entre sí, distintos paisajes y gente”.

Cuando la canción es de todos: “Muchas cosas me pasaron y me siguen pasando. En una ocasión, estando en Bolivia terminé en una plaza donde había una mesa larga y gente cantando. Alguien cantó una zamba mía, y la presentó como una “zamba argentina”, que se cantaba mucho ahí (“Zamba y Acuarela”). Estábamos con un amigo y nos miramos, para mí era obvio que la cantó porque yo estaba ahí, y después caímos en la cuenta que el tipo no tenía idea de quién era yo, ni que era el autor de esa zamba. Dije ¡buenísimo!, es lo que tiene que pasar con una canción. Después le dije que yo era el Raly y nunca lo creyó. Me decía, “Si, y yo me llamó John Lennon”. Eso está bueno, porque la canción comienza a tener vida propia. Esa es una buena anécdota”, sostuvo Raly.


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