Patrimonio invalorable

El pasado viernes 24 de julio se realizó la última “Visita guiada desde una mirada histórica”, una propuesta de la Dirección de Turismo que invita a recorrer la historia y la belleza de las casonas más antiguas de Río Ceballos. La actividad es completamente gratuita y volvería a repetirse durante los fines de semana largos. En esta nota, algunos puntos del recorrido.  

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Por Lucía Argüello

Sin lugar a dudas, Río Ceballos es una ciudad de gran belleza, pero no sólo por su entorno natural privilegiado que ha atraído a los turistas durante más de cien años; sino justamente por las huellas que este turismo ha dejado a su paso. Hoy el paisaje verde y montañoso de la ciudad se encuentra salpicado de antiguas y orgullosas construcciones, desde grandes hoteles hasta pequeños pero hermosos chalets que, aunque hayan caído en el abandono o hayan perdido su función original, siguen conservando el claro brillo de su antiguo esplendor.

Y estas obras son precisamente el objeto principal del recorrido guiado que la Dirección de Turismo de Río Ceballos viene realizando por segundo año consecutivo. Se trata de una actividad que propone volver un poco en el tiempo para descubrir la historia de algunas de las principales casonas y construcciones que hoy forman parte de la identidad de la ciudad, desde Ñu Porá hasta La Quebrada.

La propuesta surgió a raíz de la iniciativa de dos miembros de la Dirección de Turismo, Érika Baldacci y Mariana Salguero, quienes, preocupadas por el avance inmobiliario en la localidad, encabezan un proyecto de ordenanza que regula la protección del patrimonio histórico, cultural y turístico que estas construcciones representan. “Un día estábamos en el trabajo y nos pusimos a charlar de una casona que habían comprado y que se decía que la iban a tirar. Entonces dijimos ‘hay que hacer algo’ y no esperamos a que otro lo haga, lo hicimos nosotras”, contó Baldacci, quien guía personalmente las visitas.

“Comenzamos a averiguar sobre la historia de Río Ceballos y nos dimos con que solamente hay dos libros y son muy generales, no tienen nada de esto, de lo cotidiano, lo anecdótico. Por eso armar el proyecto nos llevó tres años de investigación. La intención es que por lo menos se conserve la fachada”, señaló Baldacci y agregó que fue en este marco que surgió la idea de hacer los recorridos guiados.

La propuesta se divide en dos días y dos circuitos, el primero incluye la zona del centro y el barrio Ñu Porá, mientras que el segundo va desde el centro hacia el barrio La Quebrada. Aunque no se puede entrar a las casonas y hoteles, ya que la mayoría son propiedad privada, la visita lo compensa incluyendo varios datos históricos, anécdotas y algunos mitos urbanos.

Si bien por el momento no hay nuevos recorridos programados, desde la Dirección de Turismo anticiparon que la propuesta se reflotará durante los fines de semana largos y que también se prevé trabajar con los colegios.

El corazón de las Sierras

No por nada Río Ceballos es llamado el corazón de las Sierras Chicas. Y es que desde hace casi cien años es un centro turístico consagrado a nivel provincial y nacional. El paisaje natural, el arroyo que en su momento era río, la tranquilidad y la diversidad de flora y fauna se convirtieron en sus principales virtudes. Entre 1920 y 1930 se construyeron los primeros hoteles y hosterías y durante las dos décadas siguientes muchas importantes familias construyeron sus propias casas de verano. En la época de mayor auge, Río Ceballos llegó a tener 130 hoteles y hosterías, y todas las casas alquilaban habitaciones o pequeños departamentos.

Así durante los meses de vacaciones Río Ceballos se convertía en el destino privilegiado de las familias acomodadas del país, principalmente de Buenos Aires y Santa Fe. Los que tenían mayor poder adquisitivo vacacionaban entre tres y cuatro meses, y los que no, se conformaban con un mes de veraneo. Los baños en el río o en las piletas, las cabalgatas, los juegos de cartas y los bailes nocturnos eran las principales actividades de los visitantes.

Viaje en el tiempo

La tarde casi primaveral del viernes 24 de julio es el mejor escenario posible para terminar la edición “vacaciones de invierno 2015” del recorrido histórico que propone la Dirección de Turismo. Un colectivo con más de 25 turistas que vienen desde San Francisco hasta Buenos Aires y algún que otro lugareño disimulado parte cerca de las 16:30. Más de 20 hoteles, hosterías, chalets y casonas componen este novedoso recorrido. En esta nota, El Milenio recuerda la historia de algunas de las construcciones más emblemáticas que se visitaron.

El Chalet Citati, una de las casas de verano más representativas de los años ‘30.
El Chalet Citati, una de las casas de verano más representativas de los años ‘30.

Chalet Citati: Ubicado en barrio Moreyra, esta hermosa casona de piedra, ladrillos y tejas es quizás, una de las más representativas de su época. Fue elevada íntegramente desde la piedra madre y por eso, a pesar de los años y los movimientos sísmicos, no tiene ninguna rajadura. Del jardín que antiguamente ocupaba varias cuadras con fuentes, estatuas y flores hoy sólo quedan los grandes y añejos árboles, aunque por dentro la casa se conserva fiel a lo que fue, incluso los muebles, que de hecho se encuentran fijados a la pared. Contaba con bomba de agua propia y fue la primera en tener sistema de timbre para la servidumbre.

Fue construida originalmente por la familia Rennella entre 1930 y 1936. Sin embargo, como la familia no reparó en gastos trayendo madera de cedro y mármol de Europa, pronto se dieron cuenta de que no podían mantenerla y decidieron ponerla a la venta. Así fue como durante una cabalgata la familia Citati la vio y decidió comprarla. Fueron sus dueños hasta hace pocos años cuando finalmente pasó a manos de la familia Villar, quienes la recibieron con una gran fiesta a la que incluso acudió uno de los hijos de los Rennella.


La mujer de blanco

Durante muchos años, los lugareños fueron testigos de la misteriosa aparición de una mujer de blanco que por las noches caminaba desde la ventana principal de la casona Citati hasta un punto en el terreno del frente, donde se quedaba por mucho tiempo hasta que desaparecía misteriosamente. La escena se repetía con frecuencia hasta que un día la gente decidió construir una pequeña gruta en el punto donde la mujer se detenía y desde entonces, no se la volvió a ver.


El Hotel Lomas, sobre la Av. San Martín, fue uno de los primeros en Río Ceballos.
El Hotel Lomas, sobre la Av. San Martín, fue uno de los primeros en Río Ceballos.

Hotel Lomas: Fue uno de los primeros hoteles verdaderos que apareció en Río Ceballos alrededor de los años ‘30 y era uno de los de mayor categoría. Se encuentra sobre la Av. San Martín. Sus habitaciones eran amplias y bien separadas, con mucho trabajo en piedra; pero lo que más lo identificaba era el exclusivo salón de fiestas, al que sólo podían acceder las personas de apellidos reconocidos y alto poder adquisitivo. Las damas de vestido largo y guantes, los hombres de traje y sombreros. Hoy en día se encuentra abandonado y una parte ha sido usurpada, pero aún conserva el destello de sus tiempos de gloria.

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Vieja postal del hotel Los Sauces.

Hotel Los Sauces: También data de 1930 pero se distinguía por su gran pileta rodeada de pequeñas gárgolas y esculturas por donde salían chorros de agua y por su característico salón de fiestas al aire libre. Era costumbre que en la temporada de vacaciones los lugareños pasaran por ahí para ver qué nuevo turista había llegado al pueblo. Hoy para muchos es el casino viejo pero en su momento tuvo más de 50 habitaciones e incluso todavía conserva algunas paredes de adobe.

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El antiguo hotel Alhambra hoy es el boliche Manuel Manuel.

Hotel Alhambra: Lo que hoy es el popular boliche Manuel Manuel en 1940 era un reconocido hotel, único con un altillo de casi tres pisos de alto. Sin embargo, su función actual no se aleja mucho de la que tenía en aquel entonces, porque este hotel se caracterizaba por ofrecer un servicio de restaurant las 24 horas y por organizar bailes donde las orquestas traídas de Buenos Aires tocaban en vivo de lunes a lunes hasta las tres de la mañana.

Hotel Caviezel’s o Los Pinos: Se distingue por el poco común estilo germano-suizo y las grandes coníferas de su patio, obra de su dueño original, un suizo de apellido Caviezel’s. No tenía gran cantidad de plazas pero se destacaba por su categoría y los numerosos servicios que ofrecía, incluyendo la biblioteca, las canchas de tenis, la enorme piscina y juegos para niños. Actualmente funciona como casa de descanso para adultos mayores.

Antiguo hotel Caviezel’s o Los Pinos, sobre Av. San Martín.
Antiguo hotel Caviezel’s o Los Pinos, sobre Av. San Martín.
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Entrada a la casona de la familia Periales.

Casona Periales: Cruzando el puente Amuchástegui se encuentra la antigua casona donde vivía Marcelo Periales, reconocido empresario de Río Ceballos y creador del primer salón de juegos de la localidad, Fascination, que luego se convertiría en la famosa cadena Neverland. Se dice que la familia compró la casona a pedido de la esposa de uno de los hermanos Periales, a quien le fascinaban las antigüedades, por lo que la casa se vendió con todos los muebles y objetos que había en su interior. La perlita: durante el 2008 la reconocida cantante Patricia Sosa se hospedó en este chalet durante su paso por la localidad.

La Casona Minetti, una de las más imponentes de barrio La Quebrada.
La Casona Minetti, una de las más imponentes de barrio La Quebrada.

Casona Minetti: Sin lugar a dudas, la estrella del barrio La Quebrada es la casona de la familia Minetti, ubicada sobre la Av. San Martín. Con su enorme terreno y su construcción de espacios amplios, tenía un molino y dos bombas de agua propias con las que incluso proveían a algunos vecinos en épocas de escasez. Al frente hay una construcción más pequeña que se usó mientras se construía la casona principal y que luego los Minetti donaron para que fuera el primer Hospital de Niños de Río Ceballos. Incluye una capilla propia y varias pequeñas casitas igual de elegantes donde se hospedaban las visitas.

El jardín delantero se distinguía por sus hermosas fuentes y esculturas. De hecho, en aquel entonces, una de las favoritas de los dueños era la escultura de una niña que estaba agachada sacándose una espina. Una noche en el centro hubo una pelea familiar y la poca policía que había en aquel entonces acudió a resolver el conflicto. Resulta que en ese mismo momento dos ladrones se estaban llevando la escultura de la niña, y cuando escucharon la sirena, huyeron despavoridos pensando que los habían descubierto. La familia Minetti no se enteró de nada hasta el otro día, cuando salieron y encontraron la escultura curiosamente abandonada en la entrada principal.

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