Comprender el mundo a través del arte

La vida de Álvaro Sosa invita a un viaje de aprendizaje; desde su natal Chaco hasta el viaje experimental a Barcelona, pasando por su decisión de regresar al país e instalarse en Córdoba. Aunque aclara que su lugar en el mundo es Unquillo. Desde el 4 de junio al 18 de agosto expone en el Buen Pastor de la Capital.

En el Museo a Cielo Abierto de Mendiolaza, el artista plástico logró intervenir un tronco con material reciclado de desecho industrial.
En el Museo a Cielo Abierto de Mendiolaza, el artista plástico logró intervenir un tronco con material reciclado de desecho industrial.

Redacción El Milenio 

Álvaro Sosa es un artista que invita a reflexionar a través de sus creaciones; nada de lo que hace es un sinsentido, más bien es una reflexión constante de lo que pasa en la relación intensa entre sociedad y naturaleza.

Comprender el mundo a través del arte es su lema, y esta pasión lo lleva a experimentar constantemente, es por esto que este día jueves 4 de junio, a las 20 hs, se presentó en el Patio de Esculturas del Buen Pastor de la ciudad de Córdoba con una serie de trabajos en madera, la que lleva por nombre: Plural de Nadie.

Se trata de un proceso que Álvaro produce desde hace un tiempo, los cuales se articulan a través de la conciencia de reutilizar materiales de descarte industrial y la reflexión que realiza el artista sobre procesos socio-culturales.

La exposición está compuesta por esculturas de gran formato a escala humana; realizada con maderas recicladas principalmente y otros desechos industriales como flejes de metal. El ensamble y encastre de recortes de los materiales le permite al artista tramar volúmenes macizos y dinámicos.

Para esto, el escultor rescató pallets de madera, y con respecto a esto reflexiona sobre la cantidad de árboles que se talan para hacerlos, y es por esto que los recicla.

Por otro lado, algo que hacen únicas a las obras de Álvaro Sosa es que apelan primeramente a los sentidos del espectador, no de manera contemplativa, su producción busca la complicidad del juego. Algunas de las esculturas de este conjunto permiten al  observador interactuar con ellas, que las escuche, que las habite.

Por ejemplo, hay una pieza que es como un habitáculo, se trata de un cuarto lleno de peluche, y desde adentro el espectador se sentirá que está rodeado de rejas, “muchas veces nos encarcelamos dulcemente, es decir, que con el engaño dulce nos metemos en nuestra propia cárcel”, confió el artista.

Mientras que otra de las obras tienen un sensor de movimientos, sonido y luz. Se trata de una caja que te permite meter la cabeza, y al hacerlo se prende una alarma y en ese momento aparece un reloj despertador. “Es como despertar el arte”, confiesa.

El viaje del descubrimiento.

En sus comienzos, la cerámica fue su base, es que cuando tenía tan solo seis años su mamá fue la maestra que le enseñó a jugar y crear. A esa edad se mudó a la ciudad de Córdoba.

Álvaro creció, y como todo ser que quiere volar decidió viajar hacia Barcelona. No lo había convencido la carrera de cine, pero si lo había enamorado la fotografía. Fue así como su primer objetivo fue perfeccionarse en esa área.

Pero no fue nada fácil instalarse en la península ibérica. Durante un buen tiempo fue un inmigrante ilegal por lo que solamente pudo presenciar muestras, y esta forma de visualizar el arte terminó siendo una gran escuela para el artista.

Ni bien regularizó su situación, pudo expandirse y comenzar a desarrollar su talento. Y fue así como Álvaro no pasó desapercibido en España.

En sus ocho años de vivir en España, quizás su gran hito fue el de trabajar con el gran Marcelí Antúnez Roca, quien es uno de los artistas más reconocidos de ese país en el uso de las tecnologías digitales en el campo de la performance mecatrónica y la instalación.

También colaboró con reconocidos escultores de toda Europa; obtuvo premios y participó de varias muestras reconocidas. Pero como nada es para siempre, y Sosa es un constante buscador, decidió volver, en busca de un nuevo espacio en su propio país.

Conexión Sierras Chicas.

Desde su regreso a la Argentina, Álvaro Sosa pudo contactar con un gran amigo que vivía en Unquillo, es por eso que desde ese momento sus viajes a la ciudad de los artistas fueron continuos.

A medido que se fue haciendo un hueco entre los artistas locales, el escultor fue invitado a participar de distintos simposios y a exponer en varios espacios, “mi idea desde que estoy en Córdoba es vivir en Unquillo, pero a veces la vida te va llevando por caminos que uno no planifica”, contó a El Milenio.

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