Un artista de quiebre

Ernesto Berra es un artista con vocación. Si bien reside en Córdoba Capital, encontró en Mendiolaza un lugar único para instalarse con un taller que refugia su obra y nuevas creaciones. Actualmente trabaja en la idea de conformar un corredor cultural para las Sierras Chicas a través del Macu.

“De alguna manera, todo lo que ocurre en las vidas se traslada al arte. El arte es un reflejo de lo que es la sociedad y lo que es el mundo; lo que pasa en política, economía, lo que uno vive lo traslada a esta actividad”.
“De alguna manera, todo lo que ocurre en las vidas se traslada al arte. El arte es un reflejo de lo que es la sociedad y lo que es el mundo; lo que pasa en política, economía, lo que uno vive lo traslada a esta actividad”.

Redacción El Milenio | periodico@elmilenio.info 

Una vida de dedicación al arte, atravesada por la búsqueda constante de aquello que lo invita a salir de la zona de comodidad. “Disculpe por el desorden de mi taller”, se explicó el artista plástico Ernesto Berra, pero eso que él llamó desorden es un viaje asombroso por las distintas pasiones que marcaron su vida.

Es un enamorado de lo que hace y le encanta trabajar en sus talleres; aunque expone menos que años atrás, sigue haciendo muestras en los circuitos más importantes. En este momento, su prioridad es disfrutar y profundizar su propia obra.

La idea de Berra siempre fue tener un taller más grande y en Córdoba era imposible. Fue así como eligió el barrio Valle del Sol en Mendiolaza para instalarlo.

Según Ernesto, las Sierras Chicas tienen un encanto muy particular, porque se parecen en cierta forma a un paisaje de Italia o de España. Aunque le gustaría que se respetara más a lo autóctono, pero sin oponerse al avance y al progreso.

Quizás una de las cosas que lo llevó a instalarse en “el cordón serrano” fue que tenía gente amiga como Pablo Canedo y Raúl Díaz -ambos artistas plásticos-. Sin dejar de lado la atractiva mística que regala este lugar de maestros como Spilimbergo o Alonso.

El origen de la creación

Los padres de Ernesto Berra eran inmigrantes italianos y cuando llegaron a la Argentina se establecieron en la localidad cordobesa de Calchin.

Su papá era carpintero y su mamá en los ratos libres pintaba de forma amateur. Y es por esto que su vida está impregnada por el olor del óleo y del aserrín de la madera.

Ya desde pequeño dibujaba y copiaba caras o figuras de las tapas de revistas. Aunque recién a los 16 años comenzó a estudiar en la Escuela Provincial de Bellas Artes de la ciudad de Córdoba.

No le resultó nada fácil encontrar el espacio para poder trabajar en la carpintería del papá y al mismo tiempo formarse como artista.

Se recibió a los 21 años cuando estaba haciendo el servicio militar, en plena época del proceso militar. “Se trataba de un periodo complicado para los estudiantes de arte”, reconoció el artista.

Primero comenzó a tomar apuntes de la naturaleza, por ejemplo, el Parque Sarmiento y las Sierras, es decir, trabajó mucho con la idea del paisaje.

Pero el viaje a la ciudad de Nueva York, junto a Raúl Díaz, fue un hecho que le abrió la cabeza provocando un quiebre en su obra, ya que entró en contacto directo con nuevas corrientes.

“Se trató de romper un poco el molde, aunque uno nunca se termina de desligar con ese lazo que se tiene con el núcleo duro, lo interno”, confió el cordobés.

El “ser” artistaBerra tapa

Para Berra, cualquiera puede estar en la actividad artística, pero no todos son artistas. Ser artista es como “llegar a un lugar, es instalarse en un plano diferente a la actividad y por la actividad”.

“A veces uno cree que es Picasso, pero quizás solo sea reconocido dentro de Córdoba, Buenos Aires o Argentina, o puede ser importante en alguna ciudad en el extranjero, pero eso no quiere decir que estés instalado en el mundo y seas un artista universal, son contados los que llegan a ese posicionamiento”, se cuestionó.

Proyección Sierras Chicas

Actualmente se encuentra trabajando en Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo (Macu) junto a un grupo de artistas serranos: “Creemos que se va a generar como un corredor cultural muy importante. Es decir, va a estar el Museo Carrafa, el Palacio Ferreyra, y en tercer o cuarto lugar se va a encontrar el Macu”, confesó Berra.

“Pero hace falta un cambio de infraestructura en la ciudad y  la creación de circuitos de visita a talleres de artistas. Se pueden hacer muchas cosas pero siempre con inversión”, concluyó el artista plástico.

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