CULTURA
Por: Noah Caminos y Fausto Sauer 4° IENM – Bianca Araya y Santiago Alanis 4° IMVA.
Redacción: Bárbara Muñoz.
La Minerita nace en Unquillo, en un antiguo galpón que pertenecía a una fábrica de cal de la familia de Oscar Alonso, quien posteriormente transformó el lugar en uno de los espacios culturales más activos de la región.
Su fundador buscaba construir un lugar propio, sostenido por la autogestión y alejado de las estructuras formales del trabajo empresarial. Sin embargo, el proyecto tomó forma casualmente, cuando el propietario ofreció las instalaciones al coro de Unquillo, que necesitaba un lugar para ensayar.
Con esa reunión, los músicos se entusiasmaron y propusieron hacer una peña. Entonces, con mesas prestadas, tablones y bancos armados a mano, organizaron un evento que superó todas las expectativas.
De esa experiencia colectiva surgió la idea de transformar el sitio en un punto de encuentro. Más tarde, lo que al principio parecía un sueño personal devino en meta colectiva, al ritmo de nuevas propuestas y el apoyo de la comunidad.
Así, la idea se consolidó y se gestó una propuesta cultural autogestiva y pluricultural, abierta a todos los géneros y expresiones. Desde el folklore hasta el rock, pasando por el blues, la cumbia o el estilo académico, la iniciativa amplió su identidad, captando cada vez más público.
Cada fin de semana reúne a cientos de personas y ha recibido figuras como Raly Barrionuevo y decenas de artistas locales y nacionales. En octubre, la Peña Trashumante agotó sus entradas con más de 2000 asistentes, consolidando al ambiente como epicentro de la música popular en Córdoba.

El Milenio: ¿Qué diferencia a La Minerita de otros espacios similares?
Oscar Alonso: Es un lugar de encuentro. Muchos de los que van me dicen que tiene algo especial, sobre todo por la rusticidad que traté de conservar. A muchos les llama la atención y apenas llegan preguntan por la historia del lugar. La gente que viene de afuera se sorprende, al entrar encuentran un escenario, murales pintados por artistas, y un ambiente distinto, con identidad propia. Es un espacio escondido, pero cuando se enteran de todos los artistas que pasaron por acá, se asombran todavía más y quieren volver.
Hoy, la propuesta principal es la música, aunque también hubo presentaciones de libros, teatro y stand up. Empezamos con folklore, que era lo más cercano, pero no quería que se encasille. Para mí eso era parte del cambio: que la gente empiece a preguntar quién se presenta y no dar por hecho que es una peña.
Por eso también modifiqué el nombre: antes era “espacio cultural”, ahora es “espacio pluricultural”. Además de los espectáculos, hay actividades de formación. Tenemos un taller de folclore dictado por Mauricio Pereyra, y en otros momentos se dictaron clases de percusión, tango, malambo, zapateo y teatro, aunque lo más fuerte siguen siendo las propuestas artísticas de los fines de semana, que convocan a más público. Abrimos de viernes a domingo desde el mediodía, y ahora que comienza el calor el movimiento aumenta.
EM: ¿Cómo definirías el público que convoca y cómo influye en la elección de los artistas y de las propuestas?
OA: Al principio me llegaban comentarios de que a La Minerita iba mucha “hippeada”, pero con el tiempo me di cuenta de que cada propuesta artística tiene su propio público, y que eso es lo que define la dinámica del lugar.
Dentro del folklore hay públicos distintos, aunque compartan el género. En el rock pasa lo mismo. Por eso, cuando armo la grilla trato de equilibrar los estilos para que durante la misma semana no se superpongan públicos ni se repitan estilos. Así la gente se mantiene curiosa. Creo que todo esto tiene que ver con la esencia de La Minerita, un espacio simple y descontracturado.


Prefiero esos lugares donde se puede hablar, reírse y estar cómodo. Una vez alguien comentó en Facebook: “Muy bonito el lugar, pero demasiado rústico para mi gusto”. Y está bien, lo acepto. No todos los espacios son para todos, pero la idea es que la gente pueda disfrutar sin formalidades, encontrarse con la música y con los otros.
EM: ¿Qué lugar ocupa el proyecto dentro de la comunidad de Unquillo y cómo se articula con otros espacios culturales y turísticos de la zona?
OA: Creo que el aporte más grande es haber sumado diversidad a la vida cultural de Unquillo. Muchos valoran esa variedad, que cada fin de semana haya algo distinto. Y lo bueno es que no estamos solos: lo importante es que la ciudad se consolide como un polo cultural. No todos usan redes sociales; muchos simplemente llegan, preguntan y eligen entre distintas propuestas. Eso nos fortalece a todos.
Con otros espacios culturales tenemos contacto permanente. Incluso algunos han hecho sus aniversarios o festivales en La Minerita. También abrimos las puertas a escuelas y organizaciones que hacen peñas o eventos solidarios. Siempre tratamos de apoyar a quienes quieren generar actividades culturales o comunitarias.
Además, trabajamos junto al área de Turismo en el Camino de los Artesanos. Mucha gente llega desde distintos lugares y puedo derivarlos directamente para que los orienten. Al final, todos formamos parte de una misma red y esa articulación fortaleció mucho el circuito cultural y turístico de la zona. Creo que es una parte esencial de nuestro aporte: trabajar juntos para que Unquillo siga siendo un punto de referencia cultural en las Sierras Chicas.

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