12 abril, 2026

El Milenio

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Club de Costura: A puro hilo y decisión

El Club de Costura, de Sara Giri, crece como un espacio de aprendizaje libre, donde cada persona elige qué y cómo quiere desenvolverse. Su creadora apuesta por la docencia, la autonomía y la revalorización del oficio, proyectando a futuro ampliar la oferta de sus cursos e incluso lanzar una carrera de diseño de indumentaria, a nivel local.

EMPRENDEDORES

  • Por: Mia Bennazar y Francina Galli 4° IMVA; Francesca Margonari, Paulina Del Castillo y Mariana Machado 4° IENM.

Al momento de emprender, muchas de las decisiones no responden a un plan perfecto, sino que se trata de una mezcla de necesidades, búsquedas personales y cierta intuición sobre aquello que puede funcionar. El Club de Costura nació así: con la necesidad de independencia como motor y con la idea de resignificar un oficio. 

“Siempre me costó cumplir horarios y eso me llevó a pensarme fuera de la relación de dependencia”, comentó Sara Giri, su fundadora. Con 28 años y viviendo en Río Ceballos, hoy combina su trabajo estable con el desarrollo de esta propuesta, que va creciendo al ritmo de sus alumnas.

Aunque el deseo de libertad aparece como horizonte, Giri fue clara: “Cuando una emprende, los primeros años no sos libre para absolutamente nada, porque demanda mucho tiempo”. Por eso, la iniciativa se fue construyendo sin apuros, comenzando en el garaje de su casa hasta llegar a su espacio propio, con la idea de dictar “talleres y cursos para que cada persona aprenda lo que necesita, sin estructuras rígidas” -sostuvo la fundadora-.

De esta manera, se enseña corte y confección con plan de estudios, lencería, indumentaria infantil, reciclado y reparación como también costura libre, que es lo más popular. Parte de su éxito radica en la flexibilidad: cada alumna elige qué quiere hacer y aprende en base a ese objetivo.

En esta línea, Sara detalló: “Tradicionalmente se comienza con una falda, pero la mayoría ya casi no usa, entonces eso aburre”, señaló. En cambio, cuando se trabaja sobre intereses propios, la motivación aparece sola. Así, algunos de estos tienen una duración estipulada, por ejemplo de cinco meses y, otros no tienen tiempo límite. 

En tanto, las clases tienen cupos reducidos —de cinco o seis personas— para garantizar el trato personalizado. Además, la actividad es apta para cualquier nivel, incluso para quienes recién empiezan. “No hace falta que sepas nada ni que traigas nada. En el Club hay máquinas familiares e industriales, papel, tijeras, todo lo necesario”, explicó y agregó: “El único requisito es tener ganas de aprender”.


El emerger de nuevas generaciones

Actualmente, convergen otras motivaciones que llevan a las interesadas a inscribirse: el ahorro, la creatividad y la socialización, son algunas. “Está muy en tendencia el reciclado y el reparado, sobre todo por la economía circular y el auge de la segunda mano”, explicó. 

Lejos de querer caer en estereotipos, la realidad es que quienes asisten son en su totalidad mujeres. Al respecto, Giri valoró: “Sería buenísimo que venga un hombre, pero por ahora son todas mujeres”. Asimismo, en el espacio trabaja con grupos infantiles y aseguró que no hay peligros. “Son tareas más sencillas -afirmó-. Si bien aprenden a coser, también pintan o bordan, y agarran la máquina con una velocidad tremenda”.


En cuanto a los cambios en el oficio, considera que si bien sigue siendo importante, se perdió mucho del conocimiento que antes era común: “Todas las mujeres sabían coser, todas sabían tejer. Eso se perdió un montón y a mí no me pone muy contenta, porque coser te da cierta autonomía en cuestión de ropa”. 

Por ejemplo, aspectos como los talles, que en nuestro país son casi nulas las marcas que los respetan, y la baja calidad de la ropa, ponen sobre la mesa la necesidad de que las personas puedan confeccionar sus propias prendas. 

Igualmente, el panorama para Giri es esperanzador, ya que también nota una revalorización impulsada por las redes sociales, como TikTok. “Hay muchas chicas jovencitas que hacen recreaciones de vestidos de alfombras rojas y lo hacen hermoso, aunque no conozcan de moldería, lo que antes no se veía”, celebró. 

Presente y proyecciones


Giri consideró que una de las principales fortalezas de su proyecto es la calidad humana del equipo que la acompaña. Acerca del mismo, indicó: “Estoy rodeada de gente que, más allá del rédito económico, valora el apoyo humano”. Al mismo tiempo, reconoció que un aspecto a mejorar es la comunicación digital.

Por otro lado, pretende ampliar la oferta a marroquinería, sastrería, corsetería, alta costura e incluso zapatería, aunque admitió la necesidad de incorporar más profesores para lograrlo.

Consultada sobre la existencia de propuestas similares en la zona, mencionó que en Río Ceballos la Municipalidad ofrece corte y confección en el centro vecinal del barrio Loza, y que ha visto experiencias similares en Villa Allende. 

Finalmente, siguiendo en el camino de la enseñanza, planteó sus metas a futuro. “Mi gran idea, tal vez no en cinco, pero sí en diez años, es abrir una carrera de diseño de indumentaria en la ciudad. Es algo que me llena el alma como la docencia y mi idea es que los espacios se llenen de gente”, concluyó.


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