26 junio, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Un hogar para el arte y la naturaleza

En barrio Sarmiento funciona un espacio que recibe su nombre por el viejo algarrobo de la Plaza Martin Luther King. Casa del Árbol alberga cada vez más talleres, desde improvisación musical hasta técnicas textiles artesanales, y abre sus puertas a todas aquellas personas que tengan interés, ganas y necesidad de conectarse con el arte.

La licenciada en Psicología Fernanda Randazzo preside Casa del Árbol, un espacio cultural de Río Ceballos que no sería todo lo que es sin cada uno de sus participantes. Así lo afirmó la misma responsable del proyecto, al destacar la colaboración de los profesores, la coordinadora del área musical y las personas que ayudan con el mantenimiento y la administración.

Con grandes anhelos de desarrollo, el espacio perfila a especializarse en música, pero no deja de ampliar sus horizontes sobre la premisa de que arte, cultura, salud y cuidado de la naturaleza son elementos que van de la mano.

En los últimos meses, además, Casa del Árbol hizo la producción de dos espectáculos de gran envergadura: “X-XI” de Alejandro Orlando y “Los modernos veinte años” de Pedro Paiva, ambos de nivel internacional. 

“Casa del Árbol es un espacio de aprendizaje y construcción colectiva, abierta e inclusiva. Todos los que desean aprender, son bienvenidos. Nuestras actividades están dirigidas a todo público”

Fernanda Randazzo

El Milenio: ¿Cómo y con qué finalidad surge Casa del Árbol?

Fernanda Randazzo: El espacio nace en medio de la pandemia. En realidad, fue un resurgir, porque veníamos funcionando hacía un año y medio con otro nombre. Cuando finalmente nos permitieron abrir, nos reinventamos. Dejó de ser sólo música para abrir el juego a otras artes. Así como algunos talleristas se fueron, comenzaron a acercarse otros que iban dejando su impronta en nuestro espacio.

La demanda creciente de alumnos alimentaba nuestro coraje de seguir adelante a pesar de lo difíciles que eran las circunstancias. Tuve que firmar una declaración jurada bajo mi entera responsabilidad para poder abrir, así que el compromiso fue fundante para nuestra institución.

Llamativamente, en esta etapa, nuestro espacio dio un gran salto. Creo que eso habla de lo que significó para la gente la cultura en ese momento tan duro. El objetivo siempre fue acercar el arte a los estudiantes para que puedan desplegar sus talentos y habilidades.

EM: ¿Qué se ofrece específicamente como escuela de arte?

FR: Casa del Árbol es un centro cultural con aspiraciones a escuela de arte. Contamos con un staff de excelentes profesores en distintas áreas artísticas, aunque tenemos una fuerte impronta musical. Ofrecemos clases y talleres de piano guitarra, bajo, violín, chelo, saxo, clarinete, flauta traversa, batería, percusión, iniciación musical, canto individual, grupal y grupo vocal.

Este año haremos un avance importante dando clases grupales de audioperceptiva y ensamble para complementar el estudio de instrumento y canto. También damos cursos especiales para preparar aspirantes a la carrera de música e incorporamos un taller de murga uruguaya.

Además, se desarrollan talleres de artes plásticas y escritura creativa para todas las edades y hemos tenido clases de yoga y baile, a las cuales hemos tenido que renunciar temporalmente hasta que podamos concretar un salón de mayores dimensiones. Prevemos hacer un SUM en el patio para poder llevar a cabo actividades con mayor número de participantes. Como contamos con casa propia, de a poco vamos haciendo avances y mejoras.

EM: ¿A quiénes están dirigidas sus actividades? 

FR: Casa del Árbol es un espacio de aprendizaje y construcción colectiva, abierta e inclusiva. Nosotros no tenemos definido un perfil de alumno, todos los que desean aprender, son bienvenidos. Nuestras actividades están dirigidas a todo público, aunque quienes más acuden son niños, adolescentes y jóvenes. 

Nos encantaría encaminarnos a ser una institución que pueda albergar también a niños y jóvenes que no tengan la posibilidad económica de afrontar una cuota para una actividad extraescolar, pero sí el talento y el deseo de hacerlo. Para que eso sea posible, necesitamos tener el marco legal para recibir becas y todo tipo de ayuda del gobierno y de fundaciones o particulares que quieran apadrinar a los estudiantes.


EM: ¿Cuál es la impronta de Casa del Árbol y qué le aporta a la zona como propuesta cultural?

FR: Nuestra premisa es ir construyendo -sobre la marcha y de manera colectiva- un modo de funcionar institucionalmente que tenga en cuenta tanto la demanda de alumnos y padres, como los saberes y experiencias previas de los profesores que enriquecen nuestro andar. En lo personal, también pongo en juego mi experiencia profesional y mis años como codirectora de una institución de salud, aparte de mi gran amor por el arte. 

Todos estos ingredientes le dan cuerpo a nuestro hacer. Contagiamos la pasión por nuestra actividad, se respira una atmósfera de camaradería, confianza y alegría. Tenemos reuniones periódicas en las que se plantean proyectos y también hay desacuerdos y diversidad de opiniones, ya que creemos que es la única forma de hacer crecer y evolucionar a una institución de manera saludable.

Creo que nuestro aporte a Sierras Chicas para por acercarnos a un funcionamiento con modalidad de escuela, que hoy se observa más en el área de música. Hay un aprendizaje progresivo de instrumentos y canto que se acrecienta. Además, contamos con profesores de instrumentos poco convencionales, cuyo estudio antes requería viajar a Córdoba.

EM: ¿Cuáles consideran que son sus mayores logros?

FR: Nuestros logros son sostenernos en pie y creciendo en medio de la pandemia, renacer con la identidad institucional fortalecida, contar con un sólido staff de excelentes profesores que trabajan de manera conjunta siempre que es necesario, ser referentes de nuestra actividad en la zona y, por último, la visión de progreso que tenemos.

Hemos alcanzado los objetivos iniciales por la convicción con la que llevamos a cabo nuestras ideas y porque confluyeron con la demanda de la gente, que se fue acercando a participar de la propuesta. Entendimos colectivamente que por ahí es el camino, al menos por ahora.