16 enero, 2022

El Milenio

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Sembrando soberanía alimentaria

Producir agroalimentos a nivel local, abaratar costos, generar empleo y promover una alimentación más saludable puede sonar utópico. Sin embargo, en Río Ceballos ya están dando los primeros pasos con la Escuela Municipal de Agroecología. El proyecto apunta a crear productores y fomentar las huertas familiares y comunitarias, tanto para venta como para autoconsumo.
  • Colaboración: Brunella Rolandi y Lautaro Pérez (6to IENM). Andrés Manrique, Mateo Oliva y Alejo Muntaner (4to IMVA).

Desde la Dirección de Equidad y Desarrollo Social de Río Ceballos, área conducida por Marcelo Yornet, se gestó un particular espacio de formación y promoción de la agroecología. El objetivo del proyecto es acompañar las experiencias de agricultura familiar y comunitaria, la generación de trabajo, el acceso a alimentos saludables y la sustentabilidad ambiental.

Aunque arrancó oficialmente en junio de 2020, muchas fueron las reuniones, capacitaciones, viajes y talleres que tuvieron lugar previamente para que el sueño de la Escuela Municipal de Agroecología (Enrique Schiaffino 706, Barrio Loza) se hiciera realidad.

El Milenio: ¿Cómo se puede participar de la propuesta?

Marcelo Yornet: El programa de promotores es un buen lugar para ir sumándose. Nosotros impulsamos la creación de un nuevo actor social, un agente comunitario que es justamente el promotor barrial. Tiene la función de ir contagiando el impulso de la agroecología en la comunidad y acercar también recursos a estos sectores, fundamentalmente mediante la entrega de semillas.

Las familias que producen para autoconsumo en sus casas también participan y se acercan a la huerta municipal para obtener nuevas técnicas, conocimientos y recursos. La escuela está pensada como un soporte para todas esas iniciativas, apuntando al fortalecimiento de quienes ya han dado ese primer paso hacia la agroproducción.

Cuando se trata de personas sin experiencia, las herramientas y técnicas que les acercamos son las propias de una huerta familiar, como para empezar en la propia casa.


EM: En principio, la escuela busca promover la producción local y el autoconsumo, ¿cierto?

MY: Promovemos que las familias y los grupos comunitarios puedan plantearse como una actividad propia el producir sus alimentos, pero no sólo pensando en el autoconsumo, sino también en la distribución en otros ámbitos, en espacios feriales o comerciales de distinto tipo.

Los agroalimentos que se consumen en Río Ceballos, en general, no son producidos en la zona. Y lo cierto es que la producción local sirve para generar puestos de trabajo, acortar esa cadena de intermediarios que encarece los productos y favorecer el desarrollo de nuestra ciudad.

EM: ¿Qué son los agroalimentos?

MY: Es toda la producción agropecuaria para consumo directo. Algunos agroalimentos son producidos industrialmente, en campos de gran dimensión, con mucha tecnología, agroquímicos, maquinarias y demás, lo cual impacta en la cantidad de personas que trabajan en esos lugares.

Nosotros lo que buscamos no es sólo fortalecer la producción de agroalimentos, sino de alimentos agroecológicos. En la escuela municipal y en los emprendimientos que acompañamos no se utilizan estas técnicas y productos químicos industriales. Esto implica otra calidad de alimentos, que son mucho más sanos y, sobre todo, disponibles en nuestra localidad.

“Tener productores locales permite abaratar costos, generar empleo y proponer una alimentación más saludable”, afirma Marcelo Yornet. Foto gentileza Municipio Río Ceballos.

EM: ¿Cómo se hace viable la autosustentabilidad desde lo macro y desde lo doméstico?

MY: La viabilidad de una huerta va de la mano del compromiso de quienes la llevan adelante, ya sea para consumo propio o para venta de alimentos. La sustentabilidad tiene mucho que ver con la planificación, planificar es lo que vuelve sustentable el esfuerzo de estar produciendo.

Nosotros acompañamos esos procesos con formación, tratamos de transmitir conocimientos desde lo técnico. Se desarrollaron jornadas de capacitación en conjunto con el INTA, con la Secretaría de Agricultura Familiar de Provincia y de Nación, además de las instancias de formación en la propia huerta municipal.

EM: En este sentido, ¿cuál es la situación en Río Ceballos? ¿Qué tan cerca o lejos se encuentran estos objetivos?

MY: Nosotros nos predisponemos a caminar. Las utopías y los desafíos son procesos largos. Nos encantaría que las familias puedan disponer de espacio para sus huertas familiares para que puedan acceder a sus propios alimentos, con el alivio que significa para las economías domésticas. Con 300 m2 bien planificados se puede abastecer una familia tipo.

La Escuela Municipal de Agroecología tiene el objetivo de crear productores de alimentos y que en algún momento ellos mismos puedan definir sus propias reglas, de qué forma se van a proyectar.  Además, la cultura de la huerta crea lazos entre las personas que trabajan en ella, es muy lindo coincidir en ese objetivo común. Es un proyecto que puede reunir a toda la familia en el patio de la casa o a varios vecinos en un espacio público.

Hoy estamos en el arranque, promoviendo las huertas familiares y comunitarias, tratando de acercarles información y recursos y creando este espacio municipal, cumpliendo el año y pico desde que empezamos a sembrarlo. En definitiva, ya comenzamos a caminar y por lo menos estamos más lejos de la situación de no existencia de ninguna de estas políticas que cuando arrancamos.

EM: ¿Qué planes a futuro tienen para este espacio?

MY: El desafío es seguir creciendo. Crecer en la producción a escala, en el acompañamiento a las huertas familiares y en el intercambio de experiencias en la comunidad. Apuntamos al desarrollo de una comunidad interesada en esto, que trascienda al municipio y que incluso empuje a esta gestión y a las que sigan para que estas ideas y proyectos se consoliden como políticas de Estado.

El desarrollo de esa comunidad también es parte de los objetivos a futuro y es lo que más nos motiva. Nosotros pensamos la agricultura familiar y comunitaria, y sobre todo la agroecología, como una herramienta válida para el desarrollo social, para la generación de empleo, para la soberanía alimentaria y el autoconsumo.