Fábrica de Plantas: Entre la naturaleza y la cultura

Fábrica de Plantas: Entre la naturaleza y la cultura

Colaboración: Melisa Gallardo y Agustina Revuelta (4to IENM). Joaquín Cura y Sofía Fernández Vais (4to IMVA).


Un universo donde se fusiona la botánica y la cultura se abrió paso en Avenida Martín Tissera hace cuatro años. Se trata de Fábrica de Plantas, un espacio gestado en familia por Melina Alzogaray, Santiago Alzogaray y Liliana Vanella.

Desde un principio, el trío se planteó el objetivo de generar una propuesta innovadora que combinase distintas actividades dentro de Sierras Chicas, descentralizando ofertas que generalmente se quedan en Córdoba Capital. Por eso, el vivero ofrece una infinita variedad de plantas, así como asesoramiento y servicios de parquización o jardinería, pero también es sede de talleres y cursos para todos los gustos.

De esta manera, “siempre con la impronta de una alquimia”, nació el sitio que hoy combina temáticas diversas como paisajismo agroecológico, huerta y jardinería, dibujo botánico, flores de Bach, teatro para niños, etc. 

Recientemente, además, se ha sumado una última gran incorporación cultural al espacio. Se trata de la Librería Silvestre, que desembarcó en el contenedor de arriba, ofreciendo variedad de libros sobre huerta, nativas, insectos, animales, naturaleza y ciencia. 

El Milenio: ¿De qué manera organizaron el predio para establecer el vivero?

Melina Alzogaray: Cuando llegamos era un terreno baldío hermoso, con muchos árboles nativos, lo cual es un tesoro, para quien sabe de plantas, porque preservan, dan sombra, atraen insectos benéficos y son favorables para las flores también.

Por otro lado, personalmente tenía muy presente que quería que fuera un vivero diferente a otros y me parecía interesante traer contenedores porque marcaban una impronta muy fuerte. Fue como un juego entre el símbolo de lo vegetal y lo industrial, representado por el contraste de esos elementos. 

A partir de ahí, nos fijamos qué serviría para favorecer a las plantas y decidimos hacer un estanque, ya que es una zona con poca agua y tener humedad ambiente es importante. Además, atrae abejas, avispas y otros insectos, con lo cual empieza a crearse biodiversidad, que es fundamental para que estemos vivos y sanos, nosotros y las plantas.

EM: ¿Cómo hacen para mantenerlas a todas en buen estado sabiendo las diferencias que las caracterizan?

MA: Creando un ecosistema. Los contenedores protegen de los vientos del sur, por ejemplo, y también influye el hecho de dejar las plantas nativas y que haya un ojo de agua. Sobre todo, las cuidamos con mucho amor, las regamos y la diversidad hace que estén sanas. 

Más allá de todos estos hechos estructurales, creo que el gran trabajo lo hacen los árboles nativos, que dan sombra e invitan a que los insectos y pájaros se alimenten de sus frutos, usen sus hojitas para hacer sus nidos, sus ramitas y sus espinas. 

Además, que haya variedad de plantas hace que se cuiden unas a otras, por ejemplo, una de olor fuerte cuida de los bichos a una de aroma más débil, una grande le da sombra a una pequeña, etc. Como a nosotros los humanos, a las plantas les gusta estar juntas. De eso se trata, de verlas, escucharlas y tratar de no controlarlas, sino más bien, mirarlas y acompañarlas, dejarlas ser con libertad.

EM: ¿Cómo surgió la iniciativa de los talleres?

MA: Somos una comunidad y eso es lo que hace que el proyecto sea tan fértil y bonito. Se nos ocurrió porque siempre hemos estado vinculados con el arte y la cultura. Cuando uno crea, se va transformando un poco. Nosotros estamos todo el tiempo contemplando la naturaleza y de ella aprendemos que cambiar es algo muy importante, bueno y sano. 

Entonces, creemos que la cultura es un gran espacio de transformación, tanto individual como colectivo. Nos gustó la idea de abrir ese lugar para que cambiemos todo el tiempo, juntos o cada uno por su cuenta, como lo vaya sintiendo.

Me gusta la idea de que el vivero se abre e invita a mucha gente que viene y anda revoloteando, pasamos una tarde juntos y después cada quien se va a su casa y las plantas se quedan ahí, tranquilas nuevamente.

EM: En tu opinión, ¿cuál es la clave para sostener un emprendimiento? 

MA: Es una pregunta que siempre tiene nuevas respuestas. Creo que primero es hacer lo que a uno le gusta, algo que tenga que ver con el espíritu. Un proyecto requiere mucha energía, paciencia, dedicación y si realmente no te apasiona, cualquier obstáculo te puede frustrar y hacer abandonar el barco a mitad de camino. 

Segundo, es fundamental conseguir un buen equipo de trabajo. Hay un momento lindo de soledad e intimidad, que es cuando una crea con una misma, esa especie de soplido inicial, pero luego es ideal compartirlo con otras personas. En este sentido, es importante tener buena comunicación y decir lo que sentimos sin miedo, escuchar al otro. 

Por último, animarse a crecer, encontrando el equilibrio entre hacer buenas inversiones y no gastar de más. 

EM: ¿Qué planes tienen a futuro con respecto a Fábrica de Plantas?

MA: El vivero está todo el tiempo intentando crecer, como la naturaleza misma. Siempre estamos pensando cosas nuevas y tratando de reinventarnos, queriendo dar más talleres y que haya más cosas, por suerte solemos tener muchas propuestas de amigos y amigas. También está la idea de conocer especies nuevas e incluso nos gustaría hacer un invernadero, para poder cultivar nuestras propias plantas. 

En cuanto a estructura, me gustaría poner un techo vivo en el contenedor de arriba, para mantener el clima lindo adentro, porque eso frena un poco el calor y el frío, además de juntar el agua de lluvia. Hoy, cotidianamente, estamos mejorando los carteles, pintando aquí y allá, ese tipo de cosas. Mantener el lugar lleva mucho trabajo e ir mejorando también, pero las ganas no faltan.

Clara Angeletti

Periodista y docente Periódico El Milenio. Prensa Instituto Educativo Nuevo Milenio Unquillo.

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