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Cartas, las hay de todo tipo. En pequeñas hojas amarillentas enviadas por correos Encotel, o en clásicas hojas número cinco de carpeta escolar, los hombres que combatieron en Malvinas contaron lo que pasaba en sus corazones al recibir encomiendas de papel. Mientras las bombas eran el único escenario posible y el viento penetraba sus uniformes al mismo tiempo que los enemigos empuñaban sus metrallas e irrumpían la tranquilidad de las trincheras.

Era 21 de mayo de 1982, cuando en esas mismísimas condiciones, una carta le cambió la vida al soldado Daniel Verón. Estaba en Puerto Argentino mientras las bombas inglesas destruían todo a su paso. «Si te daban a elegir entre comida y una carta, no había dudas, elegíamos la carta» menciona el ex combatiente a La Nación. Las palabras de una niña de 11 años de Villa Cacique, un pueblito de Buenos Aires, le dieron esperanza y fuerzas para regresar con vida al continente. Hoy, son vecinos y mejores amigos.

María Gabriela Suárez de 48 años es la autora de la carta y la responsable de que este excombatiente haya reconstruido su vida en este pueblo. Tenía 11 años cuando la maestra de Lengua de la Escuela N°19 le dio una tarea a todo el grado: escribir una carta para los soldados que estaban peleando una guerra, algo que muchos no comprendían en ese entonces.

Verón paso de vivir en Merlo a Villa Cacique. Aquí formó una nueva familia, tiene cinco hijos. Hace tareas solidarias, es concejal y da charlas sobre el conflicto de Malvinas en las escuelas. María, quien le escribió la carta inspiradora, vive a menos de seis cuadras de su casa, todos la conocen como «la nena de la carta» y se ven todos los días, como si fueran mejores amigos. Fuente: La Nación


Villa Cacique es un pequeño pueblo rodeado de cerros donde se respeta la siesta y la actividad se centra en la planta cementera, actualmente la localidad tiene 5000 habitantes. Desde el correo de este pueblo se despachó una carta que le cambiaría la vida a Verón, estando a miles de kilómetros de distancia.

El 21 de mayo era el cumpleaños de Daniel. Sus camaradas en Puerto Argentino lo esperaban para felicitarlo y tomar una leche caliente. «Hablaba con Dios, le pedía por mi madre, que no sufriera por mí», cuenta al diario La Nación. El furriel, encargado de repartir el correo, lo vio al llegar. Le dio un telegrama de su familia que decía: «Feliz cumple, estamos bien». Este soldado sintió que Verón se había quedado esperando algo más y le dio tres cartas «al soldado anónimo», como se conocían las escritas en las escuelas.

«La carta de María Gabriela me cambió mis días en la guerra», afirmó. Escrita en una hoja rayada de carpeta, la niña le contaba que vivía en un pueblo chico, pero hermoso y contando que seguramente no conocería nunca las Malvinas. La jovencita, cerró con una frase que determinó la vida de Verón en la isla: «Todos los días rezo por ustedes».

«Me fortaleció, me dio ganas de volver», expresó el ex combatiente. A la noche, en su trinchera, junto a un candil le contestó. La carta estuvo en Santa Cruz y de allí pasó un largo tiempo hasta llegar a la oficina de correos de Villa Cacique. «No podía creer que un soldado me hubiera contestado», recuerda María. La carta de Verón se mantuvo en secreto durante mucho tiempo. «Tenían miedo», cuenta entre lágrimas Suárez ante la posibilidad de que ese soldado no regresara con vida.

El 14 de junio de 1982, Verón entregó su FAL y sus pertenencias a un Royal Marine inglés. Entre ellas estaba la carta de María. La familia Tomasi, quienes habitaban en frente de la casa de María, sabían de la carta que había recibido. Terminaron decidiendo por involucrarse: le escribieron una respuesta a Daniel ofreciéndole ayuda y la posibilidad de venir a Villa Cacique para conocer el pueblo y a la niña que le había escrito aquella carta que lo motivó.

Llegó en tren a Tandil para pascuas de 1983. Allí lo fue a buscar Óscar Tomasi. En Villa Cacique fue recibido como lo que era, como un héroe.

«Corrí para verlo», recuerda María. Despertaron al luchador con un café con leche y un huevo de pascua. «Primero, sentí el alivio por poder agradecerle, y por haberme cambiado mi vida», aclara Daniel. A partir de esta visita, la relación con la familia Suárez, y especialmente con María, fue fluida. «En mi cumpleaños de 15, en mi casamiento, siempre estuvo Daniel», confiesa ella.

«Haber leído esa carta en la trinchera es lo mejor que me pasó en mi posguerra», reconoce Daniel a La Nación.

CARTA (Cabe recordar que la original fue sustraída por los ingleses):

Villa Cacique, 22 de abril A los soldados de la patria.

Queridos soldados desde acá les hago llegar esta carta de agradecimiento por defender las islas Malvinas.

A mí me gustaría conocerlos, pero no puedo ir tan lejos.

Yo todas las noches rezo por ustedes, mi familia también reza.

Villa Cacique no es tan grande, pero es hermoso. Todo lo que veo por televisión me da pena y también alegría según lo que veo.

El grado 6° B de la escuela N°19 Luciano Fortabat les agradece lo que están haciendo.

Me despido cariñosamente y les deseo la mejor suerte para todos.

Un corazón argentino

María Gabriela Suárez

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