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Maximiliano Albella y Romina Viola son una pareja de cordobeses que, hace casi tres años, decidió soltar ataduras y lanzarse a la vida del nómade digital. Hoy en día, viajan por el mundo mientras trabajan online de manera independiente. Ya han recorrido veinticuatro países y tienen un podcast donde se pueden seguir sus destinos y aventuras.

Sydney, Australia. Los viajes de Maximiliano y Romina se pueden seguir en su podcast “En modo avión” por Spotify.

Hoy en día, viajar es algo común para muchas personas. Algunos lo hacen por trabajo o estudio, otros por placer, por deporte o simplemente para tomarse un descanso de las presiones de la vida cotidiana. Sin embargo, existe un grupo más pequeño para quienes viajar nunca es “por” o “para” algo, sino directamente, una forma de vida.

Este es el caso de Maximiliano Albella (diseñador gráfico y motion grapher de 31 años, oriundo de Villa Allende) y su pareja, Romina Viola (comunicadora social, 27 años, nacida en Carlos Paz) quienes, hace un par de años, decidieron convertirse en nómadas digitales, personas que viajan por el mundo llevando su oficina en la computadora y saltando de ciudad en ciudad.

“Empezamos cuando se nos venció el contrato de alquiler del departamento en el que vivíamos. Los dos teníamos trabajos freelance y decidimos vender todo e irnos de viaje por unos meses. Empezamos por Chile, Perú y Estados Unidos y terminamos viviendo cuatro meses en Malasia”, contó Maximiliano en entrevista con El Milenio.

En ese momento, hace casi tres años, surgió la idea de seguir viajando, visitando distintos lugares y hospedándose a través de Airbnb (airbed and breakfast), mientras mantenían su trabajo independiente de forma remota. “Nos hicimos nómades digitales que, a diferencia de lo que se conoce como work & travel, no se trata de quedarse en un mismo lugar, sino que elegimos nuestro destino y no vivimos más de un mes en cada sitio”, explicó el joven mientras daba detalles sobre esta modalidad de vida que ya les ha permitido conocer 24 países.

Día de la Independencia Malaya en Panang (Malasia).

El Milenio: ¿Qué lugares han recorrido hasta ahora? ¿Cuánto se quedan más o menos en cada sitio?

Maximiliano Albella: Por el momento hemos estado en Brasil, Chile, Perú, EEUU, Maldivas, Malasia, Tailandia, Filipinas, Vietnam, Hong Kong, Corea del Sur, Japón, Australia, Indonesia, Singapur, Camboya, México, Dubai, España, Francia, Alemania, Inglaterra, Italia y República Checa.

En cada país hemos visitado varias ciudades, aunque en algunos sólo fuimos a la ciudad más importante, ya que al tener que trabajar de manera online, necesitamos de mucho y buen WiFi. Por lo general nos quedamos dos semanas en cada sitio. En algunos países nos quedamos más de un mes, como EEUU, México, Australia, España e Italia, porque había muchas ciudades que queríamos conocer.

EM: ¿Los destinos que eligen tienen que ver con su trabajo?

MA: A Malasia fuimos por trabajo, pero el resto de los países que visitamos los elegimos en función de nuestro presupuesto y las ofertas que haya en el momento.

EM: Encuentran hospedaje a través de Airbnb, ¿cómo funciona esta plataforma?

MA: Airbnb es un sitio donde buscás alojamiento, ya sea una casa entera, una habitación o una habitación compartida. Cuando llegás, te recibe el dueño, te da las llaves y te enseña algunas cosas de los alrededores y las normas de la casa. Prácticamente hay Airbnb en todos los países, lo que hace que sea una muy buena opción para viajar, ya que el precio es considerablemente más económico que el de un hotel.

Como nuestra prioridad es el trabajo (ya que sin él no podríamos viajar), buscamos siempre un Airbnb que tenga una buena mesa o escritorio para trabajar y WiFi, obviamente. Hemos compartido alojamiento en New York, Malasia, España y Japón, pero en la mayoría de los casos preferimos estar solos para trabajar más tranquilos.

Yakitori Alley es un barrio de Tokio muy angosto, lleno de pequeños restaurantes donde se puede comer la típica brocheta de pollo japonesa.

EM: ¿Cómo se manejan con el idioma?

MA: Por lo general hablamos en inglés, aunque siempre tratamos de aprender algunas palabras comunes o más usadas antes de visitar cada lugar. El inglés es casi un idioma universal, más en sitios turísticos donde los locales están en constante contacto con extranjeros. En los únicos lugares donde se nos complicó fue en Japón y Corea del Sur.

EM: ¿Cuál es el principal desafío de trabajar viajando, sin ir a una oficina u otro espacio semejante?

MA: Uno de los problemas que tenemos todos los días es que estamos en lugares increíbles, pero tenemos que cumplir con las tareas semanales del trabajo. Eso nos ha costado no poder visitar algunos lugares en nuestros viajes, ya que priorizamos ante todo el laburo.

El otro problema es que a veces el WiFi no funciona muy bien o es difícil encontrar lugares cómodos y tranquilos para trabajar. En Europa, es donde más se nos complicó, ya que la velocidad de internet no es de las mejores y los cafés suelen ser muy chicos y sin enchufes para conectar las computadoras.

El barrio de Shinjuku es uno de los más populares y activos de Tokio.

EM: ¿Qué es lo que más te gusta de este estilo de vida?

MA: Hay dos cosas que me gustan mucho de viajar. La primera es conocer sobre religiones, tradiciones y costumbres de otras culturas. De hecho, siempre tratamos de vivir cada ciudad de la manera más local que podamos.

Y la segunda es probar diferentes comidas. Hay sabores de comidas indias y chinas que se me han tatuado en el paladar. Y es increíble cómo se puede conocer una ciudad sólo por su comida. En muchos lugares que visitamos, las personas comen regularmente afuera de sus casas, tanto así que en Asia es difícil encontrar lugares para hospedarse con cocina.

“Empezamos cuando se nos venció el contrato de alquiler del departamento en el que vivíamos. Los dos teníamos trabajos freelance y decidimos vender todo e irnos de viaje por unos meses. Empezamos por Chile, Perú y Estados Unidos y terminamos viviendo cuatro meses en Malasia”

EM: Dijiste que siempre tratan de vivir una ciudad de “la manera más local que puedan”, ¿cómo lo hacen?

MA: Lo principal es ir a comer a donde come la gente de ese sitio. En Asia, gran parte de la experiencia está en lo gastronómico. A veces es un poco intenso, pero muchas otras, nos sorprendemos de lo rico que se come.

Y tratamos de ir al cine en todas las ciudades. Asia tiene unos cines increíbles. Además, es genial descubrir las cosas que venden en las salas. Por ejemplo, en Australia sirven vino, cerveza, panchos y pizzas. En Asia, casi todos los cines tienen una amplia gama de sabores de pururú, desde queso hasta cebolla, y no sólo dulce o salado.

Koh Lipe es una paradisíaca y pequeña isla del mar de Andamán (Tailandia).

EM: ¿Extrañás algo de la vida “sedentaria”, en un lugar fijo?

MA: Creería que sí, la vida “sedentaria” viene cargada con la seguridad y el confort de muchas cosas cotidianas que viajando carecen de sentido. Pero creo que, si nos quedáramos en algún lugar de forma permanente, extrañaríamos volver a vivir un tiempo en cada sitio.

Los Insta de Romi y Maxi son: @romikid y @maxialbella

EM: ¿Qué es lo más raro que les ha pasado en este tiempo viajando y trabajando?

MA: Nos han pasado muchas cosas raras. Tuvimos un aterrizaje abortado milésimas de segundos antes de tocar pista en medio de una tormenta en Camboya. Nos corrieron unos canguros volviendo de una caminata por la montaña en Australia. Casi nos llevan presos por darnos un beso en un tren en Malasia. Estando en una playa de Indonesia, nos escondimos del sol en una cueva que estaba llena de víboras. Pero lo más increíble es que estamos seguros, que el departamento donde nos quedamos en México, estaba embrujado.

Nos pasó de todo estando ahí. Se rompían cosas todo el tiempo y teníamos que llamar al dueño del Airbnb para que las arreglara. A veces no nos avisaban y cuando volvíamos al departamento había obreros trabajando. Nos quedábamos sin internet en los momentos donde más lo necesitábamos. Se nos cortaba la luz y el agua sólo a nuestro departamento.

Por la noche se sentían ruidos súper raros. Una de las mesas de luz rechinaba sola todo el tiempo. Y una de las últimas noches, yo me desperté porque sentí que me habían tocado la espalda y Romina me dijo que había visto a alguien al lado mío con chispas y fuego. Pero, si bien ella estaba soñando y siguió durmiendo como si nada, yo me quedé despierto toda la noche para ver si de verdad había algo. Nos re cantamos de miedo, pero no lo hablamos hasta que estuvimos en otro país.

El palacio de Gyeongbokgung en Seúl (Corea del Sur) tiene seiscientos años de historia.

EM: Al estar en constante contacto con diversas culturas, ¿sentís que vas perdiendo un poco tu nacionalidad o más bien que te vas enriqueciendo?

MA: Al principio notaba mucho las diferencias. Algunas me hacían ruido y otras las festejaba. Después de un tiempo empecé a ver más las similitudes. Hoy admiro las diversas culturas, ya que si bien hay cosas que no comparto, también me han enseñado mucho y han ampliado mi perspectiva.

EM: ¿Alguna vez se sintieron tan cautivados por un lugar que se plantearon quedarse a vivir ahí permanentemente?

MA: Nos gustaría quedarnos a vivir en casi todos los lugares, todos tienen algo que nos atrajo mucho. Pero si tuviera que elegir, Melbourne en Australia es uno de los favoritos. La gente es muy buena, hay mucha comida asiática y el clima es perfecto. Playa, bosque y montañas, todo a una hora de la ciudad.

EM: ¿Este estilo de vida afectó la relación cotidiana con tu pareja?

MA: No, en ningún momento. Hemos discutido en algún instante de estrés, como llegando tarde a un aeropuerto, pero nunca nos peleamos. Por lo general, cuando uno está estresado, el otro está calmado y llevamos ese equilibro en casi todas las situaciones.

Los doce apóstoles, una de las maravillas de Great Ocean Road, cerca de Melbourne (Australia).

EM: ¿Es cierto que se comprometieron durante sus viajes?

MA: Sí, nos comprometimos en la costa amalfitana de Italia. Fue todo un tema, porque tenía el anillo conmigo desde hacía unos meses y la verdad que no es algo fácil de esconder cuando sólo tenés dos valijas. Ella no se lo esperaba, fuimos a pasear a Amalfi y yo estuve todo el día nervioso intentando ocultar la caja del anillo. Merendamos en Minori y le sugerí ir a ver el atardecer en el mar ¡Y ahí le propuse! Me dijo que sí y nos fuimos a festejar a un restaurant con canilla libre de vino tinto.

EM: ¿Cuáles son sus próximas metas, tanto a nivel destinos y trabajo como a nivel personal? ¿Planean seguir viajando como hasta ahora?

MA: Nos gustaría poner un freno, no permanente, a esto de viajar y trabajar para tal vez pensar sólo en viajar. Porque si bien es increíble viajar y se aprende mucho, viajar y trabajar a la vez tiene su lado desgastante.

Hace casi un año empezamos un podcast llamado “En modo avión” que se puede escuchar por Spotify donde registramos lo que vivimos en nuestros viajes y planeamos seguir agregando episodios y contenidos, por lo que la meta siempre es seguir viajando.


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