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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

“El día que el ‘peor’ alumno me enseñó a ser ‘buen’ profesor”

Por Andrés Melano | periodico@elmilenio.info 

Elegí la docencia porque estoy convencido que, desde nuestro lugar, podemos cambiar el mundo. Aunque suene a frase hecha, realmente creo que la educación libera. Sin embargo, en tres años de docencia sentía que no lograba generar el vínculo necesario para lograr ese cambio en los alumnos que son catalogados como problemáticos en cualquier sala de docentes, pero que nadie hace nada por ellos.

Ese día, entré a cuarto año y les pedí a mis alumnos de producción en lenguajes que escribieran una nota editorial (Tesis, desarrollo argumentativo y conclusión) sobre un tema libre, que los motivara a exponer sus ideas y defenderlas. Luego de unos minutos, en el fondo del aula, Nacho levantó la mano y, al llegar a su banco, me preguntó: “¿Profe, puedo escribir sobre la escuela?”. Sí, claro, le respondí.  Por dentro, sentí la pequeña satisfacción de que algo empezaba a cambiar. Sobre todo, si tenemos en cuenta que corría el mes de agosto y Nacho, que ya había repetido año una vez, tenía su promedio aplazado desde marzo.

Luego de sesenta minutos, recibo cuatro carillas con su nota. Recuerdo que comenzó diciendo que la escuela era una cárcel, donde los padres depositaban a sus hijos para no tener que cuidarlos en sus hogares y que, al mismo tiempo, los docentes sólo se concentraban en los “buenos” alumnos y excluían a los “malos”. Continuamente, desarrolló su línea argumental con ejemplos e información recopilada de internet para, finalmente, concluir en que: “Si los docentes escucharan más a sus alumnos, habría menos ‘malos’ alumnos”.

Cuando terminé de leer, lo llamé y le propuse un trato. Le dije: “De ahora en más, yo te voy tener en cuenta, es más, te voy a poner un diez en la libreta por este trabajo, pero debés levantar mi materia, porque no quiero que te la lleves a diciembre… ¿Hecho?

Nacho me miró temeroso, desconfiado y con un dejo de tristeza, sólo me estrecho levemente su mano y volvió a su banco. 

Hoy, Nacho está en quinto año, desde ese día obtuvo diez en todos los trabajos y evaluaciones que hizo para mi asignatura. Cada vez que lo veo, le pregunto: ¿Cómo estás?

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