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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Al rescate de la infancia

El pasado viernes 12 de agosto, la reconocida Profesora y Licenciada en Psicopedagogía, Liliana González, brindó una enriquecedora charla en el Instituto Milenio Villa Allende sobre los desafíos de la paternidad en los tiempos que corren. “La vida de los chicos no puede pasar a través de las pantallas”, advirtió la profesional.

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Liliana González firma algunos libros con la lapicera personalizada con su nombre que le obsequió el Instituto Milenio Villa Allende

Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Los que son padres lo saben, y los que no, tienen sobrados ejemplos para imaginárselo: tener hijos es una experiencia tan hermosa como desafiante. Y como si ese desafío fuera poco, hoy se añade el reto que plantean las nuevas tecnologías. Así lo reconoció la respetada psicopedagoga, profesora y escritora cordobesa Liliana González, especialista en clínica de niños y adolescentes y en orientación familiar, durante su disertación en el Instituto Milenio Villa Allende, el pasado viernes 12 de agosto.

La charla, aunque por momentos parecía un stand up y arrancó numerosas risas al auditorio repleto de padres, también los obligó a hacer una interesante reflexión, cuando no una profunda autocrítica, tanto sobre la paternidad en general como en relación al uso de los aparatos tecnológicos.

“La vida de los chicos no puede pasar por las pantallas”, afirmó la profesional e instó a los padres a gozar sinceramente del encuentro con los hijos y a recuperar los cuentos, los juegos, el patio, la pelota, la mirada, la palabra y el universo de lo simbólico.

El Milenio: ¿Cuáles son los desafíos que plantean las nuevas tecnologías a la crianza de niños y adolescentes?

Liliana González: La tecnología llegó para quedarse y a los chicos les fascinó, nacen con unas posibilidades increíbles para eso. El desafío de los padres es filtrar, controlar y acotar. Filtrar contenidos, porque los chicos no pueden ver todo lo que anda dando vueltas por las pantallas, y fundamentalmente, acotar las horas. Todos los médicos y neurólogos están pidiendo que no sean más de 2 horas por día, aunque sabemos que hay chicos que tienen muchas más horas de pantalla, y nunca dos horas antes de dormir, cuando hay chicos que tienen el televisor en el cuarto o están con el celular y la tablet hasta altas horas de la noche.

El desafío es ese. La tecnología está, llegó para quedarse y es impresionantemente rica, pero la vida de los chicos no puede pasar por las pantallas. Ya tenemos problemas graves en la infancia y en la adolescencia, chicos con síndrome de abstinencia cuando los padres, frente al mal resultado escolar, les quitan de golpe toda la tecnología, tenemos chicos muy obesos, hay una epidemia de obesidad infantil, porque las horas que antes se corría, se jugaba a la pelota, son horas de estar sentados, encima comen mal, problemas visuales, auditivos, de columna. Pero fundamentalmente lo que yo veo en el consultorio es la caída de la autoría, les está costando dibujar, escribir un cuento, se están acostumbrando a apretar botones y que todo venga hechito, entonces la parte simbólica está muy pobre.

“No estoy demonizando la tecnología, llegó para quedarse y es maravillosa. Pero la vida de los chicos no puede pasar por las pantallas”

EM: Hay que poner límites claramente, el tema siempre es cómo, ¿qué consejos daría usted en este sentido?

LG: Soy enemiga de dar consejos porque cada familia es única, son situaciones absolutamente singulares y si yo doy un consejo a una familia le cae bien y la otra se siente mal porque le resulta imposible. Yo creo que no se puede tener hijos y no acompañarlos. La vida real tiene peligros y en la vida real somos padres bastante responsables y criteriosos como para decir “no comás un caramelo de alguien que no conocés”, “no hablés con un desconocido”, “no te subás al auto de un desconocido”, “no tomés una gaseosa que viene abierta”, “no crucés por el medio de la calle”, etc.

En la vida real yo creo que estamos presentes, el tema es que los hemos dejado muy solos en la vida virtual. Y lo virtual es muy peligroso también, es más peligroso quizás que lo real. Si acceden a sitios que no corresponden o que están manejados por adultos perversos. Yo creo que el consejo es acompañar. La tecnología no puede ser el chupete electrónico, no puede ser “los pongo ahí para que me dejen tranquila”, porque los pongo ahí pero ¿qué están viendo?

EM: ¿Y cómo controlás estas cuestiones, por ejemplo en la tablet, sin invadir la privacidad de los niños o adolescentes?

LG: A mí el argumento de invadir la privacidad me resulta difícil de entender porque por ley los chicos deberían tener Facebook a los 16 años recién, y ahí sí uno ya puede decir que es privado. Pero un chico con Facebook a los 10 u 11 años ¿de qué privacidad hablamos? Primero que Facebook no es demasiado privado, es bastante público y además lo hacen para mostrarse, suben fotos para que otros las vean, no para mantener la intimidad. La intimidad era el diario íntimo, que lo escondíamos bajo cuatro llaves para que nadie lo leyera.

Quiero decir que cuando los chicos son chicos y todavía no manejan sus vidas y no tienen un criterio de los peligros de lo virtual, los padres tienen que tener la clave, no para hacer un control policiaco, sino para, de vez en cuando, ver en qué andan sus hijos, por dónde navegan, quiénes son sus “amigos”. El argumento de la privacidad para la infancia la verdad que no me resulta, los padres deberían saber qué sienten, qué piensan, quiénes son los amigos de sus hijos, cuáles son sus sueños, eso no es privado.

EM: ¿A partir de qué edad usted recomienda que los niños tengan acceso a las pantallas?

LG: La Organización Mundial de la Salud dice que hasta los 2 años nada. O sea que los chicos no tienen que estar con el celular cuando son bebés o comiendo con el Sapo Pepe. Ya hay neurólogos que están diciendo 4 y ayer escuché uno que decía 6. Es imposible obviamente, porque estamos todos con las tecnologías. Los chicos abren los ojos al mundo y sus padres ya están con el celular en la mano y si ellos mismos no lo pueden soltar ni siquiera para comer o para entablar una conversación con su hijo, el celular se transforma en lo más valioso de la vida para el papá y para el hijo, porque los hijos siempre han querido lo que tienen los padres.

“Ningún bebé nace pidiendo pantallas, las pantallas las ven en nosotros”

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EM: ¿Qué conductas de los padres contribuyen a esta inmersión de los chicos en las nuevas tecnologías?

LG: Y la propia decisión de los adultos. Yo no puedo creer que los adultos no puedan sostener un ritual familiar como es la cena, sin celulares. Si los adultos no pueden apagar el noticiero, a sabiendas que se puede grabar o verlo después por internet cuando los chicos duermen, y exponemos a los chicos de 5 o 6 años a comer con un noticiero, la verdad que algo nos pasa, no estamos pensando en la infancia.

EM: ¿Está a favor del “no” a la tecnología, el “te castigo, no podés usar más la tablet”?

LG: La prohibición nunca funcionó, en ninguna época de la historia. La prohibición lo único que hace es aumentar el deseo. Lo que hay que hacer es regular, un chico no tiene que llegar a tener 8 horas de pantalla por día para que los padres le digan “te sacamos todo”, porque si vos le sacás 8 horas que tenía de golpe, el chico hace un síndrome de abstinencia, como si le sacás la droga a alguien de golpe. Es una adicción cuando son tantas horas. Entonces me parece que no, para nada.

Yo soy pro tecnología, pero también soy pro dibujo, pro cuento, pro palabra, barrilete, piedritas en el agua, conocer la naturaleza. La vida de los chicos tiene que ser una mixtura. Yo estoy preocupada por los chicos cuya vida pasa de la escuela a las pantallas y de las pantallas a la escuela.

“Yo soy pro tecnología, pero también soy pro dibujo, pro cuento, pro palabra, barrilete, piedritas en el agua, conocer la naturaleza. La vida de los chicos tiene que ser una mixtura”

EM: ¿Le parece que hay herramientas dentro de lo que brindan las nuevas tecnologías que pueden ayudar a estimular a los chicos?

LG: Sí, yo no conozco esos juegos pero seguramente los hay y esos serían los indicados. Los que no son indicados son los que apelan a la violencia y los que apelan a que aprieten botones y que no hagan nada más que gozar de lo que ven. Si el juego propone un pensamiento, propone una creatividad, bienvenido sea.

De todos modos yo les quiero avisar a los padres que los chicos no están queriendo escribir, están agarrando el lápiz como si fuera un puñal y la verdad que son chicos que no han dibujado, no han cortado con tijeras, entonces llegan a la escuela y no pueden escribir, porque no tienen la pinza de los dedos digamos, lo digital no tiene nada que ver con la pinza que es necesaria para escribir.

“Los chicos están necesitando padres con orejas de Dumbo, los chicos están necesitando más mirada, más escucha y menos pantalla. Se podría decir que la tarea ahora es acotar pantallas para que vuelvan a aparecer la palabra y la mirada”

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