Tradición familiar

Diego y Mateo Klimowicz, padre e hijo, dos generaciones familiares que comparten la pasión por el fútbol.

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Diego y Mateo en IENM compartieron sus anécdotas futbolísticas.

Redacción El Milenio

Diego Klimowicz ingresa a la sala de entrevista, y su presencia no pasa desapercibida. Sus 1,91 metros de altura y su gran porte físico demuestran las principales características del gran jugador bonaerense -pero cordobés por adopción- , que tuvo su inicio como jugador de fútbol profesional en el Club Instituto de Córdoba en la década del ’90.

A este club retornaría en el año 2011 para hacer su retiro futbolístico, luego de una gran trayectoria en el deporte, donde vistió las camisetas de clubes españoles como Rayo Vallecano y Valladolid. Así como también tuvo épocas de gloria en el fútbol alemán representando al Wolsburgo, Bochum y Borussia Dortmund.

Diego fue un 9 de área, un jugador potente, gran cabeceador y goleador. “Yo juego diferente”, explicó Mateo, su hijo de 14 años. “Recuerdo que mi papa era goleador, y que jugaba muy cerca del área. A mi me gusta jugar de enganche, tener mas la pelota y encarar de frente al arco. Tengo mas participación en el juego y mas opciones de pase, al 9 o a los laterales, o puedo encarar al arco también”, continuó Mateo.

Su padre Diego, concuerda en la afirmación de Mateo y agrega: “Él es un jugador más técnico, sabe tener la pelota y distribuirla, al contrario de mi juego donde yo pensaba siempre en convertir el gol”.

La entrevista se convierte en una distendida conversación de fútbol. Mateo y Diego, no solo comparten la pasión por el fútbol, sino que Mateo también disfruta de jugar en Instituto de Córdoba, el club donde su padre tuvo gran reconocimiento futbolístico.

Por otra parte, Mateo es alumno del colegio Instituto Milenio de Villa Allende, y actualmente juega en las inferiores de AFA de Instituto, donde sueña hacer su carrera futbolística para llegar a debutar en la primera división del club.

Historias.

Padre e hijo recuerdan con gracia anécdotas de su pasado en Alemania, donde vivieron entre los años 2002 y 2010, cuando Diego estuvo jugando en la Liga Alemana. “A mi papá le costaba mucho hablar alemán”, explica Mateo, “yo aprendí rápido porque me crié con el idioma. Fui a vivir a Alemania cuando tenia un año, y nunca me costo hablarlo” agregó el niño.

“Yo tuve profesoras que no enseñaban bien”, se defendió a priori Diego. “Aprendí lo básico para poder comunicarme y podía dar reportajes, pero la gramática me costaba muchísimo”, se manifestó el padre.

Las anécdotas del idioma no son las únicas que recuerdan de Alemania. Por el lado de Diego, tuvo un gran paso por el fútbol alemán. Llego al Wolfsburgo en 2002 proveniente de Lanus de Buenos Aires, y defendió esa camiseta por cinco años. En 2007 fue comprado por el club Borussia Dortmund, club de la elite alemana. De esta forma, Diego fue partícipe de la Liga Alemana en un equipo de primer nivel. Sus últimos pasos en el fútbol alemán los dio en el Bochum donde jugó dos años entre 2008 y 2010.

“No tengo muchos recuerdos de mi papá jugando en Alemania, yo era muy chico cuando viví allá”, se lamenta Mateo. Pero sí tiene recuerdos de su paso por el fútbol alemán. “Jugué en algunos clubes de barrio cercanos a donde vivíamos”, cuenta Mateo. “También fui a hacer una prueba en Borussia Dortmund, donde me iban a fichar para el club, pero por la distancia desde donde vivíamos no seguí yendo a entrenar”, comentó Mateo. “Además lo quisieron poner de arquero”, agregó Diego. “Eso cerró definitivamente las puertas” se rió su papá.

Regreso a las raíces.

Haciendo un poco más de historia, pero esta vez desde Córdoba, Diego y Mateo recuerdan su vuelta a Argentina junto a su familia en el año 2011, donde la situación futbolística de Diego lo colocaba nuevamente en el club de sus inicios. Esta vez para jugar su última temporada en el fútbol profesional, disfrutando de su gente.

“Retirarme del fútbol fue un momento duro, pero para el cual estaba preparado. Fue dejar de hacer una actividad que yo disfrute y ame, que me dio alegrías y tristezas, pero que marcó mi vida”, cuenta Diego.

“El último partido fue muy difícil, estuve toda la semana pensando en esa situación, entre recuerdos y una mezcla de sentimientos”, continuó Diego. “Recuerdo muchos partidos de mi papá en Instituto”, se expresó Mateo. “Lo iba a ver a la cancha, y cuando hacia un gol lo gritaba muchísimo. También me ponía muy nervioso, porque a veces desde la hinchada lo insultaban y eso no me gustaba”, adicionó Mateo.

El futuro.

Situándonos en el presente, Mateo explicó que actualmente juega en inferiores de Instituto, en la categoría 2000 y que aspira a vestir los colores de La Gloria en su máxima categoría.

“Me gusta la ideología de Mateo”, explica Diego. “Hoy en día con la globalización y la tecnología los chicos ven partidos de fútbol europeo de primer nivel, y fútbol árabe o estadounidense donde se pagan fortunas de dinero por un jugador. Mateo tiene metas concretas. Para mi es un orgullo verlo jugar en Instituto porque al mismo tiempo me devuelve a mi infancia”, se explayó el papá. “Me gusta verlo jugar, acompañarlo a la cancha y compartir el fútbol con él”, finalizó Diego.

Mateo y Diego Klimowicz, van juntos a la cancha a ver a Instituto, el club que los une mas allá de lazo familiar. El club que los vio nacer futbolísticamente, que tuvo tantas alegrías con Diego y que depara un gran futuro para su hijo Mateo.

EL MILENIO

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