27 julio, 2026

El Milenio

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Unquillo: Capoeira, el movimiento de la resistencia

Nacida en Brasil como una estrategia para ocultar técnicas de lucha durante la esclavitud, esta expresión cultural afrobrasileña combina música, danza y arte marcial. En Unquillo, Cecilia Gallará dicta clases de lunes a viernes en Dandara Multiespacio, donde continúa transmitiendo esta tradición.

Por: Matilda Heredia y Morena Rodríguez 4° IENM – Bianca Romero, Isabella Furrer y Martina Pérez 4° IMVA


A primera vista, la capoeira puede parecer una coreografía. Los movimientos son fluidos, hay música en vivo, canto, palmas y, muchas veces, acrobacias que llaman la atención de quienes la observan por primera vez. Sin embargo, detrás de esa expresión artística existe una historia de resistencia que se remonta a la esclavitud en Brasil. Lo que hoy es reconocido como una manifestación cultural afrobrasileña nació, en realidad, como una estrategia de supervivencia: una forma de entrenar técnicas de lucha y autodefensa sin despertar sospechas entre los opresores.

Esa combinación entre arte marcial, danza, música y expresión persiste como una de las principales características de la capoeira. «Ellos necesitaban disfrazar sus técnicas para poder entrenar su lucha. Lo hicieron con música y con danza», explicó Cecilia Gallará, quien actualmente dicta clases en Unquillo y es conocida dentro de este universo como «India».

Más allá de la técnica, la disciplina también conserva otras tradiciones heredadas de su historia, como los llamados apellidos, o sobrenombres que identifican a cada practicante dentro de la comunidad. Gallará,  instructora del Grupo Capoeira Brasil (GCB) del Mestre Paulinho Sabiá, explicó que antiguamente los esclavos liberados utilizaban estos nombres para ocultar su identidad y evitar ser encontrados. Hoy esa costumbre permanece, aunque con un significado diferente. Al respecto, contó: «Es algo más del profe con el alumno y queda como de una forma más cariñosa».

A diferencia de otras artes marciales, la música ocupa un lugar central y guía cada movimiento dentro de la roda, el círculo donde se desarrolla el juego entre dos participantes. «Es la única arte marcial que se maneja por la música; va primero la música y ella hace que uno se vaya moviendo», señaló Gallará. Cada ritmo interpretado por el berimbau marca una dinámica distinta y modifica la forma en que se desarrolla el jogo, nombre que recibe el intercambio entre quienes ingresan al centro de la rueda.

La instructora también explicó que la capoeira actual conserva las técnicas propias de un arte marcial, como patadas, barridas, esquivas y desplazamientos, aunque el objetivo no es lastimar al otro. 

«Aprendemos técnicas marciales, pero no las usamos para aplicarlas desde un lugar de agresión», afirmó. En ese sentido, destacó que la práctica propone un juego donde cada participante tiene la posibilidad de responder, transformar el movimiento y aprender a caer de manera segura. 

El Milenio: ¿Cuáles son los tipos de Capoeira y qué beneficios trae practicar este arte marcial?

Cecilia Gallará: Mestre Bimba, es la línea que tenemos en mi escuela, que es de Capoeira regional y después tenés Mestre Pastinha que es de Capoeira Angola, capaz más tradicional, que va a los fundamentos y a la espiritualidad. Son dos diferentes formas pero es todo capoeira. En Brasil pasa mucho que casi todos los profes de capoeira son profes de educación física porque ellos se ocupan de la salud física necesaria para este arte. La capoeira es, yo hablo desde mi lugar, un arte marcial super completa: tenés la parte de danza, de música, de canto, aprendés un idioma y tenés la parte de lo colectivo, del compañerismo, porque no se hace sola, se hace de a varios y te hace tener una vida mucho más saludable y más sana, porque si se quiere mejorar y ser cada vez mejor, uno solo va yendo hacia eso. Creo que hay que vivirlo como para ser capaz de entenderlo.

EM: ¿De qué forma llegó la capoeira a Argentina y a Sierras Chicas? ¿Qué adaptaciones tuvo? 

CG: En Argentina llega primero a Buenos Aires y después para Córdoba, más o menos al mismo tiempo, alrededor del 2004. Llega un profe brasilero a Buenos Aires y otro a Córdoba capital y desde ese momento varias personas empiezan a iniciarse con él. En Sierras Chicas, en Unquillo, llegó recién a fines del 2010 y fue cuando empecé. Inicié con un proyecto social en el Polideportivo de Unquillo, donde podían ir los chicos menores de 25 años gratis. Estuvo muy bueno porque se acercaron muchos sin saber qué era. 

Lo que se busca es mantener los valores. Nosotros tenemos un mestre que es quien creó nuestro grupo, que es de Río de Janeiro. Lamentablemente lo perdimos hace muy poco, pero él fue quien creó nuestra escuela y por él, nosotros fuimos aprendiendo todos los que venimos de esa descendencia, y seguimos con los mismos fundamentos de su escuela. El día de mañana vos podés enseñar si entraste en Grupo Capoeira Brasil, podés ser un instructor con esos fundamentos y está bueno respetar eso, porque justamente es respetar esa ancestralidad. Entonces las adaptaciones suelen ser, por ejemplo, dar la clase en español, no en portugués; pero las canciones las cantamos en portugués, la música la aprendemos estudiando mucho, sacando lo mismo como nos enseñaron allá, los movimientos son los mismos de allá. Para eso los profes tienen que tener un constante vínculo con Brasil, viajar, instruirse, formarse. 

EM: ¿Hay competencias de Capoeira en Argentina? ¿Cómo se organizan? 

CG: Hay muchas competencias en Brasil de Capoeira, aunque yo soy un poco anti competencias.  Localmente no hubo tantas, creo que fue una en el 2008, pero no eran muchos. Y en Buenos Aires hay un grupo de otra escuela que empezó a hacer como una competencia de nuestra línea.

Después hay otros tipos de encuentros, que creo que son las que más me copan, en las que se ve como se desarrolla el jogo, y que hay  diferentes estilos dependiendo de la música. En nuestra escuela creemos en esto de que cuando uno entra a hacer Capoeira es con el otro, no contra el otro, es un diálogo. No es que yo voy a matar a mi compañero. Si bien hay entradas y todo eso, se hacen con buena intención, para que la otra persona entrene, sepa salir, transforme o muchas veces caiga, pero de buena manera, no es que se hace con una intención de derribar.


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