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Por: Dasha de Loredo, Matilde Encina, Josefina Arra y Olivia Gómez 4° IENM – Benjamín González 4° IMVA
Cuando somos niños, alguien siempre nos cuenta una historia. En el jardín, en la escuela, antes de dormir o en una biblioteca, los cuentos aparecen como una forma natural de descubrir el mundo.
Sin embargo, a medida que crecemos, esos espacios se vuelven cada vez más escasos y pareciera instalarse la idea de que escuchar relatos es una actividad reservada para las infancias. Para la narradora oral Nadina Barbieri, esa ausencia deja un vacío que vale la pena recuperar.
Con más de dos décadas dedicadas a la narración oral, Barbieri es una referente cultural de Sierras Chicas, reconocida por sus espectáculos y propuestas destinadas principalmente a niños y niñas. Ahora, esa trayectoria toma un nuevo rumbo con “Literatura en Voz», un ciclo mensual que se desarrolla en la librería Tres Burros de Río Ceballos y que, a diferencia de gran parte de su trabajo anterior, está pensado especialmente para jóvenes y adultos.
La iniciativa surgió a partir de una conversación con Inés, dueña de la librería. «Hace rato que tenía ganas de hacer algo para jóvenes y adultos y se me ocurrió fusionar la lectura en voz alta, la narración oral y la posibilidad de que la librería pudiera difundir el hermoso material literario que tiene», explicó Barbieri. El primer encuentro, realizado en mayo, superó las expectativas y agotó rápidamente la capacidad del espacio, motivo por el cual las próximas ediciones continúan funcionando con reserva previa.
Más allá de la actividad en sí, la narradora aseguró que el proyecto también responde a una necesidad personal de volver a generar espacios de encuentro alrededor de la palabra. En los últimos años, sus viajes frecuentes entre Córdoba y Entre Ríos dificultaron la continuidad de Río Cuentero, el ciclo comunitario que sostiene desde hace más de veinte años junto a la narradora Karina Filoni. Frente a esa realidad, encontró una nueva manera de seguir compartiendo historias y sostuvo: «La posibilidad de volver a reunirnos para escucharnos me parece importante».

El Milenio: ¿Cuál es la diferencia fundamental entre leer un cuento en voz alta y narrarlo oralmente?
Nadina Barbieri: Creo que hay muchas diferencias, la fundamental es que cuando uno narra un cuento oralmente tiene la posibilidad de mirar permanentemente a todas las personas que nos están escuchando a los ojos y eso es una conexión increíble. Además, toma mucho más rápido la devolución que esas personas nos hacen cuando nos están escuchando.
Los niños fundamentalmente son super espontáneos y mientras uno va narrando, ellos van respondiendo o van ampliando o participando de eso que uno propone. La narración oral nos permite el espíritu del fogón que tiene la palabra que fue pasando de boca en boca, que uno suma lo que pueda responder alguien en la ronda y decir, «a mí también me pasó» y uno puede continuar con el relato, y se va enriqueciendo. Uno abre el juego porque me despego del objeto libro, que generalmente me limita en la mirada cuando estoy compartiendo la lectura, entonces puedo darme el lujo de poder enriquecerlo con movimientos, con otras voces, con miradas, con moverme en el espacio. Creo que esas son para empezar algunas de las diferencias, pero ambos momentos son ávidos y son buenísimos para compartir.
EM: ¿Cuáles son los mayores miedos o trabas que expresan las personas a la hora de animarse a leer para otros?
NB: Creo que cada una de las personas siempre tenemos algún que otro resquemor en hablar delante de otros, sobre todo cuando los demás son otros que no conocemos, estamos en un espacio donde es la primera vez que estamos compartiendo, incluso hasta con nuestros amigos, con nuestros pares. Creo que lo importante es poder tomar esta actividad o este acto de decirlo en voz alta como un regalo. Yo considero que lo que hago es dar mi palabra, la comparto. Es tan linda la historia que leí, es tan linda la poesía que llevé, que tengo ganas de que otros y otras lo disfruten. Entonces, desde ese lugar de entrega, de regalo para el grupo, creo que uno baja un poquito el nerviosismo, de esa sensación que nos agarra el miedo, el terror de decirlo en voz alta, pero después que uno ya lo larga y sale, les puedo asegurar que se empieza a contagiar las ganas de decir y de participar.
EM: ¿Por qué considerás que es importante contar y escuchar historias más en estos tiempos de inmediatez y exceso de información y estímulos?
NB: No me molesta tanto el exceso de información y de estímulos, pero sí considero que es importante volver a estas costumbres, a estos rituales. Yo creo mucho en los ritos y en los rituales. En “El Principito» cuando va a verlo al zorro y él le dice»Si yo supiese que ibas a venir a las 4, desde las 3, ya estaría preparando mi corazón», y le menciona que los ritos son importantes. Entonces, el Principito le pregunta qué son los ritos, y el zorro le responde que son algo ya muy olvidado por todos y es lo que hace que una hora no se parezca a otra y que un día no se parezca a otro. Y yo creo que esos son los rituales que nos están faltando, precisamente esas cosas que hacen que un día sea diferente a otro y que una hora no se parezca a otra, creo que eso es lo más importante que tiene el vivir, la vida. Lo que pasa es que a veces se deja de hacer.
No me pasó nunca que los chicos me digan que no tienen ganas de escuchar un cuento. A lo mejor uno o dos me levantaron la mano y me dijeron, «Yo no». Entonces yo acepto también y les digo, «Bueno, yo lo voy a contar igual, pero ustedes no van a escuchar nada, todos los compañeros van a escuchar, pero ustedes no tienen que escuchar nada”. Generalmente yo no empiezo directamente, nunca obligué a nadie a escuchar, pero los chicos permanentemente se están contando cosas. Todos lo hacemos. Por más que tenemos celular, las redes, fotos, cuando nos encontramos con nuestro mejor amigo o mejor amiga le decimos «Te tengo que contar algo». Hay una cosa en la oralidad que no se reemplaza por nada, que lo tenemos que contar así personalmente. «Vení, por favor, o paso por tu casa y te tengo que contar”, “nos encontramos, te lo tengo que contar». De eso creo que se nutre la narración oral, de que yo voy a proponerte algo que a vos te va a interesar escuchar.
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