Por: Cruz Romero y Valentino Zuliani 4° IMVA; Emilio Citto, Valentina Olivera, Guillermo Manzano y Uma Salto 4° IENM.
- Origen artesanal: El grupo se formó definitivamente en 1996, tras años de aprendizaje autodidacta y «artesanal» escuchando vinilos y casetes.
- Identidad sonora: Defienden el equilibrio entre lo instrumental y lo vocal, rechazando el uso de pistas pregrabadas o sonidos por computadora en vivo.
- Independencia comercial: Han priorizado su autenticidad artística por encima de las exigencias del mercado, llegando a rechazar propuestas de productores para sonar más «comerciales».
- Vínculo familiar: Los integrantes se consideran una familia, siendo padrinos de sus respectivos hijos y manteniendo la flexibilidad para seguir juntos tras más de media vida.
- Festejo central: Celebrarán su tercer aniversario el próximo 17 de enero con un evento gratuito en la Avenida San Martín de Río Ceballos.
- Nuevos proyectos: En la previa del aniversario, la banda se encuentra grabando un videoclip y preparando un espectáculo con músicos y bailarines invitados.
Antes de ser DNI Folklore, eran apenas un grupo de estudiantes del profesorado de música, sin otra ambición que tocar lo que les gustaba. “Éramos chicos que defendíamos mucho lo que queríamos a nivel musical”, recuerda Jorge Alejandro González —santacruceño, guitarrista y una de las voces de la banda—.
Al evocar aquellos años, cuenta que todo empezó casi por accidente, en una juntada entre amigos. Una peña en San Antonio de Arredondo, una invitación informal y una pregunta sencilla entre colegas que recién asomaban al mundo de la música: “¿Qué tocás vos?”. El resto fue intuición y la certeza de que, de tocada en tocada, algo se estaba formando.
Al comienzo se llamaron Cañada Arriba, en honor a un tramo del emblemático arroyo que atraviesa Córdoba Capital, cerca del cual ensayaban y vivía uno de los integrantes. Iban donde los invitaran —muchas veces sin cobrar— y grababan sus primeras maquetas en cassettes que llevaban a Radio Nacional.
En esos años, sin internet ni tutoriales, aprender un tema implicaba viajar a la casa de un profesor con un salamín, un boleto del viejo colectivo Ciudad de Córdoba y un walkman en la mochila, para pedirle que tocara lo que ellos necesitaban estudiar. Lo grababan, lo copiaban y practicaban. Una tarea artesanal y sin atajos, pero de un valor fundamental.
“Buscábamos información donde fuera. Nos quedábamos una tarde entera escuchando a alguien tocar, indagábamos en los vinilos, en los cassettes”, recuerda Jorge. El grupo tomó forma definitiva en 1996, cuando grabaron su primer disco y quedó establecida la alineación con Jorge González, Gastón Rodríguez, Ariel Torres y más tarde Mariano Paz en percusión.
En el camino, la química musical se mezcló con un vínculo afectivo profundo. Al respecto, González remarca: “Somos más que compañeros de laburo. Somos familia, somos padrinos de los hijos del otro. Seguir juntos después de tantos años es un logro en sí mismo. Hemos pasado más de la mitad de nuestras vidas a la par, como banda y como familia, y uno de los aprendizajes ha sido el de ser flexibles y aceptar al otro como es”.
A la hora de componer, Gastón Rodríguez y Ariel Torres se volvieron piezas clave, tomando la iniciativa en melodías principales y letras. No obstante, el espíritu colectivo siempre se impuso en la creación de arreglos, incluso en los inicios, cuando el proceso de un simple era una tarea casi imposible.
“Lo primero que armamos a la hora de elaborar un tema es una maqueta -explica Jorge-. Y al comienzo, considerábamos un logro que alguien nos llamara para grabar gratis, porque ir a un estudio y luego pagar la masterización era carísimo”.
La autenticidad sobre el éxito

Desde el comienzo, la banda buscó sostener una identidad propia en un momento en que casi no había grupos que pusieran a los instrumentos en primer plano. La mayoría —recuerda Jorge— trabajaba con un cantante al centro y músicos en rol secundario.
“Nosotros teníamos instrumentistas capaces de tocar de todo y nos planteamos llevar al frente un equilibrio entre lo instrumental y lo vocal”, afirma. Esa búsqueda, que sostienen desde hace más de treinta años, es para él una de las claves de la vigencia del grupo.
De esta manera, si algo caracterizó a DNI Folklore fue resistir las tentaciones del mercado. Cuando los productores priorizaban pistas pregrabadas o buscaban “temas comerciales”, ellos dudaban. Y más de una vez dijeron que no. “Nunca nos inclinamos a hacer música persiguiendo el éxito comercial”, subraya el entrevistado.

Un ejemplo quedó marcado en el disco Aguante barrio (2001), cuando el productor insistió en incluir un candombe llamado Sambalá e incluso lo remixó. “Todavía nos da vergüenza —bromea Jorge—. No era lo nuestro”. Esa experiencia fijó un límite: la autenticidad no se negocia.
Sobre el escenario, la banda sigue fiel a su fórmula con la adrenalina del sonido crudo, sin introducir sonidos desde computadoras. Al respecto, Jorge señala: “Preferimos sonar lindo o feo, pero sonar nosotros. No queremos simular nada, nos gusta tocar y tocamos en vivo. Creo que eso contagia”.
Esa honestidad artística lo llevó a Jesús María, Cosquín, la Chaya y múltiples festivales, aunque hoy reconocen que ingresar a las grandes grillas es más complejo. Cuentan que se arman paquetes y las bandas intermedias —como ellos mismos se describen— quedan en un limbo entre lo emergente y lo masivo.
Raíz firme, público nuevo y un cumpleaños en el horizonte

¿Cómo dialogar con nuevas generaciones sin perder la esencia? Para Jorge, la clave es simple: sentir el folklore de verdad. En las giras, sin embargo, lo que más suena es rock nacional, y entre viaje y viaje se cuelan tango, jazz o música latinoamericana.
No obstante, al momento de tocar, regresan siempre al territorio que los formó y al llamado de sus referentes: Atahualpa Yupanqui, Alfredo Zitarrosa y tantos otros que moldearon la huella musical del grupo. Sus arreglos, además, están pensados para los bailarines, parte fundamental de su universo sonoro.

El público también cambió. Hoy hay más jóvenes en sus recitales, algo que atribuyen a la revitalización del género y a programaciones que mezclan folklore con cuarteto u otros estilos. “Nuestros hijos de 20 escuchan folklore; no necesariamente a nosotros, pero lo escuchan”, dice González entre risas.
La celebración por los 30 años los encuentra en un momento maduro y con brújula clara. La fiesta del tercer aniversario tendrá lugar en Río Ceballos, en la Avenida San Martín. La misma cortará especialmente para los festejos, donde participarán colegas -tanto músicos como bailarines-, amigos, familia y quienes están desde siempre. Mientras tanto, aparte de preparar lo que será el espectáculo, el conjunto se encuentra rodando un videoclip.

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