CULTURA
Por: Luisana Orzan y Julia Zangara 4° IMVA; Lucia Ballistreri y Aylén Nieva 4° IENM.
El tango, nacido en la región del Río de la Plata, también dejó huella lejos de Buenos Aires y Montevideo. En Caracas, Venezuela, marcó la formación de Kendy González, hoy vecina de Cabana, quien desde 2017 promueve una milonga a cielo abierto en Sierras Chicas.
Su pasión por este género comenzó en la infancia, influenciada por su padre, que solía cantar tangos como hobby, y por la impronta cultural de espacios como el bar Gardeliano, en honor a Carlos Gardel. Años después, cursó la carrera de danza escénica y comenzó a trabajar en una compañía de danza-teatro, donde se reencontró con esa pasión.
Cuando llegó a Buenos Aires, hace más de una década, se sorprendió por las milongas públicas y abiertas, distintas a las muestras de tango que conocía de su lugar de origen. Con ese espíritu comunitario en mente, apenas se radicó en la zona presentó en la Casa de la Cultura la idea para realizarla en su nueva localidad.
Desde entonces, cada viernes, el Patio Español de la municipalidad reúne a vecinos de todas las edades para compartir música y baile, en un espacio sostenido por contribuciones voluntarias y ayuda del municipio. “Mi propósito ha sido tratar de que la gente que no conoce el tango pueda acercarse y entender que no es solo porteño, sino profundamente argentino”, destacó González.

El Milenio: ¿Qué puede encontrar un participante que asista por primera vez a este evento?
Kendy González: Va a encontrar a gente apasionada. Siento que te tiene que gustar involucrarte en el mundo de las emociones que surgen a través del tango, que es una danza muy íntima en el que se abraza desde un lugar hermoso, porque trasciende la sensualidad y el acercamiento con el otro.
Yo trato de transmitir que es una danza fraterna. Te abrazás con una nena, con un nene, con un señor, con una señora, como que no lo llevás solo a la parte erótica, que muchas veces así lo vendemos, y resulta que tiene un universo de lenguaje que pasa por otros lados completamente distintos a ese concepto que se tiene del tango.
EM: ¿Cómo describirías el desarrollo de la propuesta estética y musical de la propuesta?
KG: Particularmente esta milonga a cielo abierto se desarrolla en un espacio históricamente estructurado como un hotel, así que tiene como esa sustancia de arrabal del tango. De paso el edificio es hermoso, a la noche tiene unas luces preciosas, el municipio cambió el piso y está adecuado para bailar, y eso es fundamental para poder desplazarse. Siento que el lugar se presta temáticamente para el tango, como que la estructura física ya está dada. No sucede como en el Salón Dorado, donde tengo que llevar algún foquito con luces cálidas porque la luz blanca es muy fuerte.

EM: ¿Qué diferencia a la milonga de otras experiencias de tango?
KG: Acá la milonga tiene espontaneidad, una estructura muy flexible. Hay otras porteñas que tienen una estructura rígida; pero yo no me quedo en esas rigideces y tradiciones, sino que busco también la fluidez. Hay que entender que dentro de la generación que estamos viviendo, el tango hoy no tiene género, es como una cosa en la que querés bailar. Yo como mujer puedo guiar y como hombre también puedo ser guiado. Entonces busco generar eso, es como una gran familia de distintas edades, distintos pensamientos en donde se busca encontrarse y respetarse. Hago un hincapié profundo desde mi lugar en que nos conozcamos, que hagamos incluso actividades.
EM: ¿En qué se asemejan y en qué se diferencian una milonga de estas características con las que se organizan en Buenos Aires?
KG: En Buenos Aires tenés todos los horarios de milongas, incluso en el día. Acá por ser municipal tenemos un rango específico, no estamos hasta las cuatro ni tres de la mañana, a la una termina. Es como que tiene una estructura más tranquila y se acomoda también al lugar en el que vivimos. A su vez, lo siento muy profundo, muy real, como que la danza se posiciona también a través de esa territorialidad. La diferencia es esa, somos completamente opuestos. Lo otro es una ciudad, todo parece de día, incluso en la noche, estás con mucha estimulación.

EM: ¿Qué dificultades han surgido en la gestión del proyecto?
KG: Creo que la insistencia mía y la constancia ha sido un punto a favor, aunque me desgastó un montón porque cansa. Por ejemplo, el tema del equipo y sonido era algo necesario y sentía que lo tenía que abarcar y eso recién se dio el año pasado. Estuve siete años trayendo y llevando mi parlante en un colectivo, no lo podía ni siquiera dejar porque no se hacían cargo.
EM: ¿Cómo ves la evolución del tango en las nuevas generaciones y qué respuesta dieron los vecinos de las Sierras Chicas ante la iniciativa?
KG: Yo siento que recién ahora, a ocho años de la milonga a cielo abierto, llega gente de la zona. Es un público difícil, la gente prefiere otras cosas. Tengo gente de Unquillo, de Cabana, pero costó que vinieran y se hicieran parte del proyecto. Mirando hacia el futuro me gustaría que haya más espacios de milongas en espacios públicos. Creo que existe la capacidad de infraestructuras que tienen que estar más avaladas por municipios para bancar proyectos.

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