DEPORTES
Por: Benjamín Godoy y León Zavala 4° IENM; Jazmín Falessi y Tiana Llorens 4° IMVA.
En septiembre, Argentina obtuvo la medalla de oro en el Campeonato Sudamericano Senior 2025, realizado en Bolivia. Las protagonistas fueron Celeste D’Arcángelo y Agostina Vargas Re —las dos cordobesas— junto a Martina Gil, de Buenos Aires. Ambas compitieron en la categoría individual, bajo la dirección técnica de la entrenadora cordobesa Vanina Lorefice, quien valoró: “Hace doce años que Argentina no lograba este título, así que tanto para el equipo como para mí fue algo sumamente grande”.
La historia del triunfo se remonta a cuando Lorefice empezó el deporte a los cuatro años y, aunque contaba con el apoyo de su familia, enfrentaba desde entonces obstáculos económicos propios de la disciplina. Así, con tan solo 17 ya trabajaba como ayudante de entrenadoras mientras cursaba el profesorado de Educación Física, convencida de que su camino estaba en formar nuevas generaciones. Al respecto, reflexionó: “Nunca se me cruzó por la cabeza otra profesión”.
Posteriormente, al finalizar la carrera, presentó un proyecto en un centro vecinal de Córdoba, donde inició la formación de niñas y niños en gimnasia rítmica, siendo esta su primera experiencia laboral. Más tarde, los buenos resultados la llevaron a conducir el equipo nivel elite del Club Municipalidad de Córdoba como también un diplomado de Gimnasia Rítmica en la UNC.
En tanto, hace ocho años, se desempeña como entrenadora nacional del equipo argentino, acompañando a las gimnastas que este año devolvieron al país a lo más alto del podio sudamericano.

El Milenio: ¿Cuál considerás que fue la clave para lograr la victoria y qué rasgos de tu método crees que fueron eficientes para alcanzar el objetivo?
Vanina Lorefice: Por un lado, es un deporte en el que la formación y el trabajo requieren de mucha inversión por parte de las familias, ya sea para poder viajar, buscar capacitaciones y rozarnos con Europa. Mis gimnastas cada año invierten en una gira europea donde entrenamos por uno o tres meses afuera y nos capacitamos con las mejores del mundo para poder estar al nivel. Uno de los grandes obstáculos que tenemos es la falta de medios y de acompañamiento económico. Una virtud como equipo, que les enseñe a mis deportistas, es a no bajar los brazos, hacer lo que a uno le apasiona. Con convicción y trabajo quizás no se llegará a lo máximo que ellas pretenden o que yo pretendo, pero si cada año demostramos superación en el trabajo.

EM: ¿Cómo afrontas la competencia y la presión que suponen estas instancias, tanto para vos como para tus alumnas?
VL: Las chicas y yo tenemos acompañamiento tanto psicológico como deportivo, mediante especialistas en el deporte que nos brinda el Estado como equipo de selección.
Entonces, ellas están acompañadas todo el año por una terapia y yo también participo de muchas de las sesiones donde tenemos tareas mentales y como equipo. Igualmente, hay momentos en los que ninguna de esas herramientas alcanzan, más que el vínculo que una construye entre entrenador y deportista, donde creo que cada entrenador sabe que necesita hacer frente a esas instancias.
Por ejemplo, de mis gimnastas, Celeste es muy ruda, muy fuerte, muy luchadora y en esos momentos de presión ella necesita que uno le sume presión, le exija, que se ponga duro. No obstante, Agostina es un poco más emocional y requiere más cariño, más abrazo, más contención. Cada una es muy diferente y para mi como entrenadora es muy difícil. Creo que el secreto está en conocer al deportista y acompañarlo en su necesidad.



EM: ¿Qué metas te quedan por cumplir como entrenadora? ¿Qué legado esperás dejar como formadora de atletas?
VL: Las metas que me fui proponiendo están prácticamente alcanzadas. Más que una meta, sería un sueño poder clasificar a un juego olímpico y es algo que vengo persiguiendo hace muchos años; pero como es un país que no tiene políticas deportivas, lo veo muy difícil de llegar a cumplirlo. De todas maneras, creo que una nunca tiene que bajar los brazos y hay que seguir peleando por lo que se quiere, así que estamos en el camino y nuestro desafío es llegar a la instancia de 2028. Eso sería lo ideal para cerrar mi carrera como entrenadora en la selección nacional.
Mi legado en mis deportistas fue muy claro. Como es un deporte que está muy poco acompañado, en política y económicamente, yo me dediqué a preparar deportistas que no tienen recursos y les demostré que pueden llegar super lejos. Yo no lo viví así como deportista, me sentí muy sola en muchos momentos y como entrenadora decidí demostrar que cualquier persona con las posibilidades que tiene, puede.

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