31 mayo, 2026

El Milenio

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“Erotizar el saber”: La filosofía docente de Natalia Constantino plasmada en su nueva novela “Una letra naif”

Con más de 20 años como docente de lengua y literatura, Natalia Constantino construyó una trayectoria atravesada por distintos géneros, pero siempre con impronta poética. Mientras prepara la presentación de su última novela, que será en noviembre, como antesala repasa lo que supuso “La Palabra, de la potencia al acto literario", el último título disponible en el mercado.

CULTURA

Por: Agustín Varela y Octavio Lucci 4º IMVA; Paulina Migliori, Micaela Rautenberg y Malena Ramos 4° IENM.


Próximamente, Natalia Constantino lanzará “Una letra naif”, novela que trata sobre los vínculos afectivos y sobre la relación con la escritura como pulsión de vida. “Para hablar sobre eso, la protagonista, además de narrar la simplicidad de su rutina, va reflexionando sobre la condición humana en columnas periodísticas, escritas como ensayos poéticos y filosóficos que publica en una revista local donde trabaja”, cuenta la autora.

Previo a la construcción de este libro, la escritora publicó “La Palabra, de la potencia al acto literario”, donde refleja su experiencia en el aula. “Lo que me inspiró fueron los trabajos de los estudiantes”, afirma.

Es que sus dos décadas en la docencia se han nutrido de historias, procesos creativos y significaciones únicas a través de su propuesta. La misma pone el foco en el sujeto, recuperando su narrativa personal y singular –tal cual realiza Lucrecia, el personaje principal del texto que se presentará en pocos días-.

Lejos de las consignas rígidas, el objetivo de su labor es mediar para que el acto de escritura literaria emerja desde la riqueza interna de cada persona. Así, para la autora, los escritos integran la reflexión teórica con la práctica. 

Al respecto, reflexiona: “La idea es indagar la cuestión de quien escribe, lo que tiene potencialmente dentro de sí, a partir de recuperar narrativas que están dentro de cada uno de nosotros, y que hace que seamos un sujeto singular, además de social, pero singularisimo con los relatos familiares internos, con la lengua de los afectos, con todo lo que se cuece en las ollas de la casa”.

Y añade: “Todo eso que está potencialmente en nosotros, hay que ver cómo hace el mediador para recuperarlo y hacer de eso un acto literario que luego pasa a la escritura como cuerpo, donde se aloja.

Natalia lleva publicados 5 libros aparte de ‘Una letra naif’.

El Milenio: ¿Cómo fue tu recorrido literario y qué aspectos definen tu perfil como escritora?

Natalia Costantino: Empecé a escribir desde muy pequeñita, en primer grado más o menos porque tuve una muy buena maestra en la escuela pública Bartolomé Mitre, en Río Ceballos. Siempre fui consciente o tenía la fantasía de que quería escribir o ser escritora. Era muy tímida y encontré en la escritura un refugio, una forma de simbolizar y de atravesar la adolescencia, y escribía poesía. Empecé por ahí y mis primeros libros fueron de ese género. 

Después pasé por el ensayo y por la novela. Y si pienso en algo que es característico en mí es la forma, el lenguaje que me viene para escribir siempre es el poético, sea el género que sea, es una forma muy lírica de escribir con recursos propios de la poesía. No puedo hacerlo de otra manera, no me sale. También la reflexión sobre el lenguaje literario como en mi último libro.

Hasta ahora tengo publicados dos libros de poesía, una novela, dos ensayos y la novela que se publica en octubre y se presentará en noviembre, junto a Leticia Ressia, en la librería Tres Burros.

EM: ¿Qué presenta el próximo lanzamiento y cómo se articula con el anterior?

NC: En “Una letra naif”, desde una primera persona semejante a la del diario íntimo, Lucrecia comparte -con tono irónico y a la vez con poesía- los vaivenes de su rutina, sus vínculos y deseos. Se presenta como aspirante a escritora en una periférica revista serrana donde publica sus breves columnas en las que aborda la condición humana.

El relato, que alterna entre lo novelado y lo ensayístico, nos lleva a construir posibles significados a partir de una pregunta: ¿Hacia dónde nos lleva el decir de la protagonista? ¿A desentrañar una soledad a la cual ella se resiste, a preguntarnos por el peso de la candidez, o tal vez nos esté invitando a pensar sobre un eros de la escritura? Y sobre esto último se conecta con el anterior, donde el lector se encuentra con un libro que tiene dos partes. 

Una primera parte en donde hay un abordaje teórico de los procesos subjetivos implicados en el acto de crear literatura. Tiene que ver con el psiquismo creador, de la lectura, de la oralidad, de la escritura, y también de la forma, es decir, de la estética de autor y de la mediación, ya sea docente en el aula de taller o del coordinador de un taller literario.

La segunda parte recoge experiencias de estudiantes del colegio y hay un cierre con 27 propuestas para escribir literatura. Es un libro que lo puede tener un docente, un coordinador o alguien que quiere escribir y no quiere asistir a un taller y prefiere hacerlo de manera solitaria.

El nuevo lanzamiento será presentado en noviembre en Tres Burros, de Río Ceballos.

EM: ¿Qué significa hablar de una «erótica de la palabra» o “eros de la escritura”?

NC: El concepto de «erótica de la palabra» proviene del psicoanálisis, específicamente del autor italiano Massimo Recalcati, quien habla de «erotizar el saber» en la docencia. Esto significa que el mediador (docente o coordinador) debe «envolver de libido» o «despertar el deseo» por el conocimiento y la escritura. La palabra, según Recalcati, «tiene cuerpo» y el mediador debe «erotizarlo» para despertar el deseo de escribir en quienes están aprendiendo. 

Es la capacidad de hacer que la escritura se convierta en un objeto de deseo, algo esencial para quienes disfrutan y necesitan expresarse a través de ella, similar a la necesidad de un artista visual de pintar o dibujar.

EM: ¿Cómo se manifiesta el concepto en tus distintos roles y qué lugar ocupa en la construcción de ambos textos?

NC: El propósito es recuperar al «sujeto» como punto de partida para una teoría de la escritura literaria. Es decir, primero el sujeto, después la escritura, no centralizar la teorización en la invención, sino recuperando su narrativa personal como sujeto singular. 

Entonces, a partir de ahí, poder pensar la lectura, la escritura y la oralidad. Se invita a pensar la lectura desde la simbolización, la interpretación, resemantizar, resignificar en la línea de la escritura. Recuperar al sujeto singular y lo que tiene dentro invita a otro tipo de escritura, a otro tipo de lectura, a otro tipo de lenguaje oral, que es el que cada cual trae. 


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