CULTURA
- Por: Emiliano Ferreyra y Tiago Cuervo 4° IENM; Zoe Matejcic, Pilar Sánchez y María del Mar Manrique 4° IMVA.
Para Pedro Bedmar, artista multifacético de Mendiolaza, definirse no es tarea sencilla. “Si tengo que esbozar algo, puedo decir que soy una persona entregada a la creatividad”, afirmó. Su camino artístico comenzó a los 13 años con el cine, pero con el tiempo se expandió hacia la fotografía, el dibujo, la narrativa audiovisual, la danza y la escritura.
Esa diversidad de lenguajes responde a una búsqueda que atraviesa toda su obra: la exploración de la energía. Al respecto, explicó: “La misma que está en uno y también en el universo, en las plantas, en todo ser vivo”. Asimismo, ha abordado temas filosóficos como la vida, la muerte y la visión de distintas culturas sobre lo sagrado.
Por otra parte, Bedmar coordinó la galería El Botellón, ubicada en Nueva Córdoba, durante dos años. Esa experiencia le permitió comprender otras dimensiones del arte, como la curaduría y la comunicación. “Uno a veces enfoca todo en la producción creativa –reflexionó-, pero también es muy importante cómo se comunica la obra y todas las formas que puede tener”.
En esta línea, resaltó que otra de las grandes riquezas de esta experiencia fueron los contactos generados. “Conocí un montón de gente y también muchas obras y lenguajes”, expresó.
Desde ese rol, surgió su transición hacia la curaduría, que define como un giro en su mirada. “Fue sacarme un poco el foco de mí y ponerlo en el otro”, valoró. Fruto de ese recorrido, recientemente recibió un reconocimiento del Fondo Nacional de las Artes por su participación en “Flores, un jardín suspendido”, del artista Pablo Curutchet. La muestra propone una instalación de flores gigantes de tela suspendidas a la altura del visitante, junto a piezas de cerámica.

El Milenio: ¿Cómo surgió el vínculo con Pablo Curutchet y cómo funciona?
Pedro Bedmar: Yo iba en el colectivo para Córdoba, comunicándome con otro artista y cuando termino de hablar, él estaba justo delante mío en el asiento. Se dió vuelta y se presentó. Yo no lo conocía, si bien Pablo Curutchet es bastante conocido, al igual que sus obras, no lo conocía personalmente. Iintercambiamos palabra, me pasó sus redes sociales y ahí vi sus obras de escultura blanda, de gran dimensión, que me llamaron la atención para exponerlo en El Botellón, la galería de arte que dirigía en aquel momento. Lo invité a participar, pusimos un cerdo gigante de gran dimensión que lo expusimos en el balcón, en medio de la Chacabuco, sacándolo de una ventana. Generó como un cierto revuelo y después de eso lo invité a participar con otra obra que tenía de gran dimensión, y como el espacio no daba para ponerla en el suelo, le propuse ponerla en el techo colgando, como invertida y le pareció genial. A partir de eso se empezó a dar esto del jardín flotante y de ahí surge también esta invitación que propuso en el Fondo Nacional de las Artes y que finalmente ganó.
EM: ¿Qué te atrajo del rol del curador?
PB: Lo que me atrajo es que es un espacio creativo que podés cambiar completamente. Podés jugar y sí o sí tenés que socializar y colaborar con un otro, que muchas veces es con varios otros o varias otras. Me gusta eso de la propuesta de una creación colectiva donde cada uno tiene su rol. Eso me atrae, me parece positivo. Y después la posibilidad de transformación, porque de repente, por ejemplo, tenés un espacio vacío y podés darle otra dimensionalidad, otro sentido, otra iluminación, otro color y hasta una narrativa.
EM: ¿Cuáles son las tareas específicas que realizás sobre las obras de los artistas?
PB: Es muy amplio porque depende mucho de la obra. Como curador he trabajado con obras tridimensionales, bidimensionales, videoarte, instalación, fotografía. Por ejemplo, trabajando con la fotografía, tenemos un sitio para exponer. Lo que voy a hacer ahí va a ser investigar la obra del artista, lo que me quiere invitar a ver y yo de ahí hago una selección, teniendo en cuenta el espacio en donde estamos y el público al que nos vamos a dirigir. Uno como curador, muchas veces está como intermediario entre quien te brinda el espacio, el artista y el público, pero por supuesto que uno termina dirigiendo a favor de lo que uno cree. Siguiendo el ejemplo de la fotografía, voy a hacer un análisis de la obra y voy a ver si quiero hacer una retrospectiva del artista o si nos vamos a centrar en una obra puntual. En el videoarte es relativamente similar, a diferencia de que podemos exponer en un proyector, un televisor, un teléfono, o lo podemos reflejar en un espejo. Vos tenés que tomar muchas veces el concepto de la persona que se te presenta al frente.
EM: ¿Qué desafío enfrentás actualmente en tu labor como artista y qué nuevas formas de expresión estás explorando?
PB: La nueva forma de expresión que estoy explorando actualmente es una combinación de 3 áreas: hace varios años que estoy con el videoarte; la fotografía que vengo de hace un montón de años; y actualmente he introducido más fuertemente la pintura. Trato de no quedarme en lo que ya sé hacer bien, sino asumir desafíos.
EM: ¿Cómo impacta en el artista que sos el hecho de vivir en Sierras Chicas?
PB: La verdad que la naturaleza me impacta mucho. Un lugar que me apasiona para la fotografía , para el video y para el videoarte es en las Salinas Grandes, al norte de Córdoba. Después, la naturaleza acá de la región. La mayoría de mi videoarte últimamente está acá, en nuestros arroyos y en nuestro bosquecito. Yo personalmente vivo en un medio serrano, y para mí la energía y la vida siempre está más intensamente en la naturaleza. Para mí el bosque es como el agua, es algo indispensable.

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