Florencia Galo y Tiziana Baratta (IMVA); Bruno Andrada, Avril Vera Uanini, Luna Conte y Lucila Policicchio (IENM).
Muchos se preguntan cuál es el origen del edificio abandonado que se encuentra en la esquina de Av. Goycochea e Hipólito Yrigoyen. La historia comienza a principios de 1900 con la llegada de un inmigrante libanés a Villa Allende, cuyo nombre era Miguel Maluf.
El hombre tenía muchos sueños de emprender, por lo que, junto a su esposa, doña Catalina Ghisolfi, y sus nueve hijos, abrieron el Hotel Villa Allende en 1925 (actual salón de fiestas Tiyuca). Allí mismo se instalaron tres surtidores de nafta para que los atendiera uno de sus hijos menores, Julio Maluf, con el objetivo de que el joven “no anduviera en la calle”. Así lo cuenta él mismo en una entrevista que forma parte del libro Villa Allende: Cuerpo de ciudad y alma de pueblo (Historias Populares Cordobesas, edición 2006).
En 1938, la familia terminó la construcción del nuevo edificio junto al arroyo, que tenía 1000 metros cubiertos y 8500 metros cuadrados de terreno. Este se extendía hasta la actual sede municipal. El nuevo hotel contaba con pileta y asadores. Según La Voz del Interior, se cuenta que incluso recibieron la visita del presidente José Uriburu durante la inauguración del camino al cerro Pan de Azúcar.
Retomando el relato de don Julio, cuando ya era un poco mayor, su padre lo llevó a trabajar a la reciente edificación y no les permitía salir e ir al baile que se realizaba en la actual lomitería Betos. Recién tuvo libertad cuando se casó, la cual aprovechó saliendo en la noche junto a su esposa y amigos.
Cuenta que una vez, su hermano menor, quien todavía usaba pantalón corto (por lo que no podía bailar en la pista), le pidió su pantalón en el baile del cine. Juntos fueron al entrepiso donde se encontraba el proyector y le prestó el que tenía puesto, así que se quedó esperando en calzoncillos mientras tomaba cerveza junto a sus amigos. Don Julio no volvió a ver sus piernas cubiertas hasta las 6 de la mañana, cuando finalmente volvió su hermano después de acompañar a una jovencita hasta Saldán.
Estos relatos son una postal de otro tiempo, como tantas que vio pasar la familia Maluf. Sin embargo, cuando falleció Miguel, su legado comenzó a fragmentarse. El hotel pasó a manos de inversores privados, luego fue adquirido por el Círculo de Suboficiales, que lo convirtió en una colonia de vacaciones, y finalmente fue comprado en una subasta por una sociedad anónima integrada por 28 médicos. Así, en 1987, se inauguró una clínica de alta complejidad que funcionó durante siete años en el lugar. Sin embargo, tras su cierre, la edificación quedó abandonada.
Hoy en día, su único dueño, Rosario Moriscato, de 77 años, busca restaurarlo. Pero, según explicó La Voz del Interior, el estado actual de usurpación y la proximidad del río, que la convierte en una zona inundable, han bloqueado sus intentos. A pesar de los obstáculos, aún existen esperanzas para el Hotel Maluf.
Descubre más desde El Milenio
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

MÁS NOTICIAS
“Dos nómades”, un proyecto de chicas de a pie.
Clown social: una herramienta de intervención desde la risa
Complejo Cultural Ancón: Una biblioteca que construye comunidad
Las Quirquinchas Verdes: La pelota también es de ellas
Olympic Pro: Receta de crecimiento sostenido
Manuel “Nolo” Sánchez: Comunicar en movimiento
Intercambios que construyen comunidad
Liliana González llega a Río Ceballos con su charla «Dis+positivos»
Unquillo: detuvieron a un vecino por comercializar marihuana en el Bº Gobernador Pizarro