10 junio, 2026

El Milenio

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Olympic Pro: Receta de crecimiento sostenido

De la cocina casera a un negocio que crece a nivel nacional, la marca comenzó como una búsqueda personal de Emiliano Cabral para su entrenamiento y pasó a ser un producto reconocido entre deportistas, profesionales y aficionados. El año pasado, recibió el Premio al Joven Emprendedor Cordobés por el alcance logrado.

Por: Mora Sorá, Juan Bonzano, Augusto Nalbandian, Ariana Delfino, Fabricio Huens y Canay Chalub.


Los emprendimientos muchas veces nacen de una inquietud personal y sin grandes inversiones. Este fue el caso de las barras de proteína Olympic Pro, creadas por Emiliano Cabral en Villa Allende: una heladera, un bowl, un microondas y producción casera dieron inicio a un negocio que continúa creciendo. 

En sus inicios, el propio Cabral elaboraba, empaquetaba y etiquetaba cada producto a mano, en una habitación de su casa que con el tiempo terminó convertida en una pequeña fábrica improvisada. Hoy, ese proyecto funciona en un espacio de 1000 metros cubiertos y se consolida en el mercado con una amplia línea saludable.

“Cuando arranqué tenía 27 años, aunque ya venía de otra experiencia: a los 19 había iniciado una constructora, que también hice crecer. Durante un tiempo llevé ambos proyectos en paralelo, hasta que tuve que elegir. La fábrica empezaba a expandirse a nivel nacional, mientras que la constructora tenía un alcance más local, así que decidí apostar por este proyecto”, expresó Emiliano.

El crecimiento llegó con el posicionamiento de sus primeras barras proteicas y se fortaleció cuando decidió delegar parte de la comercialización a una distribuidora de Santa Fe, lo que le permitió diversificar la producción. 

Así, Olympic Pro sumó granolas, alfajores y distintas variedades de pastas de maní, siempre bajo una premisa clara: productos sin azúcar agregada, elaborados con materias primas de calidad y recetas propias desarrolladas a partir de la experiencia y el asesoramiento nutricional.

En el 2025, Emiliano recibió el Premio al Joven Emprendedor Cordobés en una ceremonia organizada por la Federación Comercial de Córdoba (FEDECOM). El reconocimiento se basó en la productividad lograda durante los años, la generación de trabajo y el apoyo a un equipo joven. Al respecto, Cabral valoró: “Se trató de una gran sorpresa. Fue reconfortante recibir el reconocimiento, ya que a menudo uno está tan enfocado en el trabajo que no se detiene a evaluar lo que se ha logrado”.

El Milenio: ¿Cómo fueron los comienzos del negocio? 

Emiliano Cabral: Inicié en el 2019 y al principio fue muy sacrificado. Durante tres años me levantaba a las cinco de la mañana y terminaba mi día a las dos de la madrugada. Fueron años durísimos, aunque siempre veía resultados porque crecía la venta. Me parece que este tipo de sacrificio hace la diferencia, pero no puede sostenerse para siempre, tiene que ser una etapa para después empezar a distribuir el trabajo.

En realidad, nunca pensé en algo tan grande. La idea era tener un ingreso extra pero el producto empezó a funcionar muy bien: la gente lo incorporaba a su dieta y veía resultados en poco tiempo. Así fuimos ampliando los canales: empezamos con gimnasios y dietéticas, después sumamos maxikioscos, farmacias y supermercados. 

Al principio fue muy sobre la marcha, pero siempre traté de capacitarme en mi tiempo libre, haciendo cursos y formándome, incluso en áreas como la contabilidad, que también manejé personalmente.

EM: ¿Cuáles fueron las claves para el despegue del negocio?

EC:  Los grandes puntos de crecimiento fueron dos: la pandemia y el momento en que empecé a delegar.

En su momento tuve un colega que trabajaba conmigo, pero en la pandemia me quedé solo porque en ese momento hubo mucha incertidumbre, empezaron a cerrar todos los locales y pensaba “somos uno más». Pero al segundo mes me puse a producir, saqué los permisos y empecé a hacer la venta directa, es decir, dejé de venderle a los comercios que estaban encerrados y me dediqué a ir casa por casa.

Por otro lado, a muchos emprendedores les pasa que cuando el negocio empieza a funcionar,  no quieren soltar el control. Sin embargo, ese encierro termina limitando. Yo lo viví así y lo aprendí con la experiencia. Obviamente, delegar implica riesgos, pero hay que asumirlos porque de una forma u otra, se resuelven. Además, empezás a conocer personas, a generar vínculos y a abrir nuevas oportunidades. Hoy, por ejemplo, estoy abriendo una boca de venta en Chile.

EM: ¿Qué aspectos creés que hicieron que Olympic Pro te destacara para alcanzar el reconocimiento logrado?

EC: Cada vez más personas incorporan hábitos de vida saludables y prestan atención a su alimentación. Cuando empecé, era un nicho muy reducido, enfocado casi exclusivamente en deportistas. Hoy, en cambio, hay un público mucho más amplio interesado en cuidarse.

Creo que ahí estuvo la diferencia. El producto dejó de ser solo una barra más para convertirse en un suplemento alimenticio, ya que aporta los macronutrientes esenciales tanto para quienes entrenan como para quienes buscan una dieta equilibrada. Incluso, muchos nutricionistas pueden recomendarlo como parte de un plan alimentario diario.

EM: ¿Qué mensaje le darías a los jóvenes emprendedores? 

EC: Que se animen a probar. Muchas veces uno se frustra porque es difícil que todo salga bien al principio. En mis comienzos, el producto tuvo muchísimas fallas: duraba poco, se desarmaba, el packaging no era bueno. Y cuando salís a la calle con algo nuevo, la gente observa y critica cada detalle. Pero la única forma de aprender es haciendo. Por eso, siempre les digo, sobre todo a los chicos de 20 o 25 años con los que trabajo, que se la jueguen, que prueben y que, si algo no sale bien, lo vuelvan a intentar. Lo que muchos llaman fracasos, para mí son aprendizajes.

Hoy la empresa emplea a más de 25 personas y cuenta con unos 30 vendedores en la calle. Además, hay un distribuidor en cada provincia. El crecimiento se dio, en gran parte, gracias al boca a boca. Empezamos vendiendo de manera local y, con el tiempo, distribuidores que viajaban llevaron el producto a otras ciudades. Así empezó a llegar a lugares como Rosario, Santa Fe o Buenos Aires, donde la gente lo conocía, nos encontraba en redes sociales y se generaban nuevos contactos. De esa forma, el negocio fue expandiéndose en todo el país.


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