4 abril, 2026

El Milenio

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El Paraíso, una huerta urbana de Río Ceballos

Este espacio comunitario combina el cultivo de especies nativas y exóticas con la educación ambiental para las nuevas generaciones, destacando la importancia de producir alimentos de forma sostenible. Tras superar múltiples desafíos, El Paraíso florece en su espacio ubicado en calle Sarmiento 882, promoviendo la conexión con la tierra y el cuidado del medio ambiente.
  • Por: Sol Flores y Gaspar Ohanian, 4to A IENM.
  • Redacción: Mabel Tula.

“El Paraíso”, Huerta Urbana Escuela de Permacultura, es un proyecto de Río Ceballos que combina la producción de alimentos orgánicos con la enseñanza de principios de permacultura. Creado por Lorena Puig, una vecina de 50 años apasionada por las plantas, este espacio busca transformar la manera en que la comunidad se relaciona con la tierra y la alimentación.

Lo que comenzó como una colección de plantas ornamentales y semillas exóticas evolucionó durante la pandemia – bajo la amenaza de una futura crisis económica o alimenticia en el país- en una huerta urbana y un espacio educativo, principalmente dirigido a niños, donde se promueve el cultivo de vegetales y el cuidado del medio ambiente.  

A pesar de los desafíos iniciales, como la falta de apoyo institucional, ella decidió avanzar por su cuenta, alquilando terrenos y buscando alianzas. Finalmente, con ayuda del municipio, logró establecer su huerta en el patio de una casa en la calle Sarmiento, donde coordina talleres y actividades educativas para la comunidad.  

Según explicó Puig, el nombre del proyecto refleja su visión de crear un espacio visualmente hermoso y funcional, donde las plantas ornamentales y de consumo coexistan en armonía. 

El Paraíso no se limita a cultivar alimentos; busca impulsar un cambio integral en la ciudad. Puig enfatizó la importancia de que las huertas urbanas no solo sean una fuente de ingresos, sino también espacios terapéuticos donde las personas puedan conectar con la naturaleza. Además, su propuesta incluye la creación de bosques alimentarios que mezclen especies autóctonas y exóticas adaptadas al entorno, reduciendo la necesidad de cultivos constantes.

Actualmente, este espacio cuenta con 120 variedades exóticas. Entre sus cultivos destacan frutos del bosque como frambuesas y grosellas, más de 60 tipos de tomates, frutillas, lúpulo y vegetales de distintas partes del mundo. 


El Milenio: ¿Qué actividades o métodos utilizas?

Lorena Puig: Los chicos se encargan de juntar todos los descartables. Aunque son pequeños de edad, empiezan a entender cuáles son los elementos que sirven para este tipo de actividades. Entonces ellos saben que las botellas les van a servir para determinadas plantas, que las cajas pueden ser semilleros, ellos ya vienen con un enfoque, tienen incorporado una actividad que quieren realizar y se ponen contentos cuando saben que van a cultivar algo que más adelante se lo van a comer. 

La agricultura requiere muchas horas de trabajo. Por ejemplo, les enseño el auto riego, riego solar o  sistema  por goteos, que maximizan la gestión de los elementos evitando desperdicios de tierra, agua, de cualquier elemento que nos pueda llegar a ser útil.

EM: ¿Cuáles son tus principales métodos de cuidado para el medio ambiente?

LP: Yo incorporo mucho la economía circular dentro del proyecto, porque nuestros objetivos son puramente ecológicos. Queremos organizar el reciclaje para obtener mejores beneficios. Por ejemplo, todo lo que son residuos orgánicos se hace compostaje. La tierra no es un  elemento muy accesible, aunque acá la tenemos  por todos lados, la cultivable no es accesible. Sabiendo qué elementos utilizar para crear abonos orgánicos, podemos producir tierra de calidad. Además, reutilizamos  descartables como  contenedores para las plantas, porque hoy conseguir  macetas o recipientes es caro. Entonces, tenés que tener a  mano la disposición de   materiales que se tiran como bidones, baldes, cajas de leche, botellas de jugo, etc. La idea es enfocarnos en que sean objetivos puramente ecológicos en beneficio del medio ambiente.

EM: ¿Qué te motiva a capacitar a docentes y niños?

LP: Hay que transmitir educación. Considero que hoy los ejes más importantes en los que nos tenemos que enfocar son los chicos. Si nosotros nos proponemos capacitar a los niños en las escuelas o  a los maestros para que  enseñen y tengan mayor contacto con la ecología, logramos que los chicos transmitan esos conocimientos en sus casas. Así es más fácil, porque ellos son esponjitas que absorben muchísimo conocimiento. Yo doy clases en escuelas a chicos de cuatro, cinco, seis años, y más grandes también, ya que son a los que más les queda toda la información que uno les vuelca con el tema de la permacultura o el cuidado del medio ambiente.

EM: ¿Qué objetivos querés lograr a futuro? 

LP: Armar el jardín de Río Ceballos. Mi finalidad es transformarla en una ciudad autosustentable, tener mini bosques, poder transmitir conocimiento para fabricar productos con  técnicas  ancestrales como las harinas de algarrobo o distintos cafés, raíces que la gente no conoce como el diente de león, productos que la naturaleza nos ofrece y las personas tienen al alcance, eso subsana muchísimo la economía y la alimentación saludable.


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