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Una granja por la inclusión

Agostina Griessi, voluntaria y una de las encargadas de La Granja del Sr. Brito, cuenta a El Milenio cómo es el trabajo con equinoterapia para personas de bajos recursos y el rescate de animales maltratados que realizan hace más de siete años. Además, habla sobre los desafíos que implica mantener semejante labor social sin ayuda estatal.
  • Colaboración: Julieta Santanna y Violeta Santanna (4to IENM). Valentino Lambertti, Juan Ignacio Vespasiani y Lorenzo Carana (4to IMVA).

A principios de octubre de este año, fue noticia el robo de cuatro caballos pertenecientes a La Granja del Señor Brito, en Villa Allende. Si el suceso llamó la atención, fue porque los animales secuestrados eran especialmente utilizados en tareas de equinoterapia para niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad social.

Afortunadamente, el caso tuvo un final feliz gracias al trabajo de vecinos y de la policía, quienes lograron dar con el paradero de los equinos a los pocos días de viralizarse la noticia. “Fue una semana muy caótica, pero gracias a la difusión del caso en los medios, varios vecinos pudieron dar aviso a la policía de dónde habían visto a los caballos y así pudimos rescatarlos”, comentó a El Milenio Agostina Griessi, una de las principales encargadas del lugar.

La historia del espacio comienza a principios de 2014, en un predio ubicado en calle Elpidio González 1859, bajo la iniciativa de Paola Mercado, quien tenía como objetivo ayudar a familias en situación de vulnerabilidad social a realizar sesiones de equinoterapia. 

Con el esfuerzo de un grupo de voluntarios que lleva más de siete años trabajando y batallando por mejorar la calidad de vida de estas personas, el lugar se transformó en la granja que es hoy en día. “Empezamos este sueño con el único objetivo de que los niños de escasos recursos con discapacidad puedan tener una oportunidad de realizar esta terapia”, afirmó Griessi, quien agregó que el profundo amor por los animales logró expandir sus horizontes.

 “Estos últimos dos años la devolución de la gente fue increíble. Toda la comunidad está súper comprometida en ayudarnos a continuar con esta labor social tan importante para nosotros”

Agostina Griessi

Un trabajo a pulmón

Un dato a destacar es que la fundación no recibe ayuda o compensación económica por parte del Estado o entidades privadas. Su principal fuente de ingresos son las visitas guiadas y talleres que organizan durante todo el año. Con una entrada de 300 pesos de lunes a viernes y 500 los fines de semana, las actividades que se pueden realizar en la granja son bastante diversas, desde talleres sobre reciclaje o fiestas de cumpleaños, hasta paseos a caballo.

“La idea es que todos nuestros visitantes puedan tener su día de granja”, comentó Griessi y aclaró que, para los jardines, escuelas públicas, merenderos y comedores la entrada es gratuita. “Lo único que les pedimos a cambio es un alimento no perecedero para poder asistir a dos comedores locales”, explicó.

También reciben donaciones de vecinos e instituciones, desde dinero hasta alimentos como alfalfa y verduras. Actualmente en la granja cuidan a unos 200 animales entre ovejas, cabras, chivos, caballos, burros, patos, gansos, gallinas, tortugas, hámsteres, cobayos, loros, pavos criollos y reales, conejos y codornices.


Vale aclarar que la mayoría son rescatados o donados, algunos entregados por familias de la zona que ya no los podían mantener o bien rescatados del maltrato en las calles. En este sentido, también trabajan codo a codo con Policía Ambiental. Así, cuando suceden diversos allanamientos, la policía termina derivando los casos más urgentes a la granja. 

“Generalmente aceptamos todo tipo de animales, el único impedimento puede ser el lugar, la infraestructura. Somos una fundación que fue creada con los recursos que tenemos, y a veces eso no nos permite adoptar, por ejemplo, chanchos y vacas, porque se necesita otro tipo de espacio o alimento”, explicó la encargada.

En La Granja del Sr. Brito también funciona un programa donde jóvenes de bajos recursos aprenden sobre caballería, es decir, la atención y cuidados que necesitan los equinos, mejorando así sus posibilidades de inserción laboral. “Apuntamos a que todos tengan las mismas oportunidades, accesos y beneficios en torno a la educación. Nos tomamos muy en serio el tema de la inclusión social”, subrayó Griessi.

Amor y voluntad

Uno de los principales problemas que los encargados tienen que solventar día a día, es la falta de agua corriente. Según explicaron, el lugar no cuenta con una conexión de cañerías que llegue hasta la granja, por lo que deben contratar semanalmente agua para el cuidado y mantenimiento del lugar.

“Intentamos conseguir la ayuda de Policía Ambiental por este tema y también por la escasa iluminación de la zona, aunque todavía no obtuvimos respuestas favorables”, se lamentó la voluntaria. También detalló que necesitan urgentemente que se instalen carteles de velocidad ya que están ubicados sobre la ruta que conduce a Pan de Azúcar.

En este panorama adverso, cobra relevancia el trabajo que realizan los voluntarios, quienes muchas veces sacan de sus propios bolsillos el dinero necesario para solucionar varios de estos problemas. “Quien quiera participar, por lo menos en alguna tarde libre, puede acercarse. Necesitamos ayuda en tareas de mantenimiento, también para las actividades con los niños y niñas de comedores que nos visitan”, comentó la entrevistada. “También pueden traernos materiales reciclables como botellas o cartones, todo eso lo usamos para nuestros talleres de reciclaje”, añadió la entrevistada. 

Finalmente, Agostina agradeció el rol que lleva a cabo la comunidad tanto dando a conocer la propuesta, como aportando su granito de arena para que el proyecto siga adelante. “No voy a mentir, es un trabajo agotador y más aún cuando se tiene que cuidar a tantos animales, pero con ganas, tiempo, amor y respeto se pueden cumplir todas las metas”, afirmó.

“Estos últimos dos años la devolución de la gente fue increíble. Toda la comunidad está súper comprometida en ayudarnos a continuar con esta labor social. Y para todos aquellos que todavía no nos visitaron, los invitamos a disfrutar el espacio y conocer a nuestros hermosos huéspedes”, concluyó.