27 septiembre, 2022

El Milenio

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El camino del guerrero

Tras consagrarse campeón nacional de kickboxing en Tucumán, Mauro Campesi, luchador y profesor de artes marciales mixtas en Villa Allende, habló con El Milenio y dejó un mensaje de superación e inspiración.
  • Por Matías Candoli. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Valentina Sandler y Bautista Ergueta (4to IENM). Candelaria Feijoó, Abril Marramá y Sofía Lagrotteria (4to IMVA).

Para un deportista que se dedica hace mucho tiempo a las artes marciales, llegar con vigencia a los 45 años no es fácil. El caso de Mauro Campesi no es la excepción. El luchador de Villa Allende se puso la meta de ser campeón argentino de kickboxing y lo logró el pasado 27 de agosto, en un torneo nacional que tuvo lugar en Tucumán.

“Fui campeón argentino y subcampeón panamericano de taekwondo, tuve varios logros, pero no tenía ningún título en kickboxing, que es lo que más enseño actualmente”, contó Campesi, quien conduce hace muchos años el Villa Allende Fighting Club (VFC), un espacio a pocos metros del Polideportivo dedicado al MMA (Artes Marciales Mixtas), el taekwondo ITF, el kickboxing y el K1.

“Años atrás, interrumpí mi carrera por un problema de adicción. Me mantuve al margen un tiempo hasta que pude solucionarlo. Me quedó este objetivo pendiente y no quería retirarme sin lograrlo. Está bueno irse por la puerta grande”, confesó el luchador con respecto a su último título.

La victoria se dio por fallo unánime frente al tucumano Manuel Leguizamón en categoría súper pesados (más de 97 kilos). “Fue un rival durísimo, muy fuerte y muy aguerrido. Me costó mucho prepararme y ganar. Pero, como no me quedan muchos cartuchos, me dije es ahora o nunca”, comentó el luchador al que apodan “Amistad” por su carácter sociable y su habilidad para hacerse amigo de sus rivales.

La previa de la pelea por el cinturón nacional demandó mucho sacrificio para Campesi. Hizo dieta, fue al gimnasio y entrenó de dos a cuatro turnos por día. Hizo todo lo que tenía que hacer para lograr el objetivo. “Me preparé y fui para allá, a pelear de visitante, que siempre es más difícil. Tenía a todo el público en contra. Había que ganar y no dejar dudas, y por suerte se pudo lograr”, contó.

A su edad, colgar los guantes es una decisión que está madurando: “El año que viene me gustaría retirarme con algunas peleas. Hay un título sudamericano que persigo. Para eso, debería defender dos veces mi título argentino, así me habilitan la chance sudamericana. Y quizás lo hagamos en Villa Allende. Es muy importante la despedida, porque es el fin de un ciclo y hay muchas personas que me siguen, no porque sea el mejor, sino por toda esta historia que uno trae”.

“Me ha pegado duro la vida y me siento un guerrero”, afirma el campeón e instructor de Villa Allende. Foto E. Parrau/El Milenio.


Inspirar, más que enseñar

Además de mantenerse activo en el deporte, Campesi sigue estando al frente de su gimnasio, da clases en otros sitios y es promotor de eventos de lucha y MMA en la región. Es desde ese lugar que trata de enseñar y, en cierto modo, ser un modelo a seguir. 

“Veo que algunos chicos dan excusas y fundamentos poco responsables para no pelear. Una pelea tiene que ver con el honor, con el compromiso. Cuando uno da su palabra, hay que cumplirla. Haber peleado por el título fue también un mensaje en ese sentido. Porque, con 45 años, me preparé, fui y competí. Me pasaron cosas antes y no me bajé”, afirmó con determinación.

Es que Mauro Campesi siente una responsabilidad única y su historia de vida hace que se tome el rol de profesor con mucha seriedad. “Siempre me gusta poder dar un ejemplo. He sido un desastre de chico, pero llega un momento en que te ordenás y querés ser una motivación para los pibes que están como estabas vos antes.  A mí me hubiera encantado tener un profe como el que yo soy ahora. Alguien que se siente conmigo, que me hable, me motive, me inspire. Inspirar, más que enseñar”, reflexionó.

Foto E. Parrau/El Milenio.


Como Campesi mismo reconoce, esa figura casi paterna que busca ser hoy para sus alumnos, es la que le faltó a él en su propio recorrido. “Me pongo en ese lugar porque me gusta. Es mi manera de sumar un granito de arena para que todo esté mejor”, apuntó.

Por esta razón, aunque piense en retirarse de las peleas, la continuidad de su tarea como docente no se pone en duda. “Le doy clase a todo el mundo. Tengo alumnos con problemas de adicciones, con patologías, con discapacidades. He tenido mil problemas así que aprendí cómo contener, cómo abordar ciertas situaciones”, dijo el luchador, que además es operador terapéutico en adicciones y trastornos de la conducta.

“Quien no toma a ese tipo de personas como alumnos, quien no les brinda la oportunidad de conocer las artes marciales, es como si estuviese metiendo la basura debajo de la alfombra”, añadió y, antes de que sus palabras se malinterpreten, aclaró: “Lo digo en el sentido de que mucha gente se despoja de quienes menos tienen, los hacen a un lado de la sociedad. Pero yo he visto a estos chicos lograr cosas maravillosas”.

Y ejemplos sobran, aunque en este punto de la charla, la voz de Campesi se quiebra y debe respirar hondo antes de buscar las palabras para seguir. “He pasado todo un fin de semana acompañando a un chico que estaba tratando de dominar el impulso de consumir o de ir a delinquir para tener plata y drogarse. Cuando vos ves a alguien que realmente lucha por salir adelante, le das todo lo que tenés a tu alcance. Si no lo ayudás vos, ¿quién lo va a hacer?”, se preguntó. 

Estas experiencias, tan cercanas a su historia personal, son las que impulsan a Campesi arriba y abajo del ring. Así, cuando El Milenio le pidió que se autodescriba, dijo: “Creo que Mauro Campesi es un guerrero de la vida, que nació para pelear en todo su esplendor. El verdadero guerrero no es el que siempre gana, sino el que vuelve sin miedo a las batallas. Y yo volví un montón de veces”

Y afirmó, con la misma fe que se tuvo cuando salió a ganar el título argentino de kickboxing, que “el día que te morís, no te llevás nada. Ni un auto, ni una casa, ni un terreno. Pero sí dejas un legado. Que la gente te recuerde con cariño. Seguís viviendo en el corazón de un montón de personas, entonces te volvés inmortal”.