Sociedad

Rocío Loza Serra: conociendo a la abogada tras la defensa del Montecito

La joven abogada cuenta su experiencia personal en la carrera de Derecho y rememora anécdotas sobre sus primeros casos, cómo se interesó por la defensa de los derechos ambientales y mucho más.

  • Por Agostina Budrovich.
  • 6to Año Instituto Educativo Nuevo Milenio.

Rocío Loza Serra, abogada recibida de la Universidad Nacional de Córdoba, brindó una entrevista a El Milenio para conocer un poco acerca de su trayectoria y experiencia en el campo de las ciencias sociales. 

La profesional, es conocida en la zona de Sierras Chicas por su defensa en diferentes causas ambientales, tal es el caso de los micro desmontes que suceden todos los años, pero sobre todo los que aumentaron por causa de la pandemia y la imposibilidad de realizar controles más estrictos.

Los desmontes en general, que se llevan a cabo en Río Ceballos, Salsipuedes o cualquier otra localidad de Sierras Chica, que se ve mucho y se ha dado mucho durante la cuarentena, son ilegales porque se hacen sin autorización” explicó en junio del año pasado a nuestro medio.

Por su parte, Loza Serra también nos relató sus impresiones sobre la carrera en general, donde considera que falta actualizar los contenidos que se dictan en las aulas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) para que se acerquen un poco más a los problemas sociales que afectan a la comunidad. 

“Me parece que la carrera está dirigida por las mismas personas con el mismo enfoque conservador de hace años, buscando formar profesionales individualistas, competitivos, poco pensantes desde la creatividad, la apertura mental y la frescura, además de poco comprometidos con la sociedad, incluso saliendo de la universidad pública” detalló la entrevistada.

El Milenio: ¿Por qué decidiste estudiar abogacía? ¿Por qué esta rama en particular?

Rocío Serra: Después de haber empezado y dejado otra carrera del ámbito de las ciencias duras, decidí estudiar abogacía porque me interesaban diferentes espacios de conocimiento como historia, sociología, filosofía, comunicación, es decir ciencias sociales en general. 

Me parecía en ese momento que el derecho me brindaba un abanico de posibilidades tanto al momento de estudiar como al momento de dedicarme al ejercicio profesional. 

Pero además también me interesaban algunos aspectos de las ciencias naturales y ya en medio de la carrera, me encontré casi de casualidad con un espacio de investigación dentro del derecho que me permitió formarme desde muy temprano en el derecho ambiental, donde de algún modo se interrelacionan varias disciplinas.

EM: ¿Cuales considerás que son las aptitudes que se deben tener para estudiar esta carrera?

RS: No sé si hay que tener aptitudes particulares específicas, creo que dependiendo de las aptitudes que cada persona tenga va a enfocarse más en unos espacios o en otros, tanto de las distintas ramas del derecho, como de los ámbitos laborales, ya que litigar no es la única opción, también está la posibilidad de dedicarse a hacer investigación, trabajar asesorando en la administración pública, en el ámbito privado, o de optar por trabajar en los distintos fueros en tribunales, en docencia, entre otras opciones. 

Sí me parece que las aptitudes que hacen a un buen perfil de profesional de la abogacía, o sea, el tipo de abogados que creo que nuestra sociedad necesita,  tienen que ver con la curiosidad, el gusto por pensar, razonar y argumentar en vez de estudiar de memoria y repetir modelos, la capacidad de escucha a las personas que buscan asesoramiento y a otros profesionales de otras disciplinas, además de saber trabajar en equipo.

Vivimos en una sociedad muy cambiante en la que el derecho no siempre va adelante de los problemas y necesidades, así que hace falta aprender a pensar con otras personas y ser creativos para proponer soluciones o formas de abordar conflictos y complejidades como algo propio del mundo en el que interactuamos.  

EM: ¿La carrera cumplió con las expectativas que tenías? ¿Harías algún cambio?

RS: Yo estudié derecho en la Universidad Nacional de Córdoba y en verdad no cumplió mis expectativas. Tuve la posibilidad de estudiar una temporada en una universidad de otro país y esa experiencia me permitió reconocer que había enfoques con menor nivel o más conservadores aún que el de la Facultad de Derecho de la UNC. 

Pero aún así me parece que la carrera está dirigida por las mismas personas con el mismo enfoque conservador de hace años, buscando formar profesionales individualistas, competitivos, poco pensantes desde la creatividad, la apertura mental y la frescura, además de poco comprometidos con la sociedad, incluso saliendo de la universidad pública. 

Sin embargo, creo que hay posibilidades de recorrer otros caminos que esos «dados», acompañados por excelentes profesores e investigadores que te brindan una visión diferente a la del derecho tradicional, mucho más interesante, aunque con un poco de esfuerzo en buscar otros espacios por fuera de la currícula normal y aguantando las formas más obsoletas de enseñar y evaluar que todavía están muy presentes. 

Así que cambios haría un montón, dando más espacio a voces y prácticas diversas y, algo muy importante, vinculando a estudiantes y profesionales con el resto de carreras de la UNC y con los conflictos y problemáticas reales del ejercicio de la abogacía y de la sociedad en general.

EM: ¿Cómo recordas tus primeros años de profesión y tu primer caso?

RS: Mi primer año de profesión en realidad fue más que nada para descansar y tomar un poco de distancia de la forma de pensar estructurada que te impone la carrera, para poder encarar el ejercicio desde otro lado.

Después, cuando empecé a trabajar por mi cuenta, de manera independiente, lo que más recuerdo es el no saber hacer un montón de cosas prácticas que no habíamos aprendido en el cursado, así que era y sigue siendo un aprendizaje y estudio constante, pero también confiando en los saberes adquiridos durante tantos años de estudio. 

Por suerte, siempre conté con mi mamá que también es abogada y me acompaña al día de hoy con todas mis dudas y miedos. Y veo con alegría que hoy tanto las personas que se egresaron hace poco como las que tienen más experiencia, están en su mayoría muy dispuestas a ayudar y colaborar desinteresadamente con quien está empezando. 

En cuanto a mi primer caso que implicó un juicio propiamente dicho, imposible olvidarlo porque sigue tramitándose en la actualidad, y porque me llevó meses de trabajo escribir una demanda larga y compleja con varios demandados.

Es el caso del amparo ambiental por la defensa del Montecito, un parche de bosque nativo en Unquillo donde se pretende hacer un emprendimiento inmobiliario y en el que estoy como abogada gracias al enorme e incondicional apoyo de la Asamblea del Monte de Unquillo (AMU) que siempre confiaron en mí, además de la colaboración firme de otros abogados y abogadas, entre otros profesionales con los que contamos. 

EM:¿Cuáles son los casos que te tocó trabajar que más te impresionaron o llamaron tu atención?

RS: Antes de recibirme trabajé en una Unidad Judicial de la Ciudad de Córdoba, ubicada en un barrio marginalizado, donde tuve contacto muy cercano con la realidad cotidiana de personas que sufren muchísima falta de acceso a condiciones básicas de vida digna.

Sufren un constante hostigamiento por parte de la policía que en cualquier otro ámbito sería tildado al instante de inconstitucional por violar derechos humanos, pero es la realidad diaria para esas personas, bastante invisibilizada para el resto de la sociedad. 

EM: ¿Cómo fue el impacto de la pandemia y el aislamiento en la actividad laboral del abogado? Personalmente ¿Te afectó? ¿De qué modo?

RS: En verdad, tengo que decir que las primeras semanas de aislamiento obligatorio me permitieron parar un poco la vorágine de todos los días y descansar, algo muy necesario en profesiones independientes y multitarea en la que te pasas todo el día trabajando en distintas cosas.

Por otro lado, creo que aceleró la aplicación de la tecnología y la digitalidad, pero de un modo un poco brusco que afecta a profesionales que no se criaron en la era digital. 

A mí personalmente no me afectó, sino al contrario, ya que venía hace tiempo acostumbrada desde la investigación a trabajar en forma remota, incluso en conjunto con otras personas y las restricciones actuales me permiten viajar mucho menos a la ciudad para cuestiones de trámites que pueden resolverse llamando por teléfono o mandando un mail.

Además las consultas y asesoramiento virtual permiten llegar a más lados, sin que la distancia sea un obstáculo para acceder a la justicia. Aunque sí creo que hay una parte de la presencialidad que es necesaria en el contacto y la vinculación humana, tanto con mis compañeras de trabajo como con las personas que buscan asesoramiento, así que creo que se trata de encontrar equilibrios. 

EM: ¿Consideras que los abogados deberían ser parte del personal esencial?

RS: Depende muchísimo de en qué ámbito se desempeñen. Mucho del trabajo de la abogacía se puede hacer en forma virtual sin contribuir a mayores riesgos de contagio, pero entiendo que hay algunos espacios donde es necesaria la presencialidad. 

EM: ¿Cuál es tu opinión sobre una posible vuelta de las restricciones circulatorias? 

RS: Creo que no estoy en condiciones para opinar seriamente sobre el tema, sin haber profundizado en estudios, estimaciones y análisis del comportamiento social en pandemia y otros aspectos que influyen.

EM: Para finalizar ¿Qué consejo le darías a un estudiante o joven abogado para comenzar a ejercer su profesión con confianza? 

RS: Que no deje nunca de mirar el mundo con la mente abierta porque es la mayor fuente de aprendizaje, pero también en forma crítica de lo que se muestra como normal, natural o tradicional, que no se crea superior por tener un título y aprenda a escuchar pero que confíe en que todo lo que estudió y aprendió está incorporado en su mente aunque no se acuerde nada de memoria, porque lo importante es la forma de razonar y saber dónde y cómo buscar el contenido específico para un problema determinado.

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