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La muerte, bajo otra mirada

Mariela Paolorossi encontró su vocación en la confección de calaveras y catrinas mediante cartonería, tarea que la ha llevado a dictar talleres a nivel nacional e internacional. Lo que comenzó como un proyecto personal, se convirtió en un trabajo a pedido de personas curiosas que se atreven a mirar la muerte (y la vida) con otros ojos.

  • Mateo Spika y Bautista Scaramuzza (4to IMVA)
  • Lorenzo Ceballos y Carmela Fazio (4to IENM)

Aquí la muerte sonríe y se adorna con flores de colores y patrones decorativos, lleva vestidos llamativos y posa en actividades cotidianas, propias de los vivos. La Catrina, inmortal en su vestido victoriano y su sombrero de ala, coronó una de las sátiras más emblemáticas de México. Las coloridas calaveras acompañan este arte ancestral característico de un país que ha popularizado el Día de los Muertos (celebrado el 1 y 2 de noviembre) con una mirada alternativa a la que domina históricamente en Occidente.

Por fortuna, no es necesario cruzar el continente para conocer estas emblemáticas creaciones. Desde Unquillo, la docente en Historia Mariela Paolorossi ha dedicado los últimos diez años a la elaboración de calaveras y catrinas, reivindicando a nivel regional un antiguo arte presente no sólo en México, sino también en otros países de Latinoamérica. 

En entrevista con El Milenio, Mariela cuenta que de niña jugaba mucho con cartapesta, una técnica similar a la cartonería. “Hacer arte o artesanía con papel y engrudo tiene una magia y un potencial increíble”, apunta. De grande, conoció a una artista mexicana que la volcó de lleno en este universo donde la muerte se cruza con la vida.

Estas singulares obras (que la artista Frida Kahlo gustaba coleccionar) surgen de la mano del caricaturista José Guadalupe Posada, quien dibujó por primera vez a La Calavera Garbancera como una forma de criticar a aquellos sectores de la sociedad mexicana que, teniendo sangre nativa, pretendían ser europeos. Más tarde fue el gran muralista Diego Rivera quien la retrató de cuerpo completo, dándole su vestimenta aristocrática y bautizándola como La Catrina.

Hoy, Paolorossi se expande gracias a la confección de estas piezas poco conocidas en la región. Ha dictado talleres en Argentina, México y Perú, el último de los cuales tuvo lugar en Uqbar (Unquillo) durante marzo. La docente devenida en artista también integra el Museo Nacional e Internacional de Cartonería (México), espacio que le otorgó, en febrero, un destacado reconocimiento por su trayectoria y compromiso en la difusión y enseñanza de la cartonería mexicana.

El Milenio: ¿Qué es la cartonería?

Mariela Paolorossi: La cartonería es una técnica para la construcción de piezas u objetos escultóricos que se basa en la superposición de capas de papel y engrudo (similar a lo que acá llamamos cartapesta). Se trata de un arte popular latinoamericano que reutiliza cartón de distinto tipo para múltiples fines. En México, por ejemplo, no sólo se hacen esculturas, sino también juguetes para niños, piñatas para cumpleaños o navidades y distintos objetos de uso cotidiano.

Para el Día de los Muertos, que es una celebración muy importante en México y en otros países de Latinoamérica, es común llevar calaveritas pequeñas hechas con esta técnica. A mí personalmente me gustan mucho las calaveras, me apasiona esta representación de la vida sobre personas que ya no están. Es una mirada sobre la muerte distinta a la que estamos acostumbrados.

EM: ¿Qué relación hay entre la cartonería y la catrinería?

MP: En realidad, la catrina como tal no nace en una versión de cartón, sino que algunos historiadores del arte la ubican a principios del siglo XX en un grabado creado por José Guadalupe Posada, que era un dibujante que hacía humor gráfico. 

En la época de la Revolución Mexicana se da un clima social donde la clase baja busca acceder a los derechos que eran privilegio de unos pocos. Entonces él dibuja en un periódico a esqueletos haciendo cosas de vivos, como una sátira que representaba a los zapatistas y las luchas populares, como así también a las clases altas. Hay una frase de este artista que dice que por más rico que uno sea, al final todos nos vamos a morir igual.

EM: ¿Cómo es la recepción de estas piezas en la región?

MP: Con otras compañeras que hacen calaveras y cartonerías en Argentina nos planteamos el hecho de que nuestro trabajo no sea reiterar una artesanía mexicana. Lo sentimos como algo que no tiene que ver con fronteras, sino que se trata de un arte popular de América Latina, que recupera tradiciones artesanales, artísticas y miradas sobre la vida y la muerte de nuestras tierras.

También sentimos que la película “Coco” marcó una bisagra, como que generó una familiaridad con lo mexicano y permitió ver a las calaveras de otra forma, no como algo tétrico y oscuro. Más allá de la película de Disney, veo mucha admiración de las personas hacia esta figura del esqueleto haciendo algo propio de los vivos, como que genera algo distinto ver un objeto que representa a un muerto tomando mates.

Yo hago piezas por encargo y una vez me pidieron una catrina de una mujer. Fue un desafío hermoso porque implicó investigar a la persona, elegir los detalles de la figura, etc. Todo eso produce un interés distinto hacia la muerte.

EM: ¿Cuáles considerás que son tus mayores logros?

MP: Diría que estar en el Museo Internacional de la Cartonería fue muy importante, porque además pude conocer a otras personas que se dedican a lo mismo. Como que ahí me terminó de cerrar todo, porque lo mío era más como un hobby, algo medio difuso. Aparte, esas instituciones te brindan una retroalimentación, te dan un lugar, un nombre. 

Me encanta el arte y los modos de reivindicación, cuando comencé a conocer toda la historia de la técnica de las catrinas y calaveras, me di cuenta que esto es lo mío, como una síntesis de distintas cosas que me interesan. Eso fue un gran logro personal, encontrarme en este lugar y en este espacio con la claridad de hacer lo que me gusta.


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