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La memoria viva de Eslovenia

En el período de entreguerras, la persecución política y la miseria que los enfrentamientos provocaron hicieron que unos 25 mil habitantes de Eslovenia llegasen a Argentina en busca de nuevos horizontes. Sus papeles muchas veces les asignaban otra nacionalidad, pero sus historias no se perdieron gracias a la labor de Esther Cmor, investigadora que ha ayudado a cientos de familias a conectar con sus raíces eslovenas.

  • Facundo Toloza y Dana Mainonis (4to IMVA)
  • Catalina Mina, Isabella Bononi y Carmela Fazio (4to IENM).

Frente a la pantalla, Esther Cmor asume con orgullo sus 83 años de edad y afirma que la posibilidad de conectarse que ofrece la tecnología le parece una maravilla. El espíritu de la curiosidad marcó su vida. Exploró el arte, la música, la danza y, sobre todo, las historias de familias atravesadas por la inmigración. Nacida en Dock Sud, partido de Avellaneda, Buenos Aires, sus primeros recuerdos se remontan a esas tardes de verano en las clásicas pensiones abarrotadas, donde hombres y mujeres contaban anécdotas de su patria.

Crecí rodeada de todas las nacionalidades que puedan imaginar, por eso hablábamos en cocoliche, los idiomas del mundo estaban en ese pequeño riachuelo. De hecho, desde la escuela pedían a los padres que hablaran en español a sus hijos, porque no se entendía nada, pero yo siempre hablé los dos idiomas”, cuenta Esther, cuyos antepasados venían de Eslovenia, un país de Europa Central.

Su habilidad bilingüe se combinó con su curiosidad innata y el deseo de mantener vivas sus raíces. Así, Esther empezó a rescatar las historias y a reconstruir los destinos de los inmigrantes eslovenos en Argentina. ¿Qué fue de ellos? ¿dónde se instalaron? ¿tuvieron descendientes?, fueron algunos de los interrogantes que inundaron su cabeza.

Desde entonces y hasta el día de hoy, Esther se dedica a recopilar, investigar y traducir documentos de todo tipo, desde archivos oficiales hasta palabras garabateadas en un papel, pasando por fotografías, cartas amarillentas por el paso del tiempo, poesías e incluso relatos orales que sobrevivieron al paso de las generaciones.

En el camino, ha ayudado a cientos de descendientes de eslovenos en Argentina y el mundo a reconstruir los orígenes de su propia historia. “Llega mucha gente joven que ha encontrado cartas de sus bisabuelos y quieren saber más. Cada una de ellas es una historia nueva para mí y leyéndolas vuelvo a ser la niña que escuchaba los cuentos de los grandes en el patio”, sonríe Esther.

Debido a los avatares de la historia, las fronteras de Eslovenia (que recién se consolidó como país independiente en 1991) sufrieron diversas modificaciones. Por eso era común que los inmigrantes de aquella región llegaran a Argentina con nacionalidades distintas (austríaca, húngara, yugoslava, italiana, etc.). «Muchos descendientes no conocen el verdadero origen de sus ancestros, me refiero a los que llegaron entre 1876 y 1938 principalmente”, apunta Esther.

Los frutos de su trabajo son enviados diligentemente a la Academia Eslovena de Ciencia y Arte. Recientemente mudada a Mendiolaza, Esther también lleva adelante un registro digital en el sitio web “Eslovenos del Este” e incluso condujo un programa radial transmitido por AM Digital 860.

El Milenio: ¿Por qué se decidió a investigar estas historias?

Esther Cmor: Quiero ayudar a los descendientes que buscan sus raíces y a quienes residen en Eslovenia o en otras partes del mundo y quieren saber qué fue de sus familiares. Desde allá me lo pide la Academia Eslovena de Ciencia y Arte, hacia donde va mi trabajo. Me interesa conocer qué pasó con aquellos que llegaron a partir de 1876 y sobre todo en el período de entreguerras, cuándo los inmigrantes huyeron en bandada de una Europa muy pobre.

Mi labor se concentra en la región de Prekmurje (Transmurania), de donde vinieron mis padres, una tierra en forma de cuña que se inserta entre Austria y Hungría. Esa zona tiene un lenguaje muy antiguo que fue la primera lengua que aprendí. Se la tenía como dialecto, pero en realidad es la base del esloveno actual.

Allá les interesó mucho que yo pudiera hablar y traducir esa lengua tan antigua. Me invitaron cuatro veces a Europa, donde pude conocer y recorrer mi propia historia. Ahora me doy cuenta por qué me gusta tanto Córdoba: se parece al lugar de donde vinieron mis ancestros.

EM: ¿Cómo surgió tu programa radial?

EC: Primero me invitaron a hacer un segmento especializado sobre la región del este de Eslovenia. Como de música sabía bastante (mi padre tocaba tres instrumentos y yo a los doce ya acompañaba en la orquesta), empecé con un micro de quince minutos. Después me pidieron que ampliara a media hora y al final terminé con el programa completo “Eslovenos del este y algo más”. Así estuve 20 años, con apoyo económico de la Academia. Ahora me traje todas las cosas a Mendiolaza para seguir, para mí es una satisfacción.

EM: ¿Cómo fue la visita del presidente Borut Pahor a la Asociación Mutual Eslovena Transmurana de Bernal?

EC: Mi padre fue fundador del club y yo fui su vicepresidenta hasta antes de mudarme. Borut Pahor fue el segundo presidente esloveno que conocí. Siempre que venían visitas especiales yo actuaba de intérprete, porque desgraciadamente la lengua se ha perdido mucho acá. Han venido ministros a ver el archivo en mi propia casa.

También estuve en el despacho presidencial del presidente anterior (Milan Kucan), charlamos unas cuantas horas. Él fue una figura muy importante del país. Era oriundo de la zona que yo investigo y de pequeño tuvo que escapar ante la llegada los nazis. La guerra fue tremenda en esa región.

EM: Repasando su historia, ¿cuál considera usted que es su mayor logro?

EC: Nunca se me ocurrió calificar algo como logro, pero he tenido momentos muy emocionantes en mi vida, como unir a personas que creyeron que nunca volverían a encontrarse, incluso pensaban que uno estaba muerto. Reencontrar familias que estaban perdidas y lograr conectarlas a pesar de que una estaba en Holanda, otra en Argentina y la otra en Eslovenia, cosa que quizás me llevó un año de conexiones. Diariamente recibo muchos pedidos en mi mail, no me alcanza el día para todo, pero siempre vale la pena colaborar. Las amistades que he hecho son la mayor satisfacción que una persona de mi edad puede tener.

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