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Un puente cultural entre Noruega y Argentina

Hace diez años que Mariana Windingland, vecina de Mendiolaza, se dedica a la traducción de obras literarias del noruego al español. A mediados de noviembre, participó del Festival de Libros y Lecturas organizado por la Municipalidad de Córdoba, donde acompañó los trabajos de autores nórdicos. Entre los diversos idiomas que maneja, la traductora compartió con El Milenio los detalles y desafíos de un trabajo que abre las puertas hacia el mundo.

“Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal”. La cita pertenece al escritor y Premio Nobel de Literatura José Saramago, quien una vez describió el oficio de traducir como un puente que facilita el encuentro entre dos culturas. Así, el traductor es atravesado por una doble tarea: “transportar” una obra original de forma que respete, al mismo tiempo, “el lugar de donde procede y el lugar al que se dirige”.

Estas palabras son recordadas por Mariana Windingland, vecina de Mendiolaza y traductora al español de obras literarias noruegas. Su vocación se remonta a una infancia transcurrida en Buenos Aires, rodeada de libros y mapas. Su madre, bibliotecaria de profesión, y su padre, un topógrafo oriundo de Noruega, esparcían por el hogar mapas que configuraban una “geografía de idiomas”, en palabras de Windingland.

Como una trotamundos de las lenguas, Mariana maneja con solvencia el noruego, el inglés, el francés y el sueco, un popurrí producto de varios viajes por el mundo. Su carrera arrancó en 1993 cuando realizó un intercambio cultural en Suecia, donde aprendió el idioma nacional y perfeccionó su inglés. Más tarde, inició sus estudios de traducción y en 1999 recibió una beca como profesora de ELE (Español Lengua Extranjera) en Wisconsin, EE.UU.

También estudió francés en la Université Laval de Quebec, Canadá, donde vivió durante un semestre. Su recorrido la llevaría a instalarse en la ciudad de Oslo, capital de Noruega, donde trabajó en distintos ámbitos del arte y la cultura, principalmente como subtituladora e intérprete de materiales audiovisuales y en los noticieros de la televisión pública del país. “Ese fue un poco el periplo de aprendizaje de lenguas, siempre in situ”, resumió la políglota traductora en diálogo con El Milenio.



Trasladar culturas

“Hablar lenguas abre puertas a universos totalmente desconocidos, hace accesibles las culturas. Es un placer que va más allá de las palabras”, afirma la traductora. Foto gentileza.

“La traducción tiene muchos desafíos, en todas sus variantes y formatos. En lo personal, lo más complejo ha sido la interpretación”, reconoció Windingland, a lo cual sumó otros obstáculos que ha tenido que sortear, como la pérdida semántica por factores culturales. “Las culturas son diferentes y a diario nos sucede que debemos designar algo que en la lengua destino simplemente no existe”, señaló.

Un reto aparte es la traducción de literatura infantil, donde además se requiere un trabajo de búsquedas sonoras análogo a la que hace el escritor de la obra. “Los cuentos infantiles se conciben para ser leídos en voz alta, por lo que es clave trabajar los sonidos, los ritmos y la estética sonora en su totalidad. Por supuesto, se presentan varias complejidades, como el humor, las onomatopeyas, la relación del código visual con el código verbal, la intertextualidad y las adaptaciones al contexto cultural local, entre otras. Juana y Vicente, mis hijes (sic), fueron mis mejores correctores de estilo”, compartió la traductora.

Para ella, otro de los placeres que le ha dado el oficio ha sido subtitular material audiovisual. “Es una tarea que requiere competencias un tanto particulares, ya que se debe comprender la narrativa sonora y la edición de imagen para luego condensar los parlamentos. Las técnicas de traducción son muy diferentes aquí, hay condicionamientos de tiempo y de espacio y por eso se tiende a simplificar el discurso”, explicó Windingland.

“En Noruega hay 5,5 millones de habitantes, mientras que los hispanoparlantes son 580 millones. Traduciendo su literatura al español, los autores pueden llegar a un público cien veces más grande que el de su propia nación”

El Estado, un actor clave


Ante la consulta sobre las políticas públicas que apoyan la traducción, Windingland expresó: “En mi caso, el organismo que paga mis traducciones está en Noruega. Sin los aparatos del Estado, la traducción en el sector editorial se hace muy difícil por su elevado costo, que encarece la producción del libro. La existencia de este tipo de políticas es clave”.

Así, las obras traducidas por Windingland se publican gracias al apoyo de NORLA (Norwegian Literature Abroad), la agencia estatal que difunde la literatura noruega en el exterior y ofrece distintos tipos de apoyo económico a traductores, autores y editoriales. De hecho, más de la mitad de los subsidios a la traducción que otorgó el país escandinavo en los últimos 15 años dentro del continente latinoamericano fueron para Argentina (y de esa porción, el 80 % ha sido para Córdoba).

Por su parte, Argentina cuenta con el Programa SUR, desarrollado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. Se trata de un plan de apoyo que apunta a promover la edición de obras nacionales en lenguas extranjeras y a su vez, a difundir el imaginario social y los valores regionales en el exterior. Hasta el presente, el Programa SUR ha aprobado 1.472 obras de 420 autores argentinos, traducidas a 46 idiomas, según datos oficiales.

Feria del Libro virtual


Entre el 11 y el 15 de noviembre se llevó adelante el primer Festival de Libros y Lecturas, organizado por la Subsecretaría de Cultura de la Ciudad de Córdoba, una propuesta surgida a raíz de la cancelación de la clásica Feria del Libro que año tras año tiene lugar en la histórica Plaza San Martín.

El evento virtual contó con la participación de Noruega como país invitado y, en ese marco, Windingland acompañó las presentaciones de libros infantiles y dramaturgias noruegas. Los textos de destacados autores del país nórdico, como Arne Lygre (“Hombre sin propósito” y “Desaparezco”), Mari Kanstad Johnsen (“Mi pequeño gran papá” y “La Pelota”) y Kari Tinnen (“Barbie & Milo, una historia de amor”), fueron algunas de las obras presentadas, disponibles en el canal de YouTube Cultura Córdoba Ciudad.

En ocasión del encuentro binacional, Windingland compartió una charla en vivo con el reconocido dramaturgo cordobés José Luis Arce, prologuista de las obras de Arne Lygre. La participación escandinava cerró con “Adentro y afuera, el universo está para ser leído” y la lectura del ensayo “¿Qué leemos cuando no leemos?” de Silvia Barei, con imágenes del libro álbum “Afuera”, ilustrado por Mari Kanstad Johnsen.

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