La golfista rioceballense Lucía Allub llegó a la Universidad de Houston (Estados Unidos) gracias a una beca, buscando acercarse un paso más a su meta de convertirse en jugadora profesional. Con solo 18 años, y en medio de un semestre plagado de imprevistos, muestra su voluntad tenaz de adaptarse y alcanzar su máximo rendimiento deportivo, sin dejar de lado sus aspiraciones académicas.

  • Colaboración:
  • Alma Garayzabal y Renata Pajón
  • Instituto Milenio Villa Allende
  • Julieta Leites y Jazmín Garrone
  • Instituto Educativo Nuevo Milenio

El circuito profesional de golf femenino es un pequeño grupo de privilegio. Se trata de la organización deportiva de mujeres más antigua de Estados Unidos y representa buena parte de las aspiraciones de todas aquellas atletas que buscan destacarse en esta particular disciplina. Para Lucía Allub, una joven golfista de Río Ceballos, ese terreno es el objetivo final.

A los once años viajaba desde Villa Los Altos para tomar clases en el Córdoba Golf Club de Villa Allende, donde “la escuelita de verano” la enganchó para siempre. Desde pequeña veía golf por televisión y seguía a sus jugadoras favoritas en las redes sociales. Allub se interesaba por toda la experiencia: lejos de perder la paciencia o la concentración, se compenetraba con torneos enteros, sus resultados e incluso la manera en que las protagonistas dialogaban con los medios. “Siempre veía las entrevistas y, particularmente, desde chiquita admiré a Azahra Muñoz, de España”, comenta Lula, como la conocen sus allegados. 

Para la golfista adolescente, los resultados no comienzan a tejerse en el campo, sino en todo aquello que hace al deportista en la vida cotidiana. Por eso, aprendió de la ibérica Muñoz que el temple es determinante y destaca de Azahra su capacidad para reponerse a una enfermedad que mantuvo su carrera en vilo durante cuatro años, para hoy volver a posicionarse en el tour profesional. 

La técnica, la táctica y el control emocional son parte de la tarea diaria de Lucía. La rutina se presenta tranquila, entre campos que parecen alfombras y la calma que se respira a través de los árboles, pero la procesión por dentro no se detiene. Cuando afronta un golpe difícil y vital para su clasificación, Allub elige el tiro en su cabeza, lo imagina de manera detallada mientras camina hacia la pelota. 

Sin embargo, ese pensamiento no debe durar más que unos segundos. La jugada no debe repetirse en su cabeza lo suficiente como para empezar a dudar. Lucía llega y ejecuta, sin titubear. “Así me evito la parte esa en la que empezás a plantearte ¿qué pasa si hago esto mal? Lo mejor, para mí, es elegir, imaginar rápido y pegar. Si me equivoco, lo mejoro la próxima jugada o busco otra manera, pero la duda nunca es buena en el golf”, subraya.

A paso audaz


Allub es consciente que cada peldaño le demandó un esfuerzo. Su carrera no fue meteórica, pero fue logrando una constancia en la mejora que la mayoría de sus contrincantes no pudo obtener. “Fue un proceso largo. Empecé en torneos chicos de Córdoba, mi primera competencia nacional llegó recién dos años después de haber empezado a jugar al golf y el primer torneo que gané fue otros dos años más adelante. Todo se fue dando muy de a poco”, cuenta la rioceballense.

Ya asentada entre las promesas más importantes del país, la golfista fue elegida para integrar el seleccionado sudamericano. “Se trató de un momento clave para mí, en enero de este año llegué a Estados Unidos y competí durante un mes entero en cinco torneos que, desde mi lugar, tuvieron una importancia enorme. Tuve la oportunidad de mostrarme, y ahí fue cuando mi actual coach me vio jugar y me eligió para el equipo de la universidad”, recuerda.

En tren de buscar superarse e intentar codearse con las mejores jugadoras del mundo, Lula entendió que la alternativa más interesante era situarse en Estados Unidos, potencia del golf internacional. Allí, su desarrollo no se centraría solamente en lo deportivo, sino también en lo académico, gracias a una beca universitaria para deportistas. “Poder combinar una carrera universitaria con el golf es algo muy importante para mí, y, además, el nivel de juego es lo suficientemente bueno como para prepararme para el profesionalismo”, apunta Lucía.

Aunque reconoce que su trayectoria le demandó sacrificios, hoy agradece su presente. “Viví una adolescencia diferente al resto porque prioricé el golf, me perdí casi todo lo que fue sexto año. Es difícil también estar lejos de mi familia, pero no me quejo. Estoy donde quiero estar, donde me proyecté hace cinco años cuando empecé a jugar al golf”, afirma la joven de sólo 18 años. 

Contra viento y pandemia


Apenas algunos meses atrás, la vida de la deportista de Sierras Chicas cambió rotundamente. Confiada de haber tomado la mejor decisión, lo único que logró frenar el paso de Allub, por algunas semanas, fue la pandemia. “Toda mi vida universitaria se modificó, terminamos el semestre sin clases presenciales, sin competencias ni entrenamientos. Recién meses después nuestro coach pudo tomar medidas y cuidados para que podamos volver a practicar”, señala la deportista.

Por el resto, Lucía se muestra entusiasmada. Todo lo que la rodea, incluso sus colegas, son parte de un panorama al que deseaba pertenecer. “La relación con mis compañeras es tal cual yo esperaba que fuera. Como ya sabía, existe una competencia interna muy grande, ya que antes de cada viaje a los torneos de la conferencia local, tenemos torneos clasificatorios entre las golfistas de la universidad y allí se define quién nos representa en cada ocasión. Pero a pesar de eso, buscamos ser un equipo y así poder elevar el nivel de cada una”, afirma.

Allub destaca el rol preponderante que tiene el golf femenino en el país norteamericano, donde las oportunidades reales de dedicarse de lleno al deporte no son propiedad exclusiva de los hombres. “En Argentina, el circuito masculino es reducido, pero está. El de mujeres ni siquiera existe. Noto que en Estados Unidos el equipo de la universidad es visto como un conjunto muy importante”, analiza la golfista.

El 2020 fue duro, pero el proceso de a poco va tomando la marcha que Lucía espera. Hoy estudia Marketing en la Universidad de Houston, mientras se prepara para enfrentarse al profesionalismo algún día. En Texas, en Río Ceballos o en Villa Allende, su ilusión sigue siendo la misma que cuando observaba cada uno de los cruces más relevantes del circuito desde el televisor de su casa.