La tragedia del 15 de febrero dejó innegables secuelas en todos los habitantes de las Sierras Chicas. Sin distinción entre quienes perdieron todo, aquellos que estuvieron horas arriba del techo, o a quienes no les afectó material o directamente; las inundaciones dejaron el recuerdo de cuán catastrófica puede ser una tormenta.
Entre los vecinos de la región es frecuente escuchar declaraciones tales como: “Cuando hay lluvia no puedo dormir”; o “Antes no me daban miedo las tormentas, ahora me aterran”; e incluso “Duermo con un brazo al costado de la cama, por las dudas, así, si empieza a entrar agua, me despierto antes de que se inunde”.
El Estado ayudó a los damnificados con kits de electrodomésticos, colchones o viviendas (algunas aún en deuda). Además de la colaboración anónima de muchas personas que donaron ropa, muebles, alimentos y lo que estuviera a su alcance. Sin embargo, hay algo que nadie pudo reparar: el daño emocional y psicológico.

Luego de vivir una situación como las inundaciones, la psiquis experimenta una especie de trauma. Para ahondar en el tema, El Milenio consultó a Diego Tachella, psicólogo (MP: 3257) y residente de Mendiolaza.
Para la Organización Mundial de la Salud se considera una situación de desastre cuando ocurre «un acto de la naturaleza, de tal magnitud, que da origen a una situación catastrófica en la que súbitamente se alteran los patrones cotidianos de la vida y la gente se ve hundida en el desamparo y el sufrimiento”.
Como resultado de ello, las víctimas necesitan víveres, refugio, asistencia sanitaria, así como otros elementos fundamentales para subsistir y protección contra condiciones ambientales desfavorables; según explicó Tachella.
Asimismo, agregó que el llamado 15F fue un evento súbito -y como tal- afecta las estructuras bio-psico-socio-ecológicas. De este modo, provoca modificaciones en los vínculos, altera la cotidianidad y causa daños y pérdidas materiales y humanas. Esto perturba tanto a las personas implicadas como a los testigos, el personal de rescate, pueblos vecinos y hasta a toda una región.

El Milenio: ¿Cómo afecta a las personas vivir una catástrofe como lo fueron las inundaciones del 15 de febrero?
Diego Tachella: Los niveles de afectación son múltiples, dependiendo o en relación con los recursos personales, familiares, sociales y comunitarios de cada persona. Desde las pérdidas materiales y de vidas humanas, hasta los objetos que son de gran valor afectivo para cada persona.
También hay efectos inmediatos, a corto, mediano y largo plazo. En lo inmediato, está la sorpresa y lo inminente del desastre o crisis y suelen surgir respuestas de negación, ansiedad, angustia o hiperactividad sin propósito.
Durante el impacto, suelen surgir conductas adaptativas: algunas personas logran evaluar su situación, controlar su ansiedad y operativizar un plan de acción para salir de la emergencia. Muchas otras personas actúan confusamente y deambulan desorientadas. También están quienes actúan de maneras irracionales, sin control de sus emociones, paralizados por su ansiedad y angustia.
Hay un dolor psíquico que se presenta ante el impacto que supera las defensas de la persona para contener esa desorganización violenta e imprevista del entorno. Éste se activa ante las pérdidas y la súbita desaparición de lo que era cotidiano y previsible.
Luego del primer impacto, pasado un tiempo y empezando a recuperar la cotidianidad, aparecen las adaptaciones necesarias de toda la comunidad afectada y de las personas y familias. Es una exigencia masiva de adaptación que resulta en tensiones y nuevas pautas de interacción. En ese contexto, los marcos de referencia deben reestructurarse de manera súbita, estos marcos son los que permiten entender las circunstancias y definir las acciones o conductas.
Pueden aparecer también, sensaciones de vulnerabilidad ante el mundo, de abandono por parte de quienes se cree responsables del hecho, de enojo y de angustia. También, una cronificación de la sensación de desilusión, desamparo y perplejidad ante lo súbito y externo del hecho.
EM: ¿Puede generar traumas psicológicos permanentes?
DT: Sí, claro. Si bien a la hora de referirse técnicamente a las personas que atravesaron este tipo de situaciones, se habla de damnificados y no de víctimas, para evitar dejar a la persona en un lugar pasivo ante los hechos y revictimizarlas.
Es posible que, ante eventos como este y con personalidades con cierta predisposición previa, pueda desarrollarse o agudizarse algún trastorno. Suele tratarse de estrés postraumático, los traumas que surgen a partir de un desastre natural.
También resulta necesaria la elaboración del duelo por las pérdidas materiales, afectivas y simbólicas. Lo que implica alcanzar un nivel de aceptación de la realidad de la pérdida y del impacto que ésta tiene sobre la vida de cada persona. Aunque si hay algún trastorno previo, se puede agudizar o surgir alguna crisis puntual.
En cualquier caso, es recomendable consultar a profesionales, en especial los niños. Si hay un miedo exagerado o hipervigilancia, dificultades para dormir, pesadillas perturbadoras repetidas, angustia excesiva, conductas evitativas en relación a la temática, irritabilidad o ataques de ira.

EM: ¿Qué recomendación le haría a aquellas personas que sufrieron durante las inundaciones?
DT: Elaborar la situación traumática, ya sea hablando sobre el tema o escuchando a otros y relatando su propia experiencia. También, participando de redes de apoyo con otros damnificados (conformados por vecinos, testigos, rescatistas, etc.), de encuentros socio-comunitarios, realizando o participando de expresiones artísticas, deportivas y culturales (que son formas de elaboración colectiva de lo que ha sido traumático), ya sea de charlas, exposiciones o encuentros.
En lo individual, si se requiere por la intensidad del malestar, solicitar acompañamiento a equipos especializados o a profesionales. Un objetivo importante es recuperar la cotidianidad, las rutinas y tareas diarias, la vida social y comunitaria y los proyectos personales, familiares y colectivos. Se busca disminuir la sensación de vulnerabilidad que queda luego de un suceso así.
Además, es importante establecer (y restablecer) lazos y redes para ofrecer y recibir ayuda e información de situación de desastres y emergencias, en es -si es posible- que se reitere
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