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9 diciembre, 2019

El país. Luego de las elecciones primarias (PASO) de agosto, se produjo una corrida cambiaria, es decir que muchos de quienes poseían sus ahorros en pesos, se refugiaron en el dólar, tratando de huir de la devaluación. Como consecuencia de esto, las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) comenzaron a disminuir drásticamente.

Como primera medida para paliar esta situación, el gobierno nacional estableció que las personas podían comprar únicamente hasta 10 mil dólares mensuales para atesoramiento, quedando excluidas de esta medida las empresas y sociedades.

Sin embargo, con el correr del tiempo, el tope de 10 mil dólares no contuvo la fuga de divisas, por lo cual, tras las elecciones generales, se endurecieron las restricciones y se disminuyó la venta por persona humana a un máximo de 200 dólares mensuales por operación bancaria o 100 en efectivo.

En diálogo con El Milenio, Rubén Ullúa, analista de mercados financieros y columnista de numerosos medios, despejó algunas dudas sobre este tema tan sensible para los argentinos.

El Milenio: ¿Por qué se ha tomado la medida del cepo al dólar?  

Rubén Ullúa: Básicamente, la economía argentina no crece desde 2011. Esta situación ha generado un escenario económico de mucha fragilidad y gran desconfianza. Si bien hacia finales de 2015, con el cambio de gobierno, se logró levantar el cepo cambiario que venía de la gestión anterior y hubo un período de cierta calma (basado en las expectativas que generaba ese nuevo mandato); en los últimos años, los indicadores económicos volvieron a deteriorarse, generando un efecto de depreciación constante en nuestra moneda.

Esta condición hace que muchas empresas, inversores y ahorristas prefieran conservar su capital en moneda extranjera (dólares, principalmente). Sin embargo, Argentina no emite dólares como para abastecer la masiva demanda, por lo cual el BCRA se ve obligado a establecer un límite cambiario para frenar fuga de la moneda estadounidense.

EM: ¿Cómo afecta al comercio exterior? 

RU: En principio, quienes importan productos del exterior y deben pagar los mismos con dólares, deberán pedir una autorización al BCRA y será este quien defina el límite de importación. Por otro lado, aquellos que exportan productos, lo podrán hacer sin problemas. Sin embargo, no podrán recibir el pago en dólares, sino que el BCRA se los pesificará al valor de la fecha.

“El dólar blue es un problema, porque, aunque se trata de un mercado informal, ilegal y de bajo volumen, su cotización pasa a ser de referencia para la economía diaria, impactando en los precios”

EM: ¿Considera que con esta medida se podrá controlar la suba del dólar? 

RU: Por experiencias pasadas, cuando se implementan políticas de estas características, se controla el precio del dólar oficial, pero comienzan a surgir otras alternativas de acceso a la divisa que no pueden ser reguladas por el BCRA. En esos mercados paralelos, la cotización de la moneda continúa subiendo, generando una brecha o diferencial importante con el precio oficial, lo cual termina impactando de todos modos en el desarrollo diario de la economía. 

El “dólar blue”, por ejemplo, es un mercado informal, ilegal y de bajo volumen, pero que gana crédito por la condición de cepo actual. Ese es uno de los problemas sobre el cual el gobierno entrante tendrá que trabajar, porque a pesar de tratarse de un dólar ilegal y no oficial, su cotización pasa a ser de referencia para la economía diaria y termina afectando igualmente a los precios.

EM: ¿Por qué se puso más estricto el cepo después de las elecciones?  

RU: Básicamente debido al fuerte incremento de la demanda y a la salida masiva de los depósitos en dólares. Como mencioné antes, Argentina no emite dólares. Si todos los que vivimos en este país quisiéramos transformar nuestros pesos en dólares, no habría divisas suficientes para satisfacer esa demanda. Esta situación es la que obligó a endurecer el cepo tras las elecciones. 

EM: ¿Hay riesgo de que se vuelva a producir un corralito financiero? 

RU: No, son condiciones muy diferentes a las que se vivieron en el año 2001. En esa oportunidad, un peso equivalía a un dólar, por lo que era imposible transformar todos los pesos circulantes a dólares del mismo valor, lo cual condujo al corralito.

Actualmente, el precio del dólar es flotante, aunque controlado por el cepo, con lo cual la demanda de dólares produce un efecto devaluatorio de nuestra moneda, pero no habría necesidad de establecer un corralito. Es decir, el peso argentino podría seguir depreciándose frente al dólar, pero el acceso a nuestra moneda seguirá sin problemas.

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