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Reflejos de los 90


Con grandes picos alcanzados hace más de dos décadas, el pádel vuelve a ser un deporte potencia en Argentina. Fernando Ingaramo, jugador y entrenador de Villa Allende, brinda su mirada experta en relación a una disciplina que tiene cada vez más adeptos.

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Fernando Ingaramo entrena y da clases en Los Troncos, complejo de canchas ubicado en Río de Janeiro 1339 (Villa Allende).

Colaboración: Janice Bel y Abril Seydell (4to IENM). Gaspar Donemberg y Valentín Costilla (5to IMVA).

A diferencia de lo que ocurre con la mayor parte de los deportes tradicionales, el pádel no se originó en Estados Unidos ni en Europa Occidental. En cambio, esta disciplina encuentra su fuente en un experimento a orillas del Mar Caribe.

Acapulco, escenario del torneo de tenis más importante de Latinoamérica, donde se consagraron figuras como el mallorquín Rafael Nadal o el austríaco Thomas Muster, fue la cuna de este juego que, con el tiempo, se alejaría cada vez más de su antecesor, el tenis.

De rápido contagio por América Latina y España, el pádel llamó la atención de los aficionados a las disciplinas de raqueta. Sin embargo, el salto de calidad llegaría cuando referentes del “deporte blanco”, como el multicampeón de Grand Slam, Manolo Santana, se sumaron a la creciente popularidad de este juego.

Luego de conquistar buena parte de la Costa del Sol española, el pádel llegaría aún con más fuerza a Argentina, donde, en el amanecer de los noventa, se convirtió en el deporte sensación, alcanzando niveles de masividad que incluso superaron a la mayoría de los deportes de equipo.

El entrenador Fernando Ingaramo trabaja en Villa Allende y lleva años apostando a una formación seria en la pista. “Después de jugar aficionadamente durante varios años decidí comenzar a instruirme, buscar personas con las cuales hacer escuela y potenciar mis conocimientos. En eso encontré a Nito Brea, un profesor que se dedica puntualmente a formar docentes de pádel. Trabaja en Buenos Aires, pero hice el esfuerzo de ir hasta allá para entrenar con él. Pienso que para crecer es necesario aprender con personas de ese nivel”, afirma el deportista.

El Milenio: ¿Cómo son los movimientos en la cancha? ¿Tienden a parecerse técnica y estratégicamente a los del tenis?

Fernando Ingaramo: El pádel es un deporte que no puede llevar golpes tan largos o con movimientos extensos tan marcados como el tenis. Esto se debe a varios factores, pero fundamentalmente tiene que ver con el tamaño de la cancha. La pelota vuelve muy rápido y, si nuestro swing es muy largo, no tenemos tiempo de prepararnos para el siguiente golpe.

La pared es otra cuestión clave en ese sentido. Es un elemento que puede funcionar como ventaja o desventaja, por ejemplo, al acercarte a la pelota luego de un rebote, a diferencia de lo que ocurre en una cancha con un fondo profundo, como en el tenis.

Es muy diferente. La estrategia del tenis te lleva a apuntar a jugar lejos de la bola. La gente suele asociarlo constantemente, pero no se parecen tanto.

“La estrategia del tenis te lleva a jugar lejos de la bola. La gente suele asociarlo constantemente al pádel, pero no se parecen tanto”

EM: ¿Cuál es el golpe que más diferencias genera en el pádel?

FI: Tácticamente hablando, lo que más diferencia hace es un buen globo. Hoy en Argentina se está jugando en distintos tipos de cancha, algunas indoor y otras abiertas. En una superficie a cielo abierto, el globo es un golpe que te permite acomodarte, reposicionarte.

Lo que sucede es que, al menos en Córdoba, hay muchas canchas cerradas y con un techo que suele tener seis metros de altura, lo cual no es suficiente para tirar un globo muy importante. Por lo tanto, el golpe que más efecto surte en ese contexto es el smash, lo más parecido que tenemos al saque del tenis.

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Para Fernando Ingaramo, un buen globo puede hacer la diferencia en un juego, aunque el golpe más usado es el smash.

EM: ¿Qué cambios introducen al juego las variantes que hay en relación a las superficies?

FI: Desde hace tiempo, se dice que el pádel no es bueno para las rodillas, por jugarse en superficies duras. Si bien el cemento no favorece a las articulaciones, muchas de las lesiones originadas cuando este deporte llegó al país tuvieron que ver con el desconocimiento. La práctica de esta disciplina requiere de cierto equipamiento, en este caso, zapatillas diseñadas para pádel.

Más allá de esto, últimamente van apareciendo de a poco en Argentina las canchas de césped sintético, que son las que se utilizan en todo el mundo. Es una superficie que amortigua mejor y ayuda a las articulaciones.

También es un cambio interesante, porque ayuda a mejorar la dinámica del juego, ya que en la actualidad, con la tecnología que llevan las paletas, se hace muy difícil defender en cemento y los puntos se están volviendo muy cortos. En canchas duras, la bola despide más, se vuelve difícil de controlar y los golpes de potencia son más utilizados y efectivos a la hora de atacar.

“El pádel es un deporte que no puede llevar golpes tan largos o con movimientos extensos tan marcados como el tenis, principalmente por el tamaño de la cancha”

EM: A nivel nacional, ¿cómo ves la competencia en el pádel hoy en día?

FI: El pádel fue furor en los 90, cuando cualquier espacio vacío se convertía en una cancha. Sin embargo, era visto como un hobby, no como un deporte con potencial profesional. La práctica en el país fue mermando con el tiempo.

No obstante, desde hace siete u ocho años, el nivel competitivo de nuestros jugadores viene creciendo muy rápidamente. Los aficionados son cada vez más y varios de nuestros referentes nacionales son jugadores top a nivel mundial. Lo que ocurre es que esos jugadores compiten en Europa, donde el pádel es totalmente profesional.

Viviendo y jugando en nuestro país tenemos muy pocas personas que se dediquen profesionalmente a esta disciplina. En Europa se juegan la mayoría de las etapas del World Pádel Tour, que es la máxima competencia a nivel internacional.


IDA Y VUELTA / RADIO EL MILENIO

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