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Martín Bedirián: “Creo que uno es deportista toda la vida”


Martín Bedirián es cordobés y fue parte de la selección argentina que disputó el Triatlón en postas en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

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“Todo lo que hago es con pasión; me gusta la pesca, soy hincha de Talleres, me gustaría viajar. Sin dudas, que el objetivo cambia y siempre voy a encontrar una motivación para seguir tras un objetivo”.

Martín Bedirian tiene 30 años y es un triatlonista que tuvo una destacada participación en los Juegos Panamericanos Lima 2019, donde finalizó en el puesto 17º de la prueba masculina.

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Martin de visita en la redacción de elmilenio.info de la ciudad de Villa Allende.

En su décimo aniversario desde su debut por aquel 2009, el deportista de Villa Allende compartió con El Milenio sobre su experiencia de vida y brindó consejos para todos aquellos que quieran adentrarse en este deporte.

El Milenio: Como primera pregunta y antes de pasar a tu experiencia en los Juegos de Lima 2019: ¿Qué te inspiró para participar en los Juegos Sudamericanos?

Martin Bedirián: Lo que me motivó es cumplir con el primer objetivo de ese ciclo olímpico.

El calendario del ciclo olímpico, que es cada cuatro años, arranca con los Juegos Sudamericanos, luego le siguen los Panamericanos y cierra el ciclo con los Juegos Olímpicos. Para todas hay que clasificar.

Es que en los Juegos Olímpicos no necesariamente puede haber argentinos en triatlón, ya que no es un deporte de tiempo y marca, es por ranking mundial y entran solo los 55 mejores del mundo. Esto te lleva a estar todo el ciclo olímpico compitiendo y compitiendo para estar arriba.

EM: ¿Entrenaste en varios lugares para prepararte en el triatlón?

MB: No. Generalmente uno trata de conocer el escenario del evento y en base a eso prepararse.

EM: ¿Tuviste hace unos años un problema de deshidratación?

MB: Sí, en el 2014, ese día casi se acaba todo.

Era un selectivo para los Juegos del Sur (los Juegos Sudamericanos), una clasificación en la que estaba muy presionado personalmente, casi rozando la obsesión. Venía muy bien en esa competencia y faltando 70 metros para la llegada, no me acuerdo de nada; me desperté en el hospital a las diez de la noche y el diagnóstico fue una rabdomiolisis, que es una destrucción muscular excesiva donde el cuerpo se deshidrata a tal punto que ya no le queda agua y empieza a consumir el músculo.

Y bueno, las consecuencias fueron bastante graves. Algunos problemas renales y hepáticos, pero por suerte, siempre fui siempre sano.

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“Estoy empezando a ver el deporte desde otro lugar”. Foto: Confederación de Deportes de la Prov. de Córdoba

La vida o algo me dio otra segunda oportunidad y me demoré seis o siete meses en volver, pero pude y me tomé revancha el año siguiente, cuando fui a los Juegos Panamericanos.

En definitiva, fue muy difícil. Tuve que hacer dieta, cuidarme, tener paciencia. Además, fue muy importante el trabajo con mi psicóloga, porque más que físico era mental. Tuve que vencer todo ese miedo que te queda, el por qué pasó, si yo no había hecho nada malo.

EM: A pesar de todos los retos que conlleva, ¿qué es lo que más te gusta del triatlón?

MB: Hay que buscar la respuesta en uno mismo, de por qué hago todo esto. Evidentemente, en nuestro país mucho dinero no se gana, se reniega mucho para poder entrenar, las condiciones respecto a otros países no son las mejores. No son excusas, pero son realidades.

A mí me gusta trabajar sobre verdades, realidades y en base a eso, la respuesta que encuentro es que la gloria lo es todo. De chico veía por la tele a todos los atletas con los que hoy me toca compartir una villa olímpica y bueno, yo quise estar ahí. Y la verdad, que si me preguntan a grandes rasgos cuál es el motivo: es el amor al deporte.

Creo que uno es deportista toda la vida. Solamente que hay segmentos que uno los vive como atleta, como formador, como aprendiz, pero básicamente es eso, la pasión y el amor a lo que uno hace.

“Si no te sale ahora el objetivo, te puede salir en la próxima hora, o más tarde, pero eso te lleva a superarte”.

EM: Y hablando de esos atletas que vos admiraste mucho, ¿qué destacas de los cordobeses José Meolans y de Georgina Bardach?

MB: No podría ser objetivo porque los dos son mis ídolos. Por suerte, tantos años en esto, he llegado a tener diálogos muy fluidos con ellos. Con Georgina, por ejemplo, entrené más de seis, siete años, fui compañero de toda su preparación y todos sus logros, tanto para la medalla olímpica como para los Juegos Olímpicos de Chile 2000 y compartimos el mismo entrenador.

Yo entrené 17 años con el entrenador de Georgina, con el Héctor “Bochi” Sosa. He visto muy de cerca esa preparación y fueron grandes mentores para nosotros, como deportistas, pero sobre todo como personas.

Ni hablar de que los dos son cordobeses, son nuestros, así que es un gran orgullo.


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EM: ¿Cuál es tu objetivo principal?

MB: El objetivo siempre fue el mismo, aunque en realidad el sueño siempre va cambiando. Uno cuando es chico sueña con decir “algún día voy a ser campeón argentino y subirme a un podio”, después, el deportista es como que se vuelve un poco ambicioso y eso habla del hambre de gloria, de la sed de victoria y se va corriendo el objetivo.

Ya cuando fuiste a dos Juegos Panamericanos te animás a soñar para ir a un Juego Olímpico, pero muchas veces no depende solo de uno, ya que se requiere de mucho apoyo. Si no fuera por el soporte familiar uno ni siquiera se atrevería a soñar.

EM: ¿Por qué decidiste cambiar de natación al triatlón?

MB: Es que a los 17 años no podía mejorar al nivel que yo quería, si bien me destacaba a nivel nacional sentía que podía un poco más. Todo ese período que terminaba el secundario iba a tener más tiempo para entrenar y por suerte obtuve el apoyo de la familia.

En el triatlón son tres disciplinas donde mínimamente tenés que entrenar dos turnos por día y bueno, yo sentía que en la natación había tocado mi techo y ya no podía mejorar. Y sin querer, como aventura, me anoté en un triatlón y encontré en este deporte todo lo que no pude ser como entrenador.

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“Si no fuera por el apoyo familiar uno ni siquiera se atrevería a soñar”.

EM: En cuanto a la dieta, ¿es dura?

MB: Siempre, un deporte como este requiere muchísimo gasto calórico, por lo que entrenamos fácilmente entre cuatro y seis horas diarias. Entonces, se cuida más que nada la calidad de los alimentos y no la cantidad.

A lo largo de toda la trayectoria uno va aprendiendo a conocer su cuerpo, ves qué te hace bien, qué no, qué asimilás mejor y también, trabajás con profesionales de la alimentación.

«Creo que el deportista tiene que darlo todo sin olvidarse de vivir, sin dejar de compartir con amigos, familia”.

EM: En el triatlón comenzaste a nivel nacional en el año 2009: ¿Cómo fue el balance de estos 10 años?

MB: En 2009, fue la primera competencia oficial, ya son 10 años. Cuando uno es más grande, piensa con el corazón y como siempre dije, el triatlón me dio la oportunidad de realizar mi sueño como deportista, de superarme.

Siempre digo, que la carrera del deportista es como graduarse en Harvard. Se inculcan valores, sobre todo el no darte por vencido nunca. Muy pocas veces, un deportista puede caer en una crisis de frustración, porque uno lucha permanentemente.

Cada año te lleva a reinventarte, a ver de dónde se puede ajustar para mejorar. Cuando ya son 10 años, uno ya aprende a levantarse y a ver que a frustración es parte del juego.

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Orgullos cordobeses: ¡Hay equipo!

EM: Entonces, para vos es una buena reflexión de vida decir que no hay que rendirse.

MB: Me gustaría creer que sí, porque como decía, deportista de alto rendimiento se es un período. Si yo voy a hablar con el “Pepe” Meolans o con Georgina, que hace más de 10 años que se retiraron, creo que su filosofía de vida sigue intacta.

EM: ¿Esto te lo enseña el deporte y todas las vivencias que uno tiene que pasar?

MB: Depende del deporte. Hay un hecho muy importante que es la presión que le ponen al niño o adolescente. Generalmente, viene de la familia esta presión y es muy de nosotros los argentinos de querer siempre el éxito inmediato. No estamos acostumbrados a aguantar los procesos y directamente hablamos del fracaso.

Creo que, hasta cierta edad, uno lo tiene que hacer por diversión, aprender en el camino y sobre todo elegir buenos formadores, rodearse de buenas personas.

Así como el deporte tiene cosas buenas, también tiene sus malas, siempre se acercan personas que te dicen que hay una “fórmula mágica” para mejorar.

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