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El milenio

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Los gajes del ritmo


Desde la buena vida hasta las penurias que conlleva trabajar y vivir de la música, la cantante Gabriela Eujanian las conoce todas. En diálogo con El Milenio, la artista reflexiona sobre su bella y compleja labor.

El dúo está compuesto por Gabriela Eujanian y Pablo Córdoba.

Gabriela Eujanian es la líder de «Camaleón», la banda nacida en 1992. Inicialmente un cuarteto, pero su formación fue cambiando con el correr del tiempo, al punto de llegar a tener siete integrantes.

Actualmente un dúo, Gabriela canta junto a Pablo Córdoba, su socio y amigo. “Él es percusionista. Ambos nos hacemos las segundas voces, y cantamos coros en las pistas, para las bases”, relata la cantante.

Junto a Pablo, tocan ritmos caribeños como salsa, cumbia colombiana, bachata y merengue. “Nuestra música es para eventos, para divertir a la familia, para amenizar cumpleaños y casamientos”, expresa Eujanian.

En su vasta trayectoria, de casi tres décadas, Gabriela ha construido una amplia experiencia en donde ha podido ver todas las aristas de la música: la buena, la mala, las menos conocidas o las más complejas.

La cantante se expresa sobre el complejo trabajo de tocar en vivo, los cambios en los gustos musicales y los desafíos constantes a los que se enfrentan, cada día, las bandas y los músicos.

‘Camaleón en uno de sus espectáculos’.

El Milenio: Actualmente ¿Cuál es la música que predomina?

Gabriela Eujanian: Predomina la comercial, la que tiene enganche y éxito. No tiene una razón de ser, puede ser cumbia, o cualquier tipo de música. Hay tendencias, y eso no tiene nada que ver con cómo se hace, si es músico o si estudió música. Le gustó a la gente y enganchó, eso no se puede manejar.

También depende de las edades, los gustos, y las épocas. En nuestro caso hacemos modificaciones dependiendo del evento. No quiere decir que cambiemos, sino que agregamos o quitamos. Si en la fiesta, por ejemplo, predomina la gente grande, vamos a buscar y modificar nuestro repertorio acorde a ese grupo.

EM: Las bandas que tocan una música que ‘no está de moda’ ¿Pensás que la sociedad los obliga a cambiar el estilo de música que hacen?

GE: Por supuesto que sí. Si la gente no escucha la música que no es viral, entonces las bandas pequeñas o grandes son inconscientemente obligadas a cambiar. Porque sino no entran en la moda vigente, y quedan en el olvido.

EM: En cuanto a las contrataciones ¿Cuál es la situación que rodea a los músicos?

GE: En la actualidad, hay un régimen bastante estricto. También estamos ante una situación social en donde la gente quiere una banda de muchos artistas, pero que no cobren nada. Nadie ve lo que uno trabaja por detrás. Es incómodo ponerse en esa situación.

Luego pasa que la gente que quiere empezar a cantar dice “voy por el sándwich y la coca” pero si vos tenés 30 años cantando, no podés ir por el sándwich y la coca. Se generan esas contradicciones que son difíciles de manejar.

En cuanto a la ética, antes no era tan difícil. Nadie planteaba eso, se respetaban a los cantantes y se pagaba de otra forma. Era diferente.


“La gente no considera a los artistas como una tarea importante, nos ven como si fuéramos unos vagos”


EM: ¿Cuántos shows tiene que hacer una banda para sostener económicamente a sus miembros?

GE: Tiene que, mínimamente, tocar todos los fines de semana, por lo menos viernes, sábados y domingos. Una banda de cuatro músicos tiene que cobrar, al menos, $6000 por show. Pero en general no se paga eso, sino que mucho menos. Si vas al interior no te pagan viáticos, ni comida, estadía, y uno lo tiene que sacar del fijo que te dan. Además te exigen o te piden que toques más, pero no te pagan extra por ese tiempo. Sería un caché de $1500 o $2000 por cada músico, ese sería un canon necesario y realista.

EM: En tu experiencia ¿Podías sustentar económicamente a una familia tipo a partir de la música o tendrías que recurrir a un trabajo aparte?

GE: Yo empecé en el 92´ y hasta el 2005 tenía un sueldo y medio más de lo que yo ganaba. Así que sí, se podía bancar una familia perfectamente.

En los ’90 había muchísimos lugares en los que se podía trabajar: pubs, bares, entre otros. A la música en vivo se le daba más importancia.Los músicos laburaban todos los días, y así había mucha oferta como también demanda.

Actualmente un dúo, Gabriela canta junto a Pablo Córdoba, su socio y amigo. “Él es percusionista. Ambos nos hacemos las segundas voces, y cantamos coros en las pistas, para las bases”, relata la cantante.

EM: ¿Sentís que a la música en vivo se la toma con la importancia que se merece?

GE: No, creo que no. Cuando se habla de un “caché” de $100.000 de un músico nacional, hablan mal y se olvidan de todo el trabajo que hace durante el año. Porque mientras hace el disco, escribe y pone plata. Es una inversión para después,en la venta, recibir su ganancia. Se cree que es solamente un show y nada más.

Me parece que es peyorativo, la gente no considera a los artistas como una tarea importante, nos ven como si fuéramos unos vagos. Esa es la verdad, te dicen “¿qué te cuesta cantar?, no importa.”

EM: Ante este panorama ¿Creés que las bandas tienen la oportunidad de mejorar?

GE: Siempre tienen oportunidad de mejorar, lo que pasa es que es difícil mejorar la mentalidad de la gente, y que nos consideren seres humanos merecedores de ser pagados por el trabajo y la potencialidad que tienen. Eso es lo difícil.

EM: Finalmente, como cantante ¿Te sentís cómoda con esta realidad que los rodea?

GE: No, para nada. El punto es que, a veces, uno cuando quiere cantar y el hecho de no poder hacerlo porque no te pagan, genera que no me gusta ir a un lugar y cantar gratis. Eso hace parecer que mi trabajo no vale, y realmente vale.

Entonces es bastante incómodo. Pero, por otro lado, no cantar te deprime, porque uno disfruta hacerlo, cantar con los amigos. Espero que la situación mejore.

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