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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

El deporte como escuela y el tenis como estilo de vida

Alexia Malbrán es una reconocida tenista cordobesa. A sus 11 años comenzó a entrenar de forma dedicada y comprometida la disciplina para que, tiempo después, obtuviera títulos a nivel personal y grupal. En más de una oportunidad, supo defender y llevar a la Argentina a lo más alto de un podio. Hoy en día cuenta con su propia escuelita en Río Ceballos, donde dicta clases a niños, adolescentes y gente mayor.

Por Carolina Andrade

periodico@elmilenio.info

Colaboradores: Julián Lemos y Juan Francisco Carrizo. 4°B IENM.

Florencia Gil y Emiliano Pesasi. 4° IMVA

Empezó jugando al básquet con su hermana. Fueron sus primeros años formativos para que su cuerpo comenzara a adquirir coordinación y movimiento. Por cuestiones de distancias y de organización familiar tuvo que abandonar el baloncesto. Toda su vida estuvo arraigada al deporte, pero el cambio radical surge cuando acompaña a su padre a jugar al Squash, al club “La Barranca” en Villa Belgrano, donde conoce a su primer entrenador formativo en tenis: Antonio Márquez. Desde ese momento lo adoptó como estilo de vida.

Con lágrimas en sus ojos, nos cuenta que el tenis le dio lo más importante de su vida: su hijo, cuyo padre conoció en el ámbito y la enseñanza del deporte. La disciplina la dotó de aprendizaje, de valores, de amistades y de la madurez necesaria para aprender a comer bien y ser siempre ordenada. “Así como es una escuela para mí, el deporte, el tenis es una escuela y lo sigue siendo”, afirma Alexia Malbrán en diálogo con El Milenio.

El Milenio: ¿Qué torneo es el que mejores recuerdos te trae?

Alexia Malbrán: El que mejores recuerdos me trae es el último, el Sudamericano de Chile. Tengo unos recuerdos preciosos de ese torneo en todo sentido, a nivel humano: compañerismo, amistad, a nivel deportivo -salimos subcampeonas-, a nivel de infraestructura -estaba en un club impresionante, en un barrio precioso-, a nivel físico y deportivo también, porque me tocó darle el punto a Argentina para pasar a la final y fue muy emocionante.

EM: ¿Qué enseñanzas te dio a lo largo del tiempo el tenis?

AM: Me emociona, siento que me dio todo. Yo creo que me sirvió para administrarme; porque el levantarme, el higienizarme, tener los tiempos justos, comer bien, tener un orden general para sentirme plena, también el desafío de ser feliz con lo que estaba eligiendo. Eso fue clave, para mí el tenis es una escuela y lo sigue siendo en mi vida. Yo ahora tengo una escuela de tenis y sigo aprendiendo. El tenis es mi vida, mi propósito y a lo que vine.

EM: ¿Qué aspectos creés que se deberían trabajar más con un deportista?

AM: Lo emocional. Somos una integración de lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Hay un punto donde se unen las tres cosas. Cuando vos estás jugando, vos sos una sola cosa. Lo emocional sale de un pensamiento, pero el enojo, por decirte, si yo no sé capitalizarlo de alguna u otra forma, me puede llevar a tirar un partido abajo. Si no hay registro de que vos disfrutás lo que estás haciendo, no hay forma. Hay que encontrar una armonía que es la llave para lograr lo que vos quieras.

EM: ¿A qué edad dejaste de entrenar y cuál fue el motivo?

AM: A los 16 años volví de un viaje, de España. Fue motivante, fui finalista del torneo que jugué en ese circuito. Me ofrecieron una beca para entrenar en la academia de Manuel Orantes. A nivel emocional no me sentí bien, viví situaciones humanas que no estuvieron buenas y que no me hicieron muy feliz. Cuando volví me cuestioné un montón de cosas, principalmente la fama, porque en ese momento yo estaba entre elegir la carrera como hizo David, es decir, el paso al profesionalismo. Prioricé mi búsqueda de la plenitud y la felicidad en un balance general de todo en mi vida.

A los 19 volví, me encontré con un entrenador muy querido en Córdoba que me convenció de volver. Comencé a entrenar de vuelta y ahí a la par surge lo de dar clases a mis conocidos. Seguí entrenando, pero me empecé a copar con la enseñanza. Después volví a dejar, tenía que auto-sostenerme, estaba en una edad complicada. Empecé a formar mi escuela, me vine para estos lados donde no había ningún referente y a mucha gente le gustaba el deporte. Después fui mamá y hace ya dos años volví a la competencia, ahora sigo entrenando.

EM: ¿Dónde dictás clases?

AM: En Ñu Porá, Río Ceballos. Estoy casi todos los días, manejo un número pequeño de alumnos, seremos 40 en total. Hasta ahora no formé a nadie, me encantaría dar ese paso, tengo una forma de enseñar muy propia, incluso estoy desarrollando mi propio método de enseñanza y se me están abriendo bastantes oportunidades.

EM: ¿Qué ventajas considerás que podría aportar Sierras Chicas al tenis nacional?

AM: Muchas, yo siento y veo que hay un entorno favorable, el hecho de estar lejos de la ciudad la cadencia va más lenta, en esa lentitud que yo digo, se pueden apreciar más las cosas. Yo siento que las Sierras en sí, y que el contexto geográfico, colaboran en la oxigenación y en los cuerpos. De algún modo no estar en la urbe ayuda. También siento que esta zona es un semillero, hay mucha gente que está haciendo cosas muy buenas y eso ayuda a la formación. Yo creo que estoy haciendo algo muy copado para el tenis nacional, hay chicos con mucho talento que van a mi escuela que son de Agua de Oro y Salsipuedes y que juegan muy bien.

EM: ¿Cómo tenés pensado seguir vinculada con este deporte?

AM: Tengo pensado seguir desafiándome como deportista. Como escuela tengo nuevos desafíos; tengo ganas de hacer desembarcos, hay una empresa grande de Córdoba que si todo sale bien va a facilitarme un montón de materiales. Con ellos quiero hacer desembarque en barrios, donde haya niños que no conocen el tenis, que nunca vieron una raqueta, una pelota y que teniendo todo a su alcance tengan la posibilidad. Hacer un seguimiento, y si los entusiasma, pero no tienen la posibilidad de acceso a la práctica, becarlos, si tienen recursos bienvenidos sean.

También estamos armando con la Federación de Tenis, una liga de torneos no federados. El primero fue en Jesús María, el segundo en Unquillo y ahora el tercero queremos hacerlo en Río Ceballos. Ver que si hay chicos que les gusta exploren lo que es la competencia para federarse y jugar torneos federativos. Mi última misión es despertar mujeres que nunca jugaron. Yo descubrí que la competencia es superarse a sí mismo, quiero que las mujeres que trabajan en la casa o están todo el día en el trabajo se den ese momento.

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