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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

“El básquet es una instancia en la que soy libre y feliz”

Conocedor del mundo naranja como pocos, Oscar Coronel es parte de una generación que dio vida a una de las mejores páginas del deporte nacional.

Por Ignacio Parisi | periodico@elmilenio.info

Colaboradores: Gaspar Donemberg. 4°B IMVA.

Martín Mías y Tomás Bronstein. 4°A IENM

→“Es un deporte donde prevalece el espíritu de superación, se compite, pero no para el triunfo individual sino para la victoria maravillosamente colectiva”, afirmó el entrenador.

Decir Oscar Coronel y decir básquet en Argentina es casi redundar en dos caminos enlazados de por vida. El sueño de la gloria o la sed por competir no le alcanzan a un hombre que afirma encontrar en el deporte “lo que la vida debería ser”.

Devoto del club como generador de valores y amigos, el actual entrenador del Club Banco de Córdoba mantiene la humildad que lo caracterizó durante toda su carrera, y hasta se atreve a considerarse como “un niño mimado y con suerte”. Sin embargo, su leyenda trasciende tiempos y escuelas, para consagrarlo como uno de los indispensables en la construcción de un básquet federal competitivo y del mayor éxito deportivo de nuestro país: La Generación Dorada.

El Milenio: ¿Cómo arrancó en el mundo del básquet?

Oscar Coronel: Empecé a jugar al básquet a los 8 años porque mi mamá y mi papá eran jugadores de baloncesto, de modo que había un gran incentivo. Mis primeros pasos fueron en un club de Córdoba, que se llama Unión Eléctrica, en el año 1968.

EM: Si tuviera que quedarse con una experiencia vivida en sus tiempos como jugador ¿Cuál elegiría?

OC: Como jugador recuerdo dos momentos muy lindos. Uno es de cuando estaba por pasar de infantil a juvenil, que fuimos campeones con Unión Eléctrica. Otro muy feliz fue la convocatoria a la Selección Cordobesa, con 19 años. Jugamos un campeonato argentino y esas son vivencias que no se me borran más.

EM: Sin embargo, como entrenador terminó de encontrar su espacio.

OC: Sí, fui muy afortunado, porque tuve un “padre deportivo” muy bueno. Fue un gran profesor de educación física, que, por mi manera de mantenerme pendiente del juego, decidió ponerme a entrenar a los más pequeños en su escuela de deportes, cuando yo tenía apenas trece años. Ya a los quince entrenaba categorías más grandes.

EM: ¿A partir de ahí se volvió una especie de trotamundos del básquet?

OC: Algo así. Me tocó dirigir en 45 clubes, participando en lo que hoy conocemos como Liga Nacional de Básquet, con Bravo de Puerto Madryn y Racing de Gualeguaychú. También pasé por el Club Altético Saladas de Corrientes, varios equipos de San Juan, el interior de Córdoba y lo más importante para mí: dirigir a la Selección Argentina U18, en un campeonato realizado en Alemania, en el que salimos subcampeones, perdiendo ante Turquía. Estuve en Francia, dirigiendo a un equipo juvenil de Atenas de Córdoba. He entrenado en Bolivia también, en la liga nacional de aquel país. Accedí a la chance de trabajar tanto en Francia como en Alemania durante casi un año, enseñando a jugar básquet en colegios.

EM: ¿Tiene algún favorito cuando piensa en todos los lugares por los que pasó?

OC: Es difícil elegir, para mí fue muy especial como cordobés dirigir en el torneo local. Por otro lado, mi sueño era conducir un seleccionado argentino y lo logré. Sin embargo, hay algunos lugares muy particulares como Hindú de Córdoba, un club fantástico en el que permanecí diez años, llegando a jugar torneos nacionales. También siento algo distinto por Matienzo de Córdoba, porque es un club muy chico y humilde que me dio momentos increíbles, como la oportunidad de llegar a la Liga Nacional. Era un conjunto sin el poderío económico ni la chapa de nuestros rivales, y a pesar de ello terminamos alcanzando metas fuera de lo normal. Cada equipo fue tomado por mí con la misma seriedad y entusiasmo. No hay uno solo del que no me haya llevado buenas experiencias.

EM: ¿Qué le inspiró para llegar a donde llegó?

OC: El apoyo de un montón de gente. Considero que fui un poco el niño mimado, soy profesor de educación física, pero mi madre también se esforzó muchísimo para que yo pudiera hacer mi carrera como licenciado en psicología. Trabajé mucho, me ofrecieron buenos equipos que me permitieron ir ganándome un respeto.

Además, el básquet en sí es una motivación. Gracias a este deporte pude recorrer todo el país y toda Latinoamérica. Tuve la suerte de ir dos veces a Estados Unidos a la Universidad de Indiana y también a la Universidad de San Pablo en Brasil. Fui un privilegiado al poder cruzar el mar y conocer toda Europa dirigiendo, haciendo esto que tanto amo.

→“El buen jugador, juega para ganar siempre y no sólo como deportista sino también como ser humano”, subrayó Oscar Coronel.

EM: ¿Qué jugadores admira dentro del juego?

OC: Hay cuatro jugadores que admiro y respeto por encima del resto en función de su forma de jugar. Uno es Michael Jordan, para mí el más grande de todos los tiempos, otro es Emanuel Ginobili a quien tuve el honor de conocer mientras participaba del staff técnico en la previa a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.  Luego, para mí está el mejor jugador que haya dado Córdoba, Germán Filloy, un tremendo atleta que tuve el placer de dirigir. A su vez, destaco mucho a Héctor “Pichi” Campana, un monstruo del básquet y a Fabricio Oberto.

EM: ¿Cuáles  son los valores que le transmite a sus jugadores?

OC: Hay tres valores que debemos tener en cuenta; el primero es la familia, luego el estudio o el trabajo y el tercero el club. Para mí el básquetbol es algo más que la vida. Significa algo sublime, es lo que debería ser la vida. No es solo un juego o actividad física de carácter lúdico, sino una instancia en la que soy feliz y libre.

Es un deporte donde prevalece el espíritu de superación, se compite pero no para el triunfo individual sino para la victoria maravillosamente colectiva. No gano yo, ganamos nosotros. Para poder jugar al básquet hay tres reglas: la primera es que hay que ser buena persona, la segunda es que hay que ser generoso y solidario, como lo fueron los jugadores de la “Generación Dorada”, y por último es que hay que ser agresivo, tanto en ataque como en defensa, no entregarse nunca.

Siempre les explico a mis jugadores que tienen que alejarse de aquella enorme masa de los que juegan para “no perder”. El buen jugador, juega para ganar siempre y no sólo como deportista sino también como ser humano.

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