Anuncios

El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Crecer jugando

“La Escuelita de Papá” es un proyecto de fútbol infantil gratuito en el Club Social Salsipuedes, en el que los padres participarán para tornar esta experiencia en un aprendizaje mutuo, que busca trascender lo deportivo. Marcos Gómez, creador de esta propuesta, dialogó con El Milenio acerca de una escuela en la que los valores van por encima de la competencia.


Por Ignacio Parisi | ignacioparisi@elmilenio.info


Pocas cosas importan más en la vida de un padre que la relación con su hijo. El fútbol es, en definitiva, además de un juego hermoso, una excusa, un motivo de tiempos compartidos. Marcos Gómez, de Río Ceballos, tomó algo de la vieja receta del balón para recuperar las vivencias perdidas en la vorágine de su rutina, tal es así que asegura:

“Arranqué con una pequeña escuela de fútbol en mi casa, debido a que no podía llevar a mi hijo, Benjamín, a una academia de fútbol, por una cuestión física y de salud de él, sumada a la falta de tiempo y dinero de mi parte. Vi en el fútbol una posibilidad de vincularme con mi hijo de un modo en el que no lo estaba haciendo, por errores míos. Lo utilicé como una forma de establecer una mejor relación, no sólo afectivamente sino a través de normas de conducta, valores, cuestiones en las que yo sentía que estaba fallando”.

Lo que comenzó siendo un entrenamiento individual, padre/hijo, pasó a ser el espacio de un par de vecinos del pequeño Benjamín. Marcos tomó las riendas de una escuela donde además del juego era importante dialogar sobre lo aprendido, mientras los niños compartían la merienda.

Con el paso del tiempo, Gómez decidió que la apuesta debía ser más grande y sacando una página del libro de quienes le enseñaron a jugar a la pelota, se embarcó de lleno en un proyecto a pulmón. En relación a esto cuenta: “Yo vengo de una escuela muy distinta a la actual en cuanto al fútbol. En mí caso, la de Luis Carnero, un hombre de Río Ceballos que a base de voluntad armaba dos canchas en un descampado y llevaba a cien chicos a jugar a la pelota. Nos daba las camisetas, nos enseñaba, a su modo, cuestiones como el amor a la patria. Vengo de ser beneficiario de personas que dejaban de lado su tiempo libre con tal de enseñar algo a los niños. Recuerdo cómo en ese momento había personas que se comprometían con ese aspecto del deporte y en la actualidad no lo estaba viendo”.


“Arranqué con una pequeña escuela de fútbol en mi casa, debido a que no podía llevar a mi hijo, Benjamín, a una academia de fútbol, por una cuestión física y de salud de él, sumada a la falta de tiempo y dinero de mi parte. Vi en el fútbol una posibilidad de vincularme con mi hijo de un modo en el que no lo estaba haciendo, por errores míos. Lo utilicé como una forma de establecer una mejor relación, no sólo afectivamente sino a través de normas de conducta, valores, cuestiones en las que yo sentía que estaba fallando”.


Gómez será el conductor de lo que dará a llamar “La Escuelita de Papá”, pero tal como lo indica el nombre, no podrá llevar a cabo esta iniciativa sin el compromiso de los padres y madres de los alumnos. En ese sentido, explica que, si bien los niños podrán asistir de manera gratuita, los mayores deberán asumir un rol preponderante en el crecimiento deportivo y personal de los jóvenes. A esto agrega: “Vamos a realizar una actividad especial cada mes, de hecho, tengo armada una agenda para la escuela desde acá hasta noviembre. La propuesta no solo involucra al fútbol, pienso en que aprendan desde otros lugares también, que compartan la merienda el sábado cuando entrenemos, que se lleven algo más. Para eso vamos a necesitar el protagonismo de los padres, cada uno tendrá alguna labor. Dado el hecho de que al menos por ahora, solo vamos a poder entrenar los sábados, los chicos se van a llevar de tarea a la casa un gesto técnico futbolístico, puede ser un pase, un control orientado, un amague. Los padres van a colaborar también, siendo los encargados de que el niño practique durante la semana”.

→“El límite es la edad: de 5 a 10 años, porque a los cinco el niño a nivel madurativo tiene una buena capacidad para retener conceptos, y el final a los diez se debe a que a esa edad el chico necesita otro tipo de entrenamiento, quizás sabiendo ya de qué manera se va a tomar el fútbol”, sostiene Marcos Gómez.

El Milenio: ¿Qué pasa con los padres que no están tan adentrados en el tema fútbol?

Marcos Gómez: Aportarán el conocimiento que tengan en otras cuestiones. Las actividades van a estar divididas en grupos, y hay diversas maneras de aportar. Todos tenemos que brindar algo y esto no implica al fútbol necesariamente.

EM: Muchas veces en el fútbol infantil ocurre que los padres se extralimitan e influyen no solo en el ambiente del juego sino en la misma presión que ejercen sobre sus hijos y otros niños que participan. ¿Cómo pensás encarar ese tema desde la escuela de fútbol?

MG: Yo creo que en ese sentido es importante dejar en claro, desde un primer momento, cuál va a ser el rol de cada uno. Por eso, antes de abrir las inscripciones la idea es hacer una reunión de padres, con todos los aspirantes a formar parte de La Escuelita de Papá. Hay que saber ubicarse, pero creo que va a ser fácil, porque sabemos a dónde apuntamos. Queremos que la escuela sea parte de una etapa formativa, de educación, donde no sean los rendimientos la prioridad. A mí no me sirve de nada que tal chico juegue mejor que el otro, ni mucho menos que el padre piense que debe jugar más minutos en los partidos porque su hijo es ‘mejor que’. Si los padres asimilan eso, todo se vuelve más fácil. Porque en definitiva los chicos se dan cuenta, y si uno no les impone la competencia como objetivo, ellos lo entienden. Desde nuestro lado vamos a ser claros con el mensaje que bajemos, pero va a ser clave que los padres lo entiendan.

→La escuela de fútbol, contará en este comienzo con un límite de alrededor de 25 niños inscriptos. Este número podrá crecer a futuro en función del compromiso de los padres.

EM: ¿Se encuentra incluido el fútbol femenino en el proyecto?

MG: En principio la escuela abre para niños y niñas de 5 a 10 años. No va a haber distinción por sexo, sino por edad, con un grupo de 5 a 7 años y otros de 8 a 10. Si se acerca un niño o una niña con discapacidad bienvenido sea y a pesar de llamarse La Escuelita de Papá, las madres también van a tener un espacio en este proyecto. Todo el mundo tiene un lugar acá, en ese sentido quiero que sea un proyecto inclusivo. Prefiero una madre que se meta de lleno en la iniciativa, pensando en beneficio de los chicos y no un padre que se quede de brazos cruzados. 


En principio la escuela abre para niños y niñas de 5 a 10 años. No va a haber distinción por sexo, sino por edad, con un grupo de 5 a 7 años y otros de 8 a 10.


EM: ¿Qué valores pensás que hay que recuperar en las escuelas de fútbol puntualmente?

MG: Aprender a perder es algo importante. En la vida perdemos constantemente y no hay que tenerle miedo a eso. No nos sirven personas que crean que perder es fracasar, menos en el fútbol. Yo no soy, ni me creo ejemplo de nada, pero sí siento que hemos perdido en lo que tiene que ver con la solidaridad. El fútbol supo ser un ámbito que igualaba a la sociedad, donde nadie te deja de lado por tener más o menos o creer en tal o cual cosa.  El fútbol une y hay que volver a eso, no puede ser motivo de pelea, sino de crecimiento conjunto. No ver a los jóvenes como el futuro Lionel Messi, sino aspirar a que dentro de veinte años sea el vecino que quiero tener.

Anuncios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: