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Carnaval toda la vida

Los Corsos de Unquillo cumplieron 80 años de vida y muchas de sus historias aún se conservan en la memoria de sus pobladores.


Por Amira López Giménez | amiralopez@elmilenio.info


1938; tan sólo debió transcurrir un año para que el gobernador Amadeo Sabattini dé por sentado oficialmente en 1939 que los corsos habían llegado para quedarse en la idiosincrasia del pueblo unquillense. Transcurrían aquellos años de esplendor para la localidad serrana que, por entonces, era la estrella cordobesa del turismo por excelencia. También fue la localidad del romance, la alegría y la inspiración de muchos artistas que prevalecen hasta el día de hoy. Tanto hombres como mujeres se paseaban por las pequeñas calles del pueblo y por las noches se reunían en uno de los tantos bares que supieron crecer en aquellos años donde se escuchaba música y se armaban grandes bailes, bares como El Ancla, La Unión o La Frontera, entre otros.

Los corsos nacieron en la legendaria Avenida San Martín o Doble Avenida, como todos la conocen, lugar donde siempre se llevaron a cabo y donde transcurrieron los ochenta años de tambores, serpentinas y espuma que hoy se celebran. Esa calle dominante de la vida del pueblo es testigo de innumerables momentos, fiestas, familias que pasaron y se quedaron o se fueron. También esa clásica avenida pudo ver el esplendor de las primeras carrozas, las risas de los primeros bailes seguidos de la belleza de las reinas de cada carnaval.

Primer premio año 1955 “Gran circo Alto Alegre”, con Manuela de Lopez “Oso”, Oscar Lopez “Gitano”, Estela Lopez “Mono”, Silvio Miranda “Ecuyere”, Adolfo Pucheta “Payaso”, Eulogio Bustos “Dueño del circo”, Luis Alberto Tecco “Peón del circo”, María A. Pucheta, José Turco “León”, Julia Bustos “Monito”, Julio Zarate “Cazador”, Beatriz Pucheta “Payaso”, Haydee Herbera de Miranda “Tigre”, Fernando Bustos “Monito”, Marcos Rivielli “Anunciador”, Elisa Esther Pucheta de Bustos “Domadora”, Luis Tecco “Músico”, María Elisa Pucheta “mujer barbuda”, Claudio Tecco “músico”, José y María Celia Ghirardi “Encantadora de serpientes”. Fuente: Unquillo Retro.

En el principio, jóvenes y grandes subían a rastrojeros, camiones o a los pocos autos que solían existir y daban una vuelta por el pueblo, o varias. En ese trayecto se desparramaba en cada rincón alegría, diversión, sonrisas y agua, mucha agua. Los memoriosos, como Luis Zacchini, cuentan que antes de las carrozas, el pueblo se inundaba de vehículos que montaban una especie de obra de teatro cómica. Así desfilaban y se divertían los primeros iniciadores fingiendo velorios, casamientos, hospitales. Todo dependía de la temática. Con los años, las cosas pasaron a la órbita de los barrios. Así Unquillo Norte supo tener la carroza del tren y Alto Alegre con su propio estilo hizo un Castillo Embrujado y Villa Aurora en los años setenta armó un helicóptero, entre otros recuerdos que el municipio de la ciudad logró reunir. Las fotos, cual línea de tiempo pueden verse en la Doble Avenida.


“Nunca antes había participado en la murga y hace seis años empecé y cada noche queda en la memoria porque es algo realmente hermoso. Ahí se acaban las tristezas, todo es alegría, disfrute y adrenalina para que todo salga bien y si nos olvidamos, improvisamos con alegría y felicidad no sólo para la gente sino también para nosotros mismos”. María José Costa de Unquillo Paradise. 


Hoy, las carrozas se perdieron en el tiempo al igual que las coronas de las reinas y de los reyes de los corsos y las temáticas que cada barrio coordinaba durante días. De todos modos, como dicen los amantes de esta cultura: “las cosas fueron evolucionando”. Con el tiempo el agua y la harina fue reemplazada por la Espuma Loca y nacieron las murgas, las danzas, el arte circense que invadió cada barrio con sus malabares, piruetas y sus desafíos en destrezas.

Durante los últimos años surgieron nuevas agrupaciones como Los Miguelitos, Aliados de Herbera, Pisadas de Barrio, La Unquillense, Sueño de Locos, Agua de Luna, entre otros.


Un carrocero innovador y tradicional


Así se puede definir a Luis Zacchino quien hoy cuenta 68 años de edad. Durante su adolescencia comenzó con el armado de carrozas y muchas quedaron en la memoria de las familias más antiguas de la ciudad. A mediados de los años cincuenta las carrozas formaban parte de la cultura local, cada barrio la armaba y competía por ser la mejor del corso. La más deslumbrante se llevaba el primer premio.

Los Cowboys con Hugo Aguilera, Marcelo Gjurkan, Marcela Olsina, Iliana Mansilla, Gjurkan Gustavo, Renata Giaveno, Gladys Martínez, Raúl Giaveno, Mónica Ramaciotti, Eduardo Giaveno y Graciela Chávez. Fuente: Unquillo Retro

“Antes, formábamos grupos de chicos llegando las fechas de los corsos para armar las carrozas. Era algo que nos gustaba mucho realmente porque era todo un desafío tratar de mejorar cada año. Siempre, a través de maquetas y dibujos previos elegíamos un tema y luego buscábamos un vehículo. Ninguna carroza nuestra fue remolcada por tractores o caballos, se movían solas ya que poníamos un vehículo adentro y así las hacíamos andar. Era un trabajo muy grande y siempre tuvimos el concepto de que la carroza debía ser lo más grande que se pueda, pero nos limitaban los cables de la luz y el ancho de la avenida. La idea era que el auto entrara y no se viera en la carroza”, contó Luis Zacchino uno de los carroceros más reconocidos de la ciudad y agregó: “La mejor carroza para mí fue la locomotora, podía levantarse y girar, podía ir hacia atrás, cosa que era bastante difícil en los corsos. Era como un juguete y nos divertíamos mucho. Había muchos grupos que hacían carrozas como los hermanos Pérez en Alto Alegre, en Unquillo Norte estaba Giaveno y Di Siena. Eran barrios que se dedicaban puramente a hacer carrozas, pero los importantes éramos tres o cuatro ya que contábamos con los elementos y las herramientas necesarias”, recordó.

Galería fotográfica a cielo abierto emplazada en la doble avenida San Martín rememorando grandes momentos de los Corsos de Unquillo.

Posted by Muni Unquillo on miércoles, 14 de febrero de 2018


“En lo artístico ha ido variando, hubo épocas mejores y otras peores. Hace más de veinte años que vengo y es mi vida, mi familia se basa en la murga y es mi trabajo, es lo más hermoso que me ha pasado, no me imagino mi vida sin la murga”. Manuel Barabino.


Al principio las carrozas eran llevadas a cabo por la colaboración vecinal en cada barrio, con el tiempo el municipio comenzó a prestar apoyo económico para elaborarlas y debían concursar por el primer premio. Generalmente, a los ganadores se les descontaba del premio el préstamo realizado. Eran seis días de ansiedad donde cada barrio competía por la máxima puesta en escena. “Hoy se han perdido muchas cosas, por aquel entonces los corsos era algo que hacíamos como jóvenes de un pueblo para entretener a los turistas, era algo más romántico. Hoy es un festival como cualquier otro, tal vez es mejor, pero es distinto”, sostuvo Zacchino.

El tiempo fue cambiando la forma de la cultura unquillense, mezclándose con nuevas propuestas artísticas. “Las carrozas mías siempre fueron criticadas porque eran muy mecánicas, pero bueno, era nuestro estilo. Los otros chicos hacían cosas más parecidas al carnaval y nosotros éramos bastante técnicos, pero a la gente les gustaba vernos. Siempre preparábamos un lugar en la carroza para llevar a la reina. La última que hice fue hace unos diez años e incluía un caballo. Antes se participaba mucho en los corsos, y hoy hay muchos chicos que se suman a las comparsas y me parece hermoso, antes no habían. Hay una etapa anterior a las carrozas donde los vecinos del pueblo se subían a un camión y se disfrazaban y daban vueltas por el pueblo. Imitaban a un hospital con un enfermo en una camilla y sacaban chinchulines. Eran cosas chistosas y con mucho humor”, recordó Luis Zacchino quien supo sorprender e innovar allá por las décadas del ´60 y ´70 donde se hacían irónicos velorios, casamientos y hasta supo haber un grupo de cowboys que llegaban a lomo de caballo a la Doble Avenida.

Disfrazadas de izquierda a derecha Zulema Di Siena, Susana Stabile, Nilda Peralta y Mirta Biassotto. Fuente: Unquillo Retro.

Unquillo Paradise y el legendario “Rony”


La murga Paradise nace en el año 1996 a través del artista plástico Tomás Espina, reconocido en Argentina y en gran parte del mundo. El nacimiento de esta murga involucra conocidos personajes de la ciudad como Rony, Claudia Quintana, el mismo Dante, entre otros.

Actualmente, la municipalidad de Unquillo destacó a través de una placa la trascendencia de este grupo en el tiempo. Llevan 22 años llevando alegría y un arte muy particular: el circo. Desde su nacimiento la murga se distinguió por el uso de estas artes en sus bailarines, músicos e indumentaria, incluyendo malabaristas, zancos, monociclistas y otros distintivos especiales que fueron tomados por otras murgas de la ciudad.

Rony, uno de los fundadores de Unquillo Paradise.

La agrupación tiene muchas historias para contar, desde músicos que se iniciaron en Paradise y hoy giran por el país integrando otras bandas musicales hasta artistas famosos que dejaron su sello personal.

“La murga no debía tener más de 20 integrantes, pero cuando Tomás Espina empieza a convocar a distintos artistas y amigos de él, en lugar de 20 terminaron siendo casi 100, tan sólo en la primera vez. Se hicieron zancos, cosa que en Unquillo nunca se había visto y todos los chicos estábamos fascinados. Y ahí empezó la murga que básicamente era una gran muestra plástica con música, como ahora, pero más dedicada al arte plástico que a la danza. Uno de los convocados especiales para el vestuario era Claudia Quintana, pareja por aquel entonces de mi padre que estaba más como artista, y nosotros como niños veníamos porque era algo realmente mágico: sancos y gente haciendo malabares, increíble”, relató con sencillez Manuel “Pepe” Barabino, quien continúa con el legado al igual que los nietos de Rony. Pueden verse llegando el verano en la plazoleta sobre la calle Spilimbergo.

Dante, un gran personaje de los corsos retratado por el artista Tomas Espina primer fundador de Unquillo Paradise.

“Más allá de lo artístico el circo tiene mucho que ver con la familia y la historia, como en el circo somos una gran familia que todo debe mover en bloque. Hace diez años que estamos en esta plaza, antes teníamos un lugar en la municipalidad y luego desistimos de usarlo y tomamos este espacio año a año, tambor a tambor”, sostuvo Barabino sobre la murga que durante muchos años fue la principal formación del municipio, pero después se independizaron. “La municipalidad siempre nos dio un aporte, pero decidimos hacer la murga por cuenta propia, aunque ya no contemos con ciertas cosas, pero tenemos la satisfacción de hacerlo con nuestro dinero y esfuerzo. Es un modo también de devolverle algo al pueblo, aunque carezcamos de muchas cosas. De a poco y con el aporte de los integrantes todo se va dando y vamos mejorando en calidad y arte”.

Unquillo Paradise definitivamente es una gran familia con integrantes que van y vienen, pero siempre realizando su aporte. Los años han generado una unión especial entre los murgueros de Paradise que fueron premiados por su antigüedad y trabajo: “Todo se hace a pulmón y para nosotros es un honor y un orgullo, no sólo para mí que soy como el más veterano, ha pasado mucha gente por la murga y esto nos hace sentir que nuestro trabajo vale y que no estamos en la plaza para molestar a los vecinos”.

Todos los años la murga suma nuevas personas y curiosos que se acercan, aunque actualmente estén superando los cuarenta integrantes entre bailarines y músicos. “Todos tenemos el mismo objetivo, nos peleamos como toda familia ya sea por los trajes o por las posiciones porque alguno quiere ir adelante, pero como en las familias, todo se arregla. Venimos a pasarla bien y hacer lo que nos gusta lo mejor posible”, expresó el referente de esta ya clásica murga unquillense.


2018: La celebración

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