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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Un problema de salud pública

En un estudio realizado se mostró que los consumidores comen más cuando un producto está etiquetado como bajo en grasa que cuando no tiene esta etiqueta. La clave es servirse sólo la cantidad apropiada.


Por Andrea Pesasi | dra.andreapesasi@hotmail.com

Médica Cirujana – M.P. 29262

Master en Dietetica y Nutricion – Universidad de Pavia


Durante los días 15 y 16 de septiembre se llevó a cabo la “8° Jornada Internacional de Actualización Integral de la Obesidad” en un importante hotel de la capital cordobesa.

La jornada contó con la presencia de numerosos profesionales locales y destacados disertantes referentes del exterior. Allí, se realizaron también sesiones conjuntas con “la Jornada de Obesidad y Cirugía Bariátrica” que se llevaba a cabo, simultáneamente, en el mismo hotel.

Entre los temas tratados, El Milenio destacó lo siguiente:

La Organización Mundial  de la Salud –OMS- ha establecido que la raíz de los problemas de enfermedades como la diabetes, el cáncer, las enfermedades pulmonares crónicas, otras enfermedades no transmisibles y enfermedades cardiovasculares son: la inactividad física, el abuso del alcohol, el tabaco, la dieta no saludable, el manejo del estrés, etc.

La obesidad es la epidemia del siglo XXI, no es sólo un problema cosmético; está asociada con casi 300 mil muertes al año y es la segunda causa prevenible de muerte. Tiene un costo anual de 117 billones de dólares. No hay países con disminución de la obesidad en los últimos 33 años. Argentina está en primer lugar en América Latina por obesidad en niños menores de 5 años.

Desde el punto de vista del estilo de vida se ha demostrado que el sobrepeso tiene estrecha relación con el consumo de energía y macronutrientes y con los niveles de actividad física que realizan los sujetos.

Argentina está en primer lugar en América Latina por obesidad en niños menores de 5 años


El consumo habitual de alimentos de sabor dulce, con o sin azúcar, promueve la ingesta de alimentos y bebidas dulces; esta observación es particularmente importante para los niños pequeños, porque su utilización a una edad temprana define los hábitos de consumo de toda la vida.

En las últimas encuestas se ve reflejado que el consumo de frutas y verduras, desde el 2005 hasta el 2013, en vez de ir en aumento fue en disminución, es decir que no se comen las porciones diarias de frutas y verduras que se deberían consumir y, a tal efecto, las encuestas realizadas en el mismo año demuestran no sólo un aumento en el porcentaje de habitantes con sobrepeso sino un mayor incremento en la prevalencia de la obesidad.

Desde el punto de vista del estilo de vida se ha demostrado que el sobrepeso tiene estrecha relación con el consumo de energía y macronutrientes y con los niveles de actividad física que realizan los sujetos. La falta de conocimiento lleva a la persona a un tipo de alimentación que se caracteriza por un bajo consumo de frutas y verduras, lo que se traduce en un pobre consumo de fibra dietética y antioxidantes; y un alto consumo de alimentos industrializados, de origen animal, y en consecuencia, un alto consumo de azúcares y harinas refinadas y grasas saturadas.

Los alimentos ultra procesados tienen una calidad nutricional mala, son extremadamente sabrosos, ayudan a fomentar el consumo de snacks, imitan a los alimentos vistos como saludables, son social y ambientalmente destructivos y se publicitan de manera enérgica.

Se estableció que los organismos competentes a nivel mundial están solicitando incrementar el tamaño de la  letra en la cantidad de calorías, en el número de porciones por envase y en el tamaño de la porción. En muchos casos no es claro el contenido nutricional real del producto ya que algunos productos bajos en grasa son muy altos en azúcares; mientras otros, etiquetados como sin azúcar, contienen en realidad cantidades grandes de grasa.

En un estudio realizado se mostró que los consumidores comen más cuando un producto está etiquetado como bajo en grasa que cuando no tiene esta etiqueta. La clave de todo es que, aunque el alimento sea considerado bajo en grasa, bajo en azúcar o bajo en calorías, lo correcto es servirse sólo la cantidad apropiada, es decir que la diferencia la hacen las porciones.


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Los últimos estudios etnográficos han evidenciado que la población conoce los factores de riesgo asociados con enfermedad crónica, pero reconoce que no puede cambiar su estilo de vida debido a las dificultades a las que se enfrenta cotidianamente, como el trabajo en empleos estresantes, lo cual origina respuestas neuro-endocrinas que derivan en una distribución centralizada de la grasa corporal.

Todos utilizamos los alimentos no sólo para nutrir el cuerpo, no sólo para satisfacer el hambre, sino también para mantener relaciones personales y de negocios, para expresar amor y cariño, para hacer frente a un estrés psicológico, etc. El alimento es una constante de nuestra vida, y como tal forma, continuamente, parte de ella.

La epidemia de obesidad presenta una creciente prevalencia en países pobres y ricos, definiéndose como un problema de salud pública, por este motivo la educación alimentaria en las escuelas puede hacer la diferencia.

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