“Fueron 3.000 y fue posible”

Entre 2012 y 2014, con gran ayuda de la comunidad de Salsipuedes, se logró restaurar la Parroquia de la Virgen del Rosario. Aquella gran movida demandó colaboración, desafíos, creatividad. Hermosas anécdotas que merecen ser recordadas.

 Por Mabel Tula | periodico@elmilenio.info


Reseña histórica

En el predio donde hoy se encuentra  la Parroquia de la Virgen del Rosario estaba el primer cementerio de Salsipuedes, con el Viejo Oratorio. Si bien no hay fecha cierta de su construcción, existe una primera mención que data de 1801 sobre la existencia del recinto sagrado; se trata de  la inscripción en la partida de nacimiento de Doña Trinidad Díaz. Pero veintidós años más tarde, el Pbro. Cosme Damián Blanes comunica al Obispado que el Oratorio hacía un tiempo que estaba clausurado.

En 1875, vecinos de familias representativas del lugar se dan a la empresa de levantar una capilla que sustituyera a la anterior. Eran una veintena de casas, casco de estancias y parcelas rurales. Los Amuchástegui, Maldonado, Loza, Olmos, Irusta, Torres y Moyano se reúnen y deciden aportar materiales, piedras, cal, ladrillos, maderas, carros y personal para su construcción.

Hasta 1894 el techo era de una sola agua con caída al norte; al ceder los tirantes por el peso de las bovedillas y las tejas, se derrumba. Se lo rehace y se determina el sistema a dos aguas, tal como hoy se conserva. En 1898 se fijan las medidas y límites del predio de la capilla y su superficie de una manzana cuando Doña Carmen Irusta de Moyano consolida la donación del terreno que hiciera su  suegra Doña Candelaria Arce.

Entre 1906 y 1956 sufre varias modificaciones arquitectónicas: anexos sacristía, ventanas sobre  pared sur, campanario con torre de remate piramidal con cruz de hierro forjado, propileo del templo y otras. Además se reemplaza la imagen de la Virgen por la actual, con cabellera de pelos  naturales.

En 1980, cuando se inicia la construcción de la nueva Casa Parroquial, se descubren unos cimientos de piedra que correspondían al Antiguo Oratorio que fueron removidos con los restos óseos del antiguo cementerio.

Manos a la obra

El techo de la capilla tenía 120 años aproximadamente, la lluvia y el paso del tiempo afectaron notablemente su estado produciendo que algunas de las cabreadas estuvieran podridas donde se apoyaban y otras directamente quebradas. El 12 de febrero de 2012 se decidió cerrarla y comenzar su recuperación. “El ingeniero Uomos y su equipo junto a las  arquitectas Alejandra Grandoli y Pamela Benocovich realizaron un relevamiento de todo lo que se había roto -en especial la madera-  y luego hicieron una propuesta”, comentó el cura párroco Martín Cervatto.

Lo importante era cuidar el patrimonio, lo original; no cambiar los materiales, no modificar nada estético, afectar lo menos posible el interior de la capilla. Por ejemplo, algunas de las tejas musleras (se llaman así porque se confeccionaban artesanalmente apoyando el barro en el muslo de la pierna) se rompieron al desarmar el techo, entonces, una vecina de la localidad, Edilia Torres de Massironi, ofreció  donar las que hicieran falta ya que ella tenía una gran cantidad de estas piezas porque acababa de cambiar el techo de su vivienda, herencia de sus abuelos que data de 1881.

La campaña “Si somos 3000 es posible”

Si bien la Municipalidad de Salsipuedes y la Provincia realizaron aportes económicos, éstos no eran suficientes. La comisión Pro-techo se conformó luego de la solicitud de los padres Martín Cervatto y Pablo Viola de armar un equipo que se encargara de todo lo que tuviera que ver con la reapertura del templo.

Integraron la comisión gente de toda la comunidad: personas de la liturgia, jóvenes, inclusive quienes no tenían nada que ver con la iglesia.

Laura Catracchia, integrante del área de administración y eventos para juntar dinero para la reconstrucción, explicó que tuvieron que dividir la obra en tres etapas e iban haciendo ferias y fiestas que les permitieran ir cumpliendo pequeños objetivos. Así surgió la campaña “Si somos 3000 es posible”: “Necesitábamos juntar 300.000 pesos, entonces calculamos que si 3000 personas aportaban 100 pesos cada una, íbamos a poder llevar a cabo la obra. En un salón pegamos un afiche grande que tenía 3000 personitas dibujadas, entonces cada vez que alguien donaba 100 pesos pintábamos una, y así eso se fue llenando”, comentó a El Milenio.

Paralelo a los eventos, también juntaban papel para vender, hacían rifas, un festival infantil para el día del niño donde varios artistas colaboraron sin cobrar, entre otras actividades.

Para mantener informada a toda la comunidad se creó un perfil de Facebook, allí notificaban  sobre los avances de la obra, los eventos de recaudación e incentivaban la valorización del templo informando datos sobre los objetos de valor cultural-históricos que tiene la parroquia y la historia de los mismos. Este sitio estaba a cargo de la comisión Pro-techo y la comunidad respondía activamente comentando cada post o compartiendo las fotografías y las historias que se publicaban. Hoy en día el perfil se puede visitar pero no se encuentra activo.

Durante los dos años que demandó la restauración, las misas se ofrecieron en un salón cercano al edificio y allí se tuvieron que trasladar los bancos y el altar. El padre Martín recuerda que fue una época difícil ya que “ese espacio no estaba en optimas condiciones, además de ser reducido se llovía por dentro; había un mueble con libros y hasta se llovía adentro de él”.


Cosas pendientes

Además de las demandas de permanente mantenimiento, todavía falta terminar el altar, culminar la vereda perimetral, pintar por fuera la parroquia, calefaccionar. “Es importante rescatar que esto lo vimos como una oportunidad que nos dio Dios para hermanarnos en algo que es de todos… fue una excusa para crear comunidad, para que algunas personas que estaban alejadas vuelvan  a acercarse a la parroquia. Fue una linda aventura, una linda experiencia”, resaltó Laura Catracchia.

EL MILENIO

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