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Gustavo Lallana: “Si el parapente no crece, es por falta de inversión, además que en nuestra provincia no tenemos las mejores elevaciones naturales para practicarlo.”

“Lo mejor que le puede pasar a una zona natural es que se instale el parapente, porque así se la cuida y preserva más para proteger a los deportistas.”, afirma Gustavo Lallana, uno de los principales instructores de este deporte en la provincia, director de la Academia Voler de La Calera. Tips sobre la profesión, su historia profesional y los requisitos de este deporte y su escuela de vuelo, a continuación.

Por Mirco Sartore

mircosartore@elmilenio.info

Colaboración: Amira López Giménez y Florencia Giolito.

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Enamorado del parapente desde hace treinta años, Gustavo Lallana participó en distintas competencias nacionales de este deporte, fue director de algunas de las mismas y hoy dirige una de las principales escuelas de vuelo en Córdoba: Escuela Voler Parapente. “Lo que me cautivó del parapente, que fue el causante de la desaparición del Ala Delta,  es que me pareció un deporte donde el vuelo es amable, se despega suave y aterrizas igual. Podes preparar tu parapente rápido y llevarlo en un espacio reducido; se te facilita mucho el traslado”, afirma el avezado instructor.

El origen de la pasión

El Milenio: ¿Cómo fueron sus comienzos en este deporte?

Gustavo Lallana: En un momento de mi vida viví en Suiza, más o menos por el año ´88. Allí se esquía mucho y se está siempre en la montaña. Encontré a uno suizos un día y probé hacer un vuelo en bi-plaza. Luego probé hacer otro y al final hice un curso. Desde esa época vuelo. Cuando vine a Argentina, había muy poca gente que practicaba el parapentismo, pero ya había competencias. Del ´94 al ´96 visité todas las provincias y con los pocos parapentistas que había hacíamos competencias.

El parapente nace en el año ´86 producto de los paracaídas comandados. La gente se empezó a tirar ya no de aviones sino de montañas y algunos ya ampliaban el tamaño de los paracaídas. Los paracaídas comandados cambiaron tanto que al día de hoy tenemos algo no tiene mucho que ver con esos había en esos inicios.

Todo esto que te cuento surge en una parte de los Alpes suizos que colinda con Francia. Allí hay montañas que tienen una inclinación que les permitía a los paracaídas despegar.

EM: ¿Te asentaste con tu escuela de parapente en La Calera por alguna causa en particular?

GL: En los 90s, yo buscaba una zona para poblar que estuviese cerca de la ciudad. Fuimos  a diferentes lugares pero no había nada que nos convenciese. Después me di cuenta que la zona de Calera era utilizada años atrás por los Alas Delta. Normalmente, vas a un lugar y el dueño te corre, en cambio, la zona de despegue de La Calera era  privada, pero como ya se había practicado deporte aéreo ahí, nos permitieron volar allí. Yo firmé una propuesta de una escuela de parapente con la municipalidad de La Calera, me la aceptaron y allí me instalé finalmente. Esto fue más o menos por el año ´93, ´94.

EM: Te interesó la idea de enseñar apenas volviste al país, entonces.

GL: Sí, porque nadie volaba y la gente me decía que quería aprender también. El contexto geográfico de Suiza siempre fue mucho más favorable para volar que el de Argentina, cabe decir. Acá tenemos ambientes más silvestres y montañas y sierras más bajas.

Sí, busqué otros lugares además de La Calera. Pero al final, éste era más cómodo en su momento. Las Altas Cumbres son una linda zona, pero implica mucho más viaje desde Córdoba Capital. Son centros de vuelo, pero no son lugares para aprender, porque para hacerlo necesitas una ladera. En La Calera hay laderas suaves y hay un plano inclinado por el cual es más fácil animarse. Haces un vuelo como un paso lunar, saltas de roca en roca y entendés, de manera tranquila, como funciona. Así ganas confianza tanto técnica, como psicológicamente. Sí tenes la técnica, después te tenes que animar, entonces es importante trabajar la cabeza.

EM: ¿Hay referentes de este deporte a nivel nacional?

GL: Sí, incluso hay referentes y campeones que se han formado en mi escuela. Sacamos bicampeones nacionales, campeones argentinos. Uno de ellos es Alberto García, bicampeón nacional; después hay otro de Cruz del Eje, después está Marcelo Suárez de Carlos Paz que salió campeón argentino. También están Horacio Bisani, que es un gran piloto, Julián Cisterna que fue a Europa y fue uno de los pocos que pudo salir de la base del Mont Blanc, que es la montaña más alta de Europa y aterrizar en la cumbre de la misma a 4800 metros de altura.

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El parapentismo

EM: ¿Qué lugares son aptos o no para volar en parapente?

GL: El parapente  despega de todos los lugares en donde se pueda sostener con  viento de enfrente. Obviamente tiene que haber una pendiente. Todas las elevaciones que tenemos en Sierras Chicas tienen potencial de vuelo. El tema es que el parapente es de nailón y tiene muchos hilos de enganche y si tienes una zona con mucha vegetación corres el riesgo que se enrede, se rompa y que el parapente no se infle y te golpees al final. La zona de despegue tiene que estar limpia, no llega de espinas.

Donde despego yo habitualmente, se limpió la vegetación ya hace muchos años y la gente va y abre su parapente. Aún así siempre hay que estar limpiándolo porque crecen espinas y hay que evitar el riesgo.

EM: ¿Una forma de tener un primer contacto con el parapente sería el biplaza?

GL: Sí, biplaza o tándem. Es un parapente más grande, con dos sillas. Allí se puede conocer la sensación de volar como si fuese en un taxi. Sin embargo, los dos que vuelan necesitan colaborar, porque el que va adelante tiene que correr para que el de atrás no se lo lleve puesto.

EM: ¿Qué otras escuelas de parapente hay en Córdoba?

GL:  En La Cumbre están unos chicos que dan clases. Después de eso, solo hay escuelas en otras provincias.

EM: ¿Qué requisitos físicos se necesitan para volar?

GL: Mira, la pregunta me hace acordar a un alumno que yo tuve que me preguntó si podía aprender a volar. Por aquel entonces, él tenía 140 kilos y 54 años. El hizo el curso, aprendió y hoy, con 69 años, vuela todavía. El hacía unos pasos para preparar el vuelo y ya casi ni podía respirar, pero inclusive en ese estado aprendió a volar. Al final de cuentas, el parapente es estar sentado en una silla. Lo que sí necesitas al principio es practicar la corrida de despegue.

Hago las clases personalizadas. Generalmente, los alumnos más chicos hacen más pruebas que otros porque tienen más estado físico. El curso es personalizado en cuanto a este estado y al apartado psicológico. Hay momentos que mis alumnos están listos en la técnica, pero mentalmente no se animan. Yo creo que si no se animan es porque yo fallo también en cierta manera. Si ellos van por cuenta propia, pagan el curso, suben a la montaña, y cuando se les dice que pueden volar dicen que no quieren es una cosa rara. En ese caso, esa gente practica un poco más que los otros.

EM: ¿El parapente es un deporte extremo?

GL: No, para nada. Una vez tuve un alumno de 74 años que voló hasta los 81. No es para un deporte extremo. Tampoco es un deporte olímpico.

EM: ¿Cuáles serían  los  riesgos al  practicarlo?

GL: Distraerse, principalmente.  Ser muy agresivo o ansioso también es peligroso cuando quieres volar y las condiciones todavía no están dadas. La idea del curso es que te contemples en él y que te contenga a la vez. Han pasado más de 600 personas por el curso, en más de veintidós años. No todos están en actividad, porque muchos se casaron, tuvieron hijos o hacen otras cosas. En la actualidad,  más o menos debe haber unas 150 personas que practican parapente que salieron del curso. Tenemos un grupo de Whatsapp y, por supuesto, hay un tercer tiempo después de volar. Ese es el ambiente del club.

EM: ¿Qué se charla en ese tercer tiempo?

GL: Hablamos un poco de lo que se hizo ese día; los más jóvenes escuchan a los más grandes para aprender. Charlamos sobre si hubo problemas de transito en vuelo. Está bueno aclarar que hay leyes de vuelo, para que los parapentistas no se choquen entre sí.

EM: ¿Qué elementos hacen falta para volar en parapente?

GL: Un casco, una silla donde uno se  sienta, un paracaídas de emergencia por si uno se lleva  por delante a otro y una radio para conectarse con los otros miembros del grupo. No se habla mucho, solo lo necesario  e indispensable. Si uno aterriza en un lugar extraño, tiene que informar que está bien. La radio también sirve para la comunicación a la hora de elegir lugar de despegue. Esas cinco cosas que te nombré son las fundamentales, las que usa toda persona que se inicia en el parapente.

Al principio haces vuelos de seguridad, pero después querés hacer vuelos performantes, que no son sólo despegar y aterrizar sino también salir e irte a la base de una nube. Éstas son una burbúja de aire caliente que se condensa con la altura, entonces allí el parapente se mete adentro de esa burbuja, gira y llega a mil metros de altura. Allí hace frío y hay que ir equipado para soportarlo. Se necesitan anteojos en ese caso.

EM: ¿Qué tipo de competencias hay?

GL: Hay competencias de acrobacias, además  de las competencias de velocidad. Después están las de precisión, que implican aterrizar en un lugar determinado. Nosotros hicimos algunas competencias de este tipo en Córdoba. Siempre que hay ver de no subirse muy alto para no cruzarse con los aviones.

Para el que quiera informarse sobre parapente, lo mejor es ir a la escuela, ver como es el lugar, como es la sierra y a la gente practicando. Hay un simulador de vuelo, que es un aparato en donde te sientas en un arnés, quedas suspendido del piso y te manejas con unos comandos como si volaras. Se puede hacer una prueba de un día, antes de hacer el curso, para practicar un poco.

EM: ¿El curso de iniciación corresponde hasta que tus alumnos se animan a volar solos?

GL: Es un curso que se da hasta aprender a hacer los vuelos y se da una serie de diez vuelos, con los cuales termina la primera parte. Después, la segunda parte, que es un curso de perfeccionamiento, el que practica lo hace con su propio parapente  que se compras porque ya sabes que le gusta volar. El ala depende del peso del piloto y el nivel del mismo; generalmente, usan las de principiantes.

Los  tips de la Escuela Voler y el parapentismo provincial, en palabras de Lallana:

“El curso de iniciación sale 20. 000 pesos. Damos todo el material que necesitan, hasta que aprendes a volar solo. No tiene una duración determinada, sino que es elástico: respetamos el tiempo de aprendizaje de cada uno.”

“Yo vivo al lado de la escuela. Esta se abre todas las tardes y el que quiere ir, viene y practica sin ningún problema: toman el lugar como su nido. Practica hasta el día que le hace el click en la cabeza y pueden hacerlo solo.”

“No hace falta hacer vuelo biplaza al principio: se puede volar solo desde el principio. Lo mejor es ir y verlo por un mismo.”

“Siempre he hecho todo a pulmón, sin la ayuda económica de la Municipalidad de La Calera.”

“Si el parapente no crece, es por falta de inversión, además que no tenemos las mejores elevaciones naturales para practicarlo. Y además se le suma que es zona muy ventosa, no como en los Alpes, que es más estable”.

“Hay muchos pilotos de Sierras Chicas. Hay un viaje que sabemos hacer en vuelo desde La Calera hasta una chacra del Pan de Azúcar en Villa Allende.”

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Periódico El Milenio y la página web www.elmilenio.info son un Proyecto Comunicativo Escolar de la FUNDACION JOSEFINA VALLI DE RISSO, que gira con el nombre de fantasía Instituto Educativo Nuevo Milenio e Instituto Milenio Villa Allende.

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