Ríe Carazo

Con sus 30 años (que parecen menos), Rodrigo Carazo es uno de los músicos más prometedores de la escena cordobesa actual. Su disco, “Ríe río”, con su clara impronta afroamericana, fue concebido enteramente en Unquillo, pero hoy se transforma para dar luz a su anagrama inverso: “Oír e ir”. Y es que Carazo es un artista que no se conforma con lo dado y conocido, y que siempre, con su sonrisa inquieta, anda buscando nuevas fronteras musicales por conocer.

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“Yo elegí el camino de la transformación permanente. Nunca van disociados mi pensamiento y mi cotidianeidad de la música que voy haciendo”, comentó el cantautor Rodrigo Carazo.

Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Colaboración: Juan Agüero, Milagros Jerez (IENM). Agustina Sticca, Gerónimo Montanari (IMVA).

Rodrigo Carazo es una de esas personas que, en el fondo, nunca dejaron de ser niños. “Un entusiasta de cosas nuevas”, como se define a sí mismo este músico, compositor y cantautor experimental cuyos trabajos, como su persona, rezuman sencillez, alegría, curiosidad, creatividad, libertad, búsqueda y transmutación permanente.

Nacido en Córdoba en 1985, Rodrigo Carazo pasó su infancia y adolescencia en Río Grande (Tierra del Fuego), hasta que su vocación de músico lo trajo de vuelta a su provincia natal para estudiar en el Conservatorio Garzón. Después de unos cuantos años en el ruidoso tumulto de la ciudad, “el Chori”, como le dicen sus amigos, terminó en Cabana, como tantos otros artistas, donde grabó su primer disco “oficial”, “Ríe río”.

Hoy está viviendo nuevamente en la city cordobesa “por razones de fuerza mayor” pero desde allí viajó en su bicicleta hasta Unquillo para compartir sus comienzos artísticos y sus proyectos con El Milenio.

Desde latas

El de Rodrigo Carazo por la música, sin lugar a dudas fue un amor a primera vista (u oída). Sus padres cuentan que, ya desde bebé, se acercaba gateando a los parlantes o a cualquier cosa que sonara.

“Una vez agarré una lata de galletitas, le crucé unos elásticos e hice mi primer instrumento”, contó Carazo, que con seis años ya armaba sus propias baterías y le sacaba sonido a todo lo que encontraba a su paso.

A los nueve recibió la influencia que lo empujaría definitivamente por el camino de la música. “Yo vivía en Tierra del Fuego, con el encierro típico del sur, el fío y el viento. Un día llega un tío mío que venía viajando como mochilero desde Córdoba. Para mí este tipo, con su guitarra y el pelo largo, era como un enviado. Yo pensaba que él había venido caminando los tres mil kilómetros de hecho. Le pedí que me enseñara a tocar la guitarra y nunca más paré”, recordó Carazo con una sonrisa que siempre brota con facilidad.

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Sin embargo, el espíritu del niño curioso, inquieto y autodidacta que supo ser nunca lo abandonó y lo llevó desde los boleros y el pop melódico al estilo Diego Torres, a explorar géneros tan diversos como el folclore argentino, la música latinoamericana y afroamericana, la samba, el candombe, la cumbia colombiana, el funk, el jazz, el góspel, el blues, el soul y el afrobeat (un estilo que une la música africana con los instrumentos occidentales). Incluso en materia instrumental, Rodrigo Carazo no está lejos del hombre-orquesta: toca la guitarra, el bajo, la batería y el piano, entre otros tantos. Además canta y usa loops para generar sus propias bases.

A pesar de este espíritu de exploración y experimentación constante que lo impulsa, para Carazo, la canción es el lugar donde encuentra impronta personal.

“Es difícil quedarse en un estilo, y menos para mí que soy un entusiasta de cosas nuevas. Por eso cuando me preguntan qué música hago, yo digo: canciones. La canción como género en sí tiene posibilidades inmensas, porque dentro de la canción entra todo, desde el heavy metal hasta el funk o el tango. La canción es una ventana infinita“, aseguró el músico.

Música y juego

Para Carazo, la existencia y la libertad son los temas recurrentes de sus trabajos. “Hablo mucho de la conciencia, pero no la conciencia como elemento asociado al ‘deber ser’, sino como percepción del universo completo que me rodea, que empieza en mis pies y termina andá a saber dónde. Sería como una conciencia de la profundidad de la existencia. Además, pienso que hay mucha autodestrucción y que uno tiene en sus manos la decisión de elegir, por eso también se trata del uso de la libertad personal”, señaló el artista.

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Otro rasgo característico de Carazo son las letras simples pero cargadas de sentido y los juegos de palabras como “Ríe Río”, que leído al revés es “Oír e ir”, el nombre del nuevo disco que Carazo está terminando de editar por estos días.

“A mí me encanta jugar. En mi casa no se leía y tampoco se escuchaba demasiada música, entonces yo me acostumbré a, con pocos elementos, ser lo más creativo posible. Juego con los instrumentos buscando diferentes sonidos y con las letras pasa lo mismo. Hago como epigramas, la síntesis de un contenido profundo en unas pocas líneas, generalmente poéticas, irónicas o picarescas, con muchos juegos de palabras y repeticiones casi mántricas”, explicó.

El alma inquieta de Carazo no se detiene nunca. Pronto emprenderá una gira por Uruguay y Brasil con un “combo viajero” de artistas y una camioneta-estudio preparada para grabar y tocar donde se presente la oportunidad. “Me voy en búsqueda de nuevo: en busca de experiencias, de conocer otra cultura, de mostrar lo que hago y empaparme de otros folclores”, afirmó el artista.

Mientras tanto, recordó los años pasados en Unquillo y las puertas que se le abrieron gracias a la gente y al contacto con otros artistas como Raly Barrionuevo. “Estoy muy feliz con todo lo que ha pasado con mi música. Hace un tiempo me mandaron un video de una nena de cuatro años cantando ‘Ríe río’ en El Bolsón, o un mensaje que decía que en Los Alpes había un grupo de argentinos y uruguayos que escuchaban el disco. Para mí, eso vale mucho más que un hit, aunque un hit también estaría buenísimo”, bromeó Carazo.

“Yo sólo quiero que mi música florezca”, concluyó.

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