Voluntad biónica

Juan Ignacio Maggi es el nombre de un atleta fuera de serie. Con su bici de mano y su incansable pasión por superar sus límite maravilló a todos desde su Villa Allende natal hasta la cima del Himalaya.

“Yo disfruto el viaje todos los días, disfruto al contarlo y en ese disfrute puedo transmitirle cosas a la gente para poder movilizarlos y demostrarles que todo es posible”, declaró el atleta a El Milenio.

Por Ignacio Parisi | ignacioparisi@elmilenio.info

Azul Muñoz y Alina Asef. 6° IENM

Cuando Juan Ignacio Maggi tenía apenas un año de edad le diagnosticaron poliomielitis, una enfermedad infecciosa que afecta al sistema nervioso causando inflamación en la médula espinal, lo cual le impidió caminar. A partir de ahí empezó una adaptación para comenzar a ver la vida desde otro punto de vista.

Sin parar de luchar, Maggi encontró a la edad de 37años un nuevo desafío, la posibilidad de andar en una bicicleta de mano. Desde ese momento, la vida de este formidable atleta no se detuvo ni un solo momento. El nacido en Villa Allende ha cumplido el sueño de muchos, en los últimos trece años participando en multiples maratones y competencias, además de conseguir llegar al punto más alto de la Tierra, el Himalaya.

A los 50 años un hallazgo electrónico le brindó la posibilidad de poder pararse en sus piernas por primera vez. Dos años pasaron desde que este invento mejorase su calidad de vida, sin embargo el deportista no se olvida de las dos armas que lo mantuvieron siempre de pie ante la vida: sus manos y su inapelable fuerza de voluntad.

El Milenio: ¿Cuándo comienza a formar parte de su vida el deporte?

Juan Ignacio Maggi: Mi carrera deportiva comienza a los 37 años, cuando sufro un infarto y en ese momento tuve que tomar la desición de reinventarme de alguna manera. Junto a un ‘amigo de la vida’ que siempre se ha dedicado al deporte de manera profesional, nos propusimos entrenar todos los días en el patio de mi casa, pero teníamos la sensación de que no llegábamos a ningún lado.

Un día, él me propuso probar una bicicleta de mano que había visto en Estados Unidos y a partir de allí fue todo muy rápido. Al año siguiente nos encontrábamos corriendo la maratón de Nueva York con este nuevo artefacto; luego llegaron otras maratones como las de Barcelona y Roma, participé de carreras de aventura, crucé los Alpes Suizos, competí en los Juegos Olímpicos de Canadá y corrí un IronMan, que es la competencia más exigente que tiene el atletismo.

EM: ¿Cómo llegó el sistema de las piernas biónicas a tu vida?

JM: A los 50 años encontré una publicación en internet, porque siempre buscaba estas alternativas, teniendo la esperanza de que alguna vez saliera algun aparato electrónico nuevo. Cuando apareció esta foto hablé con la clínica de Estados Unidos, hicimos un proceso de pruebas y fui el primero en el mundo en utilizar este aparato. Lo que ha sumado en mi vida fue que pude aprender a caminar, me paré por primera vez en mis piernas.

EM: ¿Y creés que tu vida cambió desde ese día?

JM: A veces la gente cree que es lo más importante que me ha pasado en la vida y no. Es verdad que mejoró mi calidad de vida, y me ha permitido tener vivencias más allá de caminar, de ver la vida de pie, ver la vida desde otro punto de vista pero mi mayor logro viene con las manos, que es haber llegado al Himalaya mediante la bicicleta.

Todos los deportes que hago, los hago con las manos, basquet, tenis, etc. Y a pesar de que hace dos años que tengo las piernas biónicas sigo en proceso de aprendizaje, y el hecho de ser el primero hace que tenga que sufrir todas las fallas, porque soy como un ‘conejillo de indias’. De todas maneras, hace quince días que me han entregado unas nuevas y creemos que van a funcionar bien.

 

EM: ¿Cómo tomaste la decisión de querer llegar al Himalaya?

JM: Empezó en aquel momento sin saber del todo lo que estaba haciendo, pero con el objetivo de intentar representar esta lucha que vengo llevando a lo largo de mis 53 años y esta pasión por superarme.

EM: ¿De qué manera se dio la travesía?

JM: La travesía duró 12 días y la realicé mediante una bicicleta de mano parecida a la que había utilizado en las cruzadas anteriores.

EM: ¿Cuál fue la mayor complicación con la que te encontraste?

JM: Lo que creo que fue más complicado no fue en sí la bicicleta, sino la altura, todo se convierte en algo adverso. El vivir allá arriba no es sencillo, ya que yo nunca había tenido la experiencia de estar en la alta montaña.

EM: ¿Quiénes te acompañaron en esta cruzada?

JM: Desde Córdoba salimos cuatro personas: Marcos (mi asistente), más Dario y Juanjo que eran los encargados de tomar fotografías y filmar para poder realizar un documental que representa cuatro de las diez etapas del ascenso, el cual se presentará el 18 de noviembre en OSDE.

 

“A veces la gente cree que es lo más importante que me ha pasado en la vida y no. Es verdad que mejoró mi calidad de vida, y me ha permitido tener vivencias más allá de caminar, de ver la vida de pie, ver la vida desde otro punto de vista pero mi mayor logro viene con las manos, que es haber llegado al Himalaya mediante la bicicleta”.

 

EM: ¿Cómo fueron los encuentros con los nativos a medida que ibas ascendiendo?

JM: Fue completamente diferente a como me lo imaginaba, uno piensa que en un viaje por la India es uno el que va a sorprenderse ante la diversidad cultural, pero yo percibí que la sorpresa de ellos al verme fue mucho mayor, ¡era como un extraterrestre!

EM: Dijiste previamente que el viaje al Himalaya era como un cierre, ¿qué planes tenés para el futuro?

JM: Creo que hoy es momento de mostrar ésto y contar mi experiencia buscando la motivación de otros. Más allá de que haya tenido mucha exigencia física y haya estado contra esta adversidad, yo disfruto el viaje todos los días. Disfruto al contarlo y en ese disfrute puedo transmitirle cosas a la gente, para poder movilizarlos y demostrarles que todo es posible.

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