“Uno tiene toda una vida para seguir buscando, pero se hace muy corta”

Hace más de treinta años que el pintor Ricardo Mirolo reside en Unquillo, una ciudad que lo define como artista y no solo por su belleza paisajística sino también por su gente. Pero también sus viajes de formación y aprendizaje alrededor del mundo lo llevaron a una continua evolución que aún persiste.

“He hecho cosas invendibles, por ejemplo un cuadro sobre la muerte de Quiroga donde la protagonista era la sangre”, le confió Ricardo Mirolo a El Milenio.
“He hecho cosas invendibles, por ejemplo un cuadro sobre la muerte de Quiroga donde la protagonista era la sangre”, le confió Ricardo Mirolo a El Milenio.

Por Redacción El Milenio. Colaboración: Fidel Sánchez, Francisco Escudero, 4° IMVA; Matías Penfold, 4° IENM.

Ricardo Mirolo (57) es un artista plástico cuya expresión máxima gira en torno a la pintura y sus obras lo sumergen en una experiencia de continuo aprendizaje. Es así como el pintor se considera un aprendiz continuo, donde su evolución se refleja de cuadro a cuadro: “es por esto que una obra nunca se termina, siempre le falta algo”, explicó a El Milenio.

A su vez, quienes disfrutan sus pinturas concuerdan que son esas obras de arte en la que se quedarían mucho tiempo frente a ellas, porque lo que expresan no se puede descubrir con solo una mirada.

“No puedo pensar que he llegado, no he llegado a ningún lado porque tengo muchas cosas por hacer hasta que me vaya para el silencio”, agregó Mirolo.

A continuación una entrevista donde regala una porción de su vida a los lectores:

Periódico El Milenio: ¿Cuándo y cómo decidiste ser un artista?

Ricardo Mirolo: Por más que dibujo desde muy chico, recién comencé a pensarme como artista a los veinte años, es decir, que comencé a pintar “enserio”. No tuve una familia de artistas, pero siempre estuve rodeado de objetos de arte.

EM: ¿Qué fue lo que te inspiró?

RM: En realidad, tratar de soportar la existencia, ese fue el “leitmotiv” principal, y después salieron un montón de cosas más; pero es difícil la existencia porque no viene con un manual. Por lo que sigo aprendiendo todos los días y todo lo que hago lo realizo como si fuera la primera vez. En definitiva, uno tiene toda una vida para seguir buscando pero se hace muy corta.

EM: ¿Tuviste algún referente como guía en tus comienzos?

RM: Había muchos, pero siempre traté de buscar en mi interior más que algún referente externo. Aunque también influyeron los viajes que hice porque quería ir a ver a los grandes pintores italianos, holandeses y españoles, como por ejemplo Velásquez, que me llamó muchísimo la atención encontrarme con el cuadro de este artista: “Las Meninas”, ya que siempre lo había visto en las revistas y me pareció interesante, pero cuando lo vi en vivo y en directo no lo podía creer, ya que no era un cuadro en sí, sino que quien se acercaba formaba parte del espacio.

EM: ¿Cuáles fueron tus maestros casuales?

RM: Uno de ellos es Martín Santiago, que fue discípulo de Fernando Fader, pero a su vez era muy amigo mío, además de que había sido mi profesor de dibujo, pero de la escuela secundaria. Yo tenía 16 años y comencé a compartir muchas cosas con Martin pero no era el momento en cual yo tenía que incursionar en mi veta artística. Tiempo después lo pinté y a él le gustó mucho, me lo dijo antes de morir.

EM: ¿Se puede subsistir solo del arte?

RM: Nunca intenté hacer arte como forma de vida, porque en un principio nunca hice un cuadro para venderlo, pero cuando comencé a hacerlo circunstancialmente, me di cuenta que me había metido en un “berenjenal” importante. A pesar de haber pasado épocas muy difíciles y muy buenas, fui uno de los afortunados que queriendo o sin queriendo pude dedicarme de lleno a las artes plásticas.

EM: ¿Cuáles son tus preferencias a la hora de crear una pieza?

RM: Me encanta esculpir, y ahora dentro de la pintura voy a hacer algo completamente distinto; me produce un desafío y me encanta.

EM: ¿Cuál es tu marca personal?

RM: Si la tengo, pero no es fácil de definir porque es mi personalidad, por ejemplo la naturaleza quieta.

EM: ¿Y tú momento ideal para pintar?

RM: No tengo momentos perfectos, creo que cualquier momento está bien, pero si hay que elegir uno creo que cuando estoy en mi atelier mi inspiración es mayor reflejándose por ejemplo a través de un tono, un color, una forma de la pintura, un claro oscuro.

EM: ¿Cuál es tu técnica preferida?

RM: La tinta me encanta; he hecho pocas obras pero me gusta porque es una cosa que se hace en un momento y es muy espontanea. Ya que un cuadro con tinta a medida que lo vas pintando se seca rápido y tenés que hacerlo en una hoja especial para que te demore 10 minutos porque si a los 12 o 13 se te seca es imposible hacer el trazo.

EM: ¿Viajás para pintar?

RM: Sí, porque por una ley no se pueden sacar cuadros hechos en Argentina y ofrecerlos al exterior. Es así que cuando por ejemplo viajo a Italia, España, Suiza, me instalo en ese lugar durante tres meses para pintar, hacer exposiciones y vender.

EM: ¿Tuviste un periodo de poca creación?

RM: En esos momentos frustrantes hay que seguir trabajando para no poder perder la creatividad y la técnica, seguir insistiendo hasta que vuelva la inspiración que todos tenemos incorporada de una u otra forma. No se debe perder el pulso ni el sentido de lo que uno quiere hacer.

EM: ¿Qué papel juega Unquillo en tu vida artística?

RM: Unquillo es fundamental, durante los treinta años que he vivido acá me he empapado de esta ciudad. Entonces, lo que más anhelo es poder pintar el pueblo donde uno vive, esto tiene que formar parte de un pintor.

Por otro lado, el hecho de vivir en las sierras, un paisaje tan cambiante que no tiene la monotonía de la llanura ya tiene mucho que ver en los resultados finales. Aunque también es importante vivir en la llanura, apreciarlo y tomarlo de ahí. Pero en Unquillo encontré gente maravillosa que me han ayudado a vivir, grandes amigos que me han hecho pensar que la amistad es más importante que la pintura.

EM: ¿Cómo evolucionaste como artista?

RM: Se va dando solo por el aprendizaje y a través del tiempo, pero como en mi caso cada cuadro es una nueva experiencia, uno va aprendiendo cosas nuevas y las va reflejando en cada obra. Solo espero que esa evolución sea transmitida en cada uno.

Proyectos cercanos para Unquillo.

Ricardo Mirolo le confió a El Milenio que “entrando en la primavera voy a fundar una galería de arte en la ciudad, en un castillo muy reconocido de la zona, porque no me imagino creándola en otra ciudad, aunque me lo han ofrecido”.

EL MILENIO

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