Una vida en la música

Estadounidense de nacimiento, porteño de crianza y serrano por elección, Julio Cavoti es músico, compositor, productor y profesor. Aunque se define más como un curioso que como un rockstar, su vida estuvo atravesada por grandes figuras, desde Piazzolla hasta Charly García. Su historia, en esta nota.

Julio Cavoti

Por Lucía Argüello

Colaboradores: Fidel Sánchez, Matías Penfold y Francisco Escudero.

Algunos grandes músicos no aparecen en las portadas de las revistas ni llenan estadios, pero aun así han atravesado momentos vitales de la historia cultural argentina y han dejado su huella, de una u otra manera. Tal es el caso de Julio “Wisi” Cavoti, músico, compositor, productor y profesor nacido en Estados Unidos pero criado en Argentina, testigo clave de un pasado para muchos mejor y del surgimiento de un género que hizo historia: el rock nacional.

Y aunque el nombre de Julio Cavoti no tenga una entrada de Wikipedia, nadie puede negar que ha tenido una vida muy interesante con más de una historia que contar. Astor Piazzolla, Atahualpa Yupanqui, Pappo, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, Andrés Calamaro y Fabiana Cantilo son sólo algunos de los personajes que aparecen en las historias que Cavoti compartió con El Milenio.

Primeras influencias

El músico confiesa que en su infancia fue un niño muy curioso (un “bicho raro”), lo cual le valió el apodo de “Wisi” por wise (“sabio” en inglés) y que todo empezó gracias a la influencia de sus padres. Uno, un músico devenido en ingeniero aeronáutico fanático del jazz y del tango piazzolliano; la otra más inclinada hacia el ballet y la música clásica.

“Mi papá era un intelectual y siempre venía con alguna cosita de música. Una vez organizó un simposio de matemática o algo así y lo trajo a Astor Piazzolla. Cuando llegó por poco había que hacerle una reverencia”, bromea Cavoti.

“Ese día tuve la suerte de tenerlo a Piazzolla tocando en el piano de mi casa una obra inédita por la cual después fue muy cuestionado: Balada para un loco. Incluso había venido con Amelita Baltar. Cuando termina le pregunta a mi padre qué le había parecido y mi papá le dice ‘te van a crucificar'”, cuenta el músico (y efectivamente así fue, ya que la vieja guardia del tango recibió con abucheos esta nueva subversión de Piazzolla).

“Yo tenía 10 años y veía ese respeto que le tenía mi padre a un artista entonces pensé: ‘yo voy a ser músico’, a ver si mi papá me da pelota”, cuenta entre risas. “Después fue muy difícil despegarme de lo que me gustaba, de lo que yo sentía que era feliz haciendo. Una vez que conocés lo dulce difícilmente te tomes el café amargo”, concluye entre serio e irónico.

La cocina del rock

Pero Julio no fue el único que recibió la influencia parental ya que entre los 9 hijos de los Cavoti hubo varios músicos y muchos eran amigos de figuras como Luis Alberto Spinetta, Charly García y David Lebón. “Mi vieja me quería preservar todo eso pero era imposible si eran todos amigos de mis hermanos, por la edad que tenía fui como una mascota para todos esos rockeros”, se ríe Wisi y recuerda algunas andadas.

“Una vuelta nos invitaron a pasar un fin de semana en lo de Amalia Fortabat, en Olavarría. Así que fuimos mi papá, mi mamá y los cuatro más chicos. Pero mi mamá no se quiso quedar hasta el domingo y decidió volver el sábado a la tarde. Llegamos a Belgrano y como a dos cuadras de mi casa empezamos a oír un rock and roll tremendo. Entramos y estaba Charly García con todo Sui Generis tocando en el living de mi casa. Mi vieja automáticamente ‘¡¿Qué pasa acá?!’ Y mis hermanos le dicen ‘¡Mamá es Charly García!’, ‘¡Charly García las pelotas! ¡Se van ya mismo!’, les grita mi vieja. Cuando salen todos mi hermano les dice que no sabía cómo pedirles perdón y el Charly muerto de risa le contesta: ‘Pero no Gordo, ¡estuvo buenísimo!'”, cuenta Julio que tampoco puede contener las carcajadas.

“Yo vivía pegado a ellos, molestándolos, sobre todo a través de mi hermano Alejandro “el Golo”. Aprendí de verlos, de estar ahí. Y si faltaba alguno al ensayo, yo lo remplazaba. Fueron épocas muy lindas para mí, importantísimas”, comenta Cavoti con nostalgia.

El músico se hace

A pesar de no tener ningún disco solista, Cavoti tiene el mérito de haber descubierto, producido, reunido y trabajado en conjunto con algunos de los artistas más conocidos de los ‘80 en adelante. “Yo creo que el aporte más grande que hice a esa época fue haber unido a cierta cantidad de músicos entre ellos, como Andrés Calamaro y Fabiana Cantilo por ejemplo”, cuenta Cavoti. Sin embargo sus caminos se separaron un poco cuando Julio decide estudiar académicamente y emprender “su propia búsqueda”.

Así exploró diversos instrumentos y géneros, desde el tango hasta el folclore, pasando por la música clásica y el jazz, y recopiló otras historias, como la del maestro que un día se puso a componer usando el dibujo de un panal o la del fugaz encuentro con Atahualpa Yupanqui en un ascensor.

“Para mí el músico no nace, se hace. Podés tener talento pero si no lo trabajás, no sirve para nada, así como hay muchos músicos que no eran brillantes pero trabajaron tanto que llegaron muy lejos. La decadencia a la que asistimos en la música actual tiene que ver con una falta absoluta de formación. Cualquiera compra dos o tres aparatos tecnológicos y se cree músico”, reprocha Cavoti, aunque dice no perder las esperanzas de que aparezca algo bueno.

Hoy Cavoti ha encontrado en Sierras Chicas la paz y la libertad que ya no podía darle Buenos Aires y confiesa que sigue estudiando y que disfruta de la docencia como una nueva faceta de su carrera.

“Yo nunca aspiré a ser un rockstar, siempre fui un curioso y mi búsqueda continúa todos los días de mi vida. No me arrepiento de nada. Muchos músicos están en los escenarios pero tienen una vida desgraciada. Yo elegí estar acá con los pajaritos y las plantas y hacer lo que me manda el corazón”, sostiene el músico.

Julio Cavoti

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