Por: Santino Cup y Renzo Citto 4° IENM – Julia Posada, Emma Pereyra y Nicolle Arias 4° IMVA
Oriunda de Mendoza, se radicó en Córdoba desde sus años de estudiante universitaria y, a lo largo de su trayectoria se consolidó como referente del periodismo feminista y de derechos humanos.
Hoy, a sus 57 años, integra la Red PAR (Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación No Sexista) y dirige Católicas por el Derecho a Decidir Argentina, una organización de la sociedad civil desde donde continúa trabajando por la ampliación de derechos.
Su recorrido profesional comenzó casi de casualidad, cuando una charla sobre comunicación comunitaria durante sus años de estudiante le mostró otra forma de entender el periodismo.
“Antes de estudiar comunicación, comencé la carrera de Arquitectura mientras trabajaba. Hubo un momento que fue como una iluminación, un día cuando pasé a saludar a una amiga que estaba en la facultad, que en ese momento era la Escuela de Comunicación”, rememora.
Y sigue: “Había una charla de Marita Mata, ella contaba su experiencia como comunicadora con pueblos de Perú y su trabajo con radios comunitarias de Bolivia, Perú. Entendí ahí que la radio era la voz de gente que no era escuchada. Cuando escuché eso dije: ‘Esto es lo que yo quiero hacer’”.
Desde entonces transitó radios barriales, medios gráficos y audiovisuales, espacios de formación y proyectos vinculados a la promoción de ciudadanía. No obstante, destaca la radio como su espacio predilecto y asevera que “es mágica”.
“Hay una cuestión de la voz y de la cercanía que no me ha pasado con otros medios -valora-. Me acuerdo de un programa que hacía, hace mucho, los sábados a la siesta. Una señora de un barrio muy humilde me dijo que lavaba los platos escuchando con un auricular; y para mí eso es la radio: una compañía, sentir que alguien te está hablando”.

El Milenio: En tu recorrido, ¿qué experiencias fueron construyendo tu mirada feminista y de derechos humanos?
Pate Palero: Las primeras experiencias en radios comunitarias fueron fundamentales. Como la de Villa Libertador, donde nadie cobraba sueldo, era todo comunitario y solidario. Yo veía que quienes más tiempo le dedicaban a ese trabajo eran las mujeres. Era más fácil organizarse con ellas, tenían más tiempo y había un gesto de colaboración con lo social y lo comunitario que me llamó la atención. Ahí empecé a preguntarme: ¿cuál es el lugar de las mujeres en los espacios públicos? ¿Quiénes toman las decisiones? Porque en la radio las decisiones las tomaban los varones, pero las que trabajaban eran las mujeres.
Por otro lado, siempre me gustó el fútbol y cuando quería opinar en el programa me decían: “Vos no”, “Vos quedás mal”. Eran otros tiempos y yo no podía entenderlo. Después, cuando fui mamá y tuve mi primer embarazo, empecé a entender mucho más el lugar de las mujeres por su condición de reproductoras y creo que ahí empecé, sin darme cuenta, a ser feminista.
EM: En el programa radial Me extraña araña trabajaste con infancias ¿Qué descubriste sobre la comunicación cuando pensaste a niños y niñas como audiencia?
PP: Yo creo que no se aprovecha esa maravilla que es hacer radio con niños y niñas. Cuando prendía el grabador y se los daba para que jugaran, hacían cosas increíbles: cantaban, inventaban, improvisaban, hacían voces locas. También era muy impresionante cuando escuchaban su voz al aire. No podían creerlo. Empezaban a mandar mensajes porque para ellos era mágico escucharse o que sus abuelos les dijeran: “Te escuché en la radio”.
EM: ¿Qué te dejaron las más de 200 entrevistas que hiciste en Mujeres que Mueven el Mundo?
PP: Me quedaron muchas experiencias y mucha historia desconocida. Argentina tiene un conjunto de leyes y derechos que no existen en otros lugares del mundo. Además, tenemos algo único: los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, que desde hace más de treinta años reúnen a mujeres de todo el país, organizándose con sus propios recursos. De esos encuentros salen discusiones, conclusiones y muchas veces propuestas de leyes. Nosotras decimos: “De las calles vamos al Congreso y del Congreso las leyes tienen que volver a las calles”.
EM: ¿Qué tienen los medios comunitarios que no tienen los grandes medios para abordar estos temas?
PP: Los medios de Sierras Chicas, especialmente, son muy activos y profesionales. Hay una cuestión de cercanía, de hablar del propio territorio, de las personas que una encuentra en el almacén, en la feria o andando en bicicleta. Esa cercanía y ese conocimiento cotidiano no lo tienen los medios grandes. Lo que puede contar un medio local sobre Unquillo o sobre su gente no es lo mismo que lo que puede contar un medio de alcance nacional.

EM: ¿Qué cambió en la cobertura de la violencia de género?
PP: Cuando empezamos con la Red PAR, uno de nuestros primeros objetivos fue que se dejara de nombrar a la violencia de género como “crímenes pasionales”. Para nosotras era una aberración, porque sabíamos que detrás había una violencia específica: la idea de que algunos varones sienten que las mujeres son de su propiedad. Fue una batalla cultural: explicar que no era pasión, era violencia. Hoy es raro que alguien hable de crimen pasional y eso es un avance.
Pero todavía hay una deuda pendiente: la mirada morbosa, esa búsqueda de detalles para generar clics. Esa construcción sigue siendo una tentación para muchos medios.
EM: Actualmente dirigís Católicas por el Derecho a Decidir Argentina ¿Cómo se articula esa tarea con tu recorrido periodístico?
PP: Mi tarea es representar, comunicar, contar sobre lo que hacemos. Buscamos hablar con quienes piensan igual y también con quienes piensan distinto, para ver qué acuerdos podemos construir. Es una tarea de comunicación, aunque no tan vinculada al periodismo que tanto extraño.
EM: En un contexto donde las agendas feministas y de derechos humanos vuelven a ser cuestionadas, ¿cuáles son los desafíos para quienes comunican estos temas?
PP: El feminismo avanzó mucho y muy rápido. Lo que pasó con Ni Una Menos o Me Too hizo fue clave y, por supuesto, hubo personas a las que eso les incomodó. También creo que tenemos que hacer autocrítica. Hubo feminismos muy punitivos, muy orientados a cancelar, y eso también generó rechazos. Yo creo mucho en el diálogo.
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