5 abril, 2026

El Milenio

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Más chicos, mismo ADN: el rugby cordobés en evolución

Por: Santino Rossetto y Benjamin Insausti (IMVA).


Christian “Oreja” Ohanian, entrenador de rugby hace más de 10 años, entrena a jóvenes promesas en el Tala Rugby Club y durante todo este tiempo vio crecer y profesionalizarse el deporte en la provincia. “El rugby en Córdoba es mezquino”, manifestó sin un atisbo de duda.

Según su consideración, a diferencia de lo que ocurre en otras regiones como Buenos Aires o Rosario, donde el estilo de juego tiende a ser más abierto y con mayor vértigo, la estructura histórica del rugby cordobés se ha centrado en la fortaleza y la dureza, lo que en ocasiones limita el dinamismo y el atractivo visual del encuentro.

Pese a ello, sigue sorprendiendo su crecimiento, que pasó de unos 60 chicos por división, a clubes que actualmente tienen entre 100 y 120 chicos por división.

No obstante, consideró que pese a que el rugby sigue siendo un deporte muy duro y competitivo, donde prevalece la fricción y el contacto físico constante, tiene valores y creencias que muy difícilmente puedan darse en otras disciplinas.

En este sentido, Ohanian destacó que el compañerismo, la solidaridad y el respeto tanto a rivales como al árbitro son innegociables en cada encuentro. “Es el espacio ideal para que se generen amistades y conexiones que ayudan a ‘alinear’ la vida en la adolescencia”, destacó.

De hecho, uno de los aspectos más importantes del rugby es “el tercer tiempo”, que tiene una gran importancia, ya que funciona como un espacio donde los valores del compañerismo y el respeto se consolidan luego de la competencia dentro de la cancha, compartiendo una comida y charlando con el rival.

“El tercer tiempo permite que, tras haber competido intensamente durante 70 u 80 minutos ‘tacleando y haciendo try’, los jugadores puedan compartir un momento de camaradería, pasando de rivales a amigos”, resumió el entrenador.

Lo primero es la educación

Foto gentileza.

Otro aspecto importante de este deporte es que enseña lo valioso de la disciplina para alcanzar objetivos a largo plazo. “Primero está el estudio y después el rugby”, es una frase que le repite constantemente a sus jugadores, explicándoles que ser constante en la escuela es una condición clave para tener el tiempo y el desempeño necesarios para la práctica deportiva.

Por otra parte, tampoco se cansa de repetir en cada encuentro que “para ser buen jugador hay que ser una buena persona”, indicando que, como entrenador, en la cancha siempre va a priorizar lo humano antes que el desarrollo de habilidades prácticas. 

Para eso es necesario el apoyo constante de las familias, ya que el rugby es un deporte sacrificado no sólo en lo emocional, sino porque no es un deporte barato (cuotas, ropa, botines). “Los clubes se convierten en lugares de reunión donde se forman grupos de padres y madres, promoviendo un ambiente sano”, manifestó con total seguridad.

Cuanto antes, mejor

Foto gentileza.

Finalmente, consultado sobre qué edad es la ideal para comenzar este deporte, sostuvo que desde los 6 o 7 años ya se puede empezar a practicarlo, debido a que permite comenzar a conocer el juego y familiarizarse con el contacto con el rival y con el compañero. Además, el rugby requiere de habilidades que llevan mucho tiempo aprender, como el ya mencionado tackle y las destrezas del ruck. “Cuanto antes se tenga relación con estas técnicas, mejor será el desempeño en categorías superiores”, dijo Ohanian.

También comentó que la adolescencia es “el momento bisagra” para el deportista, ya que en este punto “la responsabilidad y las ganas de aprender dependen completamente de los jóvenes jugadores”, y es una etapa que en muchos casos determina la presencia y el éxito en el deporte.


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